Nadie llena el álbum del mundial solo


Cada cierto tiempo, el Mundial nos recuerda que hay pasiones capaces de unir a niños y adultos alrededor de una misma ilusión. Una de ellas es llenar el álbum. Al principio parece sencillo: comprar sobres, pegar figuritas y avanzar página por página. Pero la realidad es otra, pues se repiten algunas figuritas, otras faltan, unas son comunes y otras difíciles. Entonces surge lo más interesante del juego: el intercambio.

Llenar un álbum se parece mucho a construir una economía. Cada persona tiene algo que a otra le falta. Uno tiene repetida la figurita que otro busca hace semanas. Otro tiene tres que a uno le sirven. A veces el cambio es uno por uno. Otras veces son dos por una. En algunas ocasiones incluso alguien acepta menos porque valora más completar una selección. Como también existen situaciones en las que alguien ayuda porque entiende que todos persiguen el mismo objetivo.



Ese pequeño, o gran, mercado de figuritas funciona porque existen reglas simples: propiedad, confianza y libertad para decidir. Nadie está obligado a intercambiar. Cada acuerdo ocurre porque ambas partes creen que ganan algo. Ese es el corazón de la economía, la cooperación voluntaria y no la imposición.

Por supuesto que alguien podría intentar llenar el álbum solo. Puede comprar más sobres hasta encontrar todo lo que le falta, pero el costo sería mayor, tendría repetidas, gastaría más tiempo y dinero. Puede lograrlo, sí; pero no sería lo más eficiente. El intercambio existe para evitar ese desperdicio.

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Bolivia debería entender esta lección. Durante años hemos intentado completar nuestro álbum económico desde arriba, con controles, subsidios, restricciones, permisos, tipos de cambio artificiales y un Estado que pretende decidir qué figuritas valen y quién puede cambiarlas. El resultado está a la vista: escasez, filas, incertidumbre, mercado paralelo y una confianza dañada.

Cuando faltan dólares, combustible o productos, la gente no deja de necesitar. Busca alternativas, negocia y se adapta. No lo hace por capricho, sino porque tiene su propio álbum que completar: pagar salarios, importar insumos, producir, ahorrar o llegar a fin de mes. El problema aparece cuando el intercambio natural empieza a ser perseguido, restringido o castigado.

Hoy Bolivia vive una etapa de expectativas. El cambio de gobierno ha despertado esperanza en muchos sectores. Después de años de deterioro económico, es comprensible que la gente quiera creer que empieza una nueva página. Pero las expectativas son como las primeras figuritas del álbum: entusiasman, pero no completan la colección y si no vienen acompañadas de resultados concretos, se agotan rápido.

La confianza puede regresar, pero no por decreto. Regresa cuando hay señales claras como estabilidad, seguridad jurídica, apertura a la inversión, disciplina fiscal, respeto a la propiedad privada, cero bloqueos y reglas que no cambien según la conveniencia política. Un país no se ordena con discursos; se ordena cuando sus ciudadanos vuelven a creer en el Estado de Derecho, y tienen claro que producir e invertir tiene sentido.

Nadie llena el álbum solo. Tampoco un país sale solo de una crisis. Se necesita un Estado limitado, sí, pero uno que ponga reglas claras y no acapare todas las figuritas. Se necesita sector privado, trabajadores, emprendedores, regiones, inversión y ciudadanos dispuestos a intercambiar valor.

La economía boliviana no necesita más álbumes incompletos ni sobres comprados con plata ajena. Necesita recuperar algo básico, la confianza en que el intercambio libre, honesto y voluntario sigue siendo la forma más eficiente de acercarnos al país que queremos.

 

Sebastian Crespo Postigo, es Economista, MBA & Master en Dirección de Proyectos.