Otro sindicalismo para una nueva democracia


Emilio Martínez Cardona

Las posturas asumidas por la COB, tanto en los últimos días como en su precedente de cooptación por un régimen autoritario-híbrido de casi 20 años, confirman que no es el tipo de sindicalismo con el que se pueda construir una nueva etapa democrática en el país.



Esto debería abrir un debate, apuntando a que desde la sociedad civil se promueva un modelo sindical alternativo, compatible con la democracia liberal y la economía de mercado. Esa discusión puede sonar utópica inicialmente, pero el mundo ofrece ejemplos de otras formas de hacer sindicalismo y es cuestión de comenzar a potenciar nuevos liderazgos entre los trabajadores, que puedan conquistar espacios de decisión, no sin pugnas y grandes esfuerzos.

Adam Smith, padre del liberalismo económico, reconoció la desigualdad de poder negociador entre empleados y empleadores. Observó en su época que los dueños de fábricas se asociaban frecuentemente para bajar salarios, por lo que Smith consideraba justo que los trabajadores se unieran para equilibrar las cosas. De ahí que el liberalismo, aunque sea muy crítico hacia las corrientes sindicales que tienen un horizonte socialista, respete la libertad de asociación de los trabajadores.

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En el siglo XX, el sindicalismo cristiano, inspirado en la encíclica Rerum Novarum, promovió una opción democrática e independiente, procurando la movilidad social sin recurrir a la lucha de clases, proponiendo el diálogo y la colaboración para resolver los conflictos laborales.

En casos como el estadounidense, los sindicatos industriales, sin dejar de tener una tendencia partidista hacia el centroizquierda, desarrollaron un enfoque profesional, basando buena parte de su capacidad negociadora en el hecho de contar con los trabajadores más calificados.

Más recientemente, tenemos el impulso en el marco del sindicalismo nórdico del concepto de “flexiseguridad”, que combina la capacidad de las empresas para contratar y despedir trabajadores con facilidad, adaptándose rápidamente a los cambios del mercado, con mecanismos de capacitación y formación gratuita para los trabajadores, que les permitan reinsertarse en nuevas áreas laborales.

Esto último debería ser de particular interés para la experiencia boliviana, junto con el concepto de “colaboración productiva”, donde el sindicalismo contemporáneo se plantea como una fuerza equilibrada, que coopera en el proceso productivo y el desarrollo de la empresa, sin perder de vista la protección de los derechos de los trabajadores.

Históricamente, en la misma COB, a pesar de su tendencia muchas veces revolucionaria y radical, estuvo vigente el principio del “pluralismo ideológico”, por el cual debían respetarse las distintas corrientes dentro del sindicalismo. Principio que fue erosionado por la burocratización y subordinación al régimen del MAS, y que habría que rescatar, en el marco de la búsqueda de una mayor democracia sindical.