Japón se pasa el juego y entra de lleno en la carrera aérea: cruzaría el Pacífico en unas dos horas 


La Agencia Espacial Nacional de Japón realiza una prueba de motor hipersónico, que alcanzaría una velocidad de unos 6.100 kilómetros por hora.

Fuente: https://as.com

Raúl Izquierdo



El 26 de noviembre del año 2003 fue un día importante para la aviación. Ese día el Concorde, avión supersónico de fabricación franco-británica (British Aircraft Corporation y Aérospatiale), ponía fin a 27 años de vuelos comerciales. Su baja rentabilidad y un fatal accidente en el año 2000 fueron dos factores que precipitaron su caída.

Pero, desde entonces, varios han sido los proyectos para regresar a los vuelos comerciales supersónicos, aquellos capaces de alcanzar velocidades imposibles para otros aviones, reduciendo drásticamente la duración de los viajes transatlánticos. Alguno de estos casos con el X-59 de la NASA o el Overture de Boom Supersonic.

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Pero, ahora, emerge uno nuevo que ha sido desarrollado con más discreción. Sin ponerse plazos para su lanzamiento, sin promesas, la Agencia Espacial Nacional de Japón (JAXA, por sus siglas en inglés) ha llevado a cabo una prueba de motor hipersónico que supera cualquier otra tecnología presente en la industria aeroespacial. El lugar elegido, el Centro Espacial Kakuda de JAXA, en Miyagi. Allí, los expertos realizaron la primera prueba de combustión a Mach 5 del país, empleando para ello una aeronave experimental hipersónica.

Una cifra, Mach 5 (unos 6.100 kilómetros por hora), que supera con creces los objetivos marcados por Boom Supersonic (Mach 1,7; unos 3.900 kilómetros por hora), y que permitiría cruzar el Pacífico en apenas una hora y cuarenta y cinco minutos (un vuelo entre Tokio y Nueva York, separadas por casi 11.000 kilómetros). Mientras uno busca revivir los viajes pasados, otro intenta dar un paso más y alcanzar velocidades nunca vistas.

En qué consistió la prueba

Ahora bien, ¿qué se probó exactamente? Los ingenieros japoneses recrearon, en las instalaciones de prueba de motores estatorreactores de JAXA, un entorno de vuelo simulado a Mach 5 en una aeronave experimental compacta. El vehículo fue sometido a temperaturas próximas a los 1.000 grados en el fuselaje, un estrés térmico que podría destruir las estructuras de las actuales aeronaves.

Pero no fue solo eso. Además de encender el motor (impulsado por hidrógeno), se examinó el comportamiento general en condiciones hipersónicas, evaluando el aislamiento térmico, la distribución de la temperatura de los gases de escape o el funcionamiento de las superficies de control aerodinámico bajo temperaturas extremas.

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JAXA

Y, a tenor de los resultados, la prueba fue un éxito. El sistema de protección logró mantener la aeronave cerca de las temperaturas normales de funcionamiento, a pesar de las duras condiciones. Algo que es uno de los grandes desafíos de la ingeniería, puesto que las actuales aeronaves dependen de sistemas electrónicos de a bordo muy sensibles para el control del vuelo y el funcionamiento de los motores.

En la prueba, los ingenieros estudiaron también el impacto ambiental de los gases de escape del estatorreactor de hidrógeno. El objetivo, por tanto, no era solo alcanzar la velocidad establecida, sino también recopilar datos sobre la sostenibilidad de la propulsión hipersónica basada en hidrógeno.