El ejercicio de la política en la Bolivia plurinacional ha dejado de ser privilegio de los doctores, empresarios, expertos o profesionales. A la vez la política no es solo para los políticos, porque nos define, nos confronta, nos hace debatir, nos convoca a todos los ciudadanos. De ahí que la política es parte del quehacer humano en todas sus dimensiones. El ciudadano piensa, reflexiona, opina, debate todos los días sobre la política y de quienes son parte de los juegos del poder.
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Joan Prats, pensador español, decía algo contundente: la política es demasiado importante como para dejárselo solo a los políticos. De ahí que a todos nos preocupa el devenir histórico y político de nuestro país. Y claro nos pronunciamos y aprovechamos cualquier espacio para ello: reuniones familiares, sociales, universidades, en el micro, en las oficinas, en los grupos de WhatsApp, hasta que alguien dice alto “no hablemos de política ni de religión que nos vamos a enfrentar”.
Transpiramos política a cada instante. Es tema obligado en cualquier evento en el que acudimos y los medios y las redes sociales nos bombardean de hechos y noticias del poder.
¿Por qué callarnos y analizar la actual situación que vive el país, la misma que no necesita acudir a las teorías políticas, ni consultar sendos tomos de los politólogos? ¿Acaso vamos a aceptar todo lo que grupos radicales violentos exigen al gobierno y este no asume el control? ¿Acaso el hacer política en Bolivia solo es para el que quiere ser alcalde, gobernador, presidente, diputado? ¿Qué implica ser ciudadano de la democracia? ¿Este ciudadano acaso no tiene hambre de poder, de libertades, de luchar por mejores condiciones de vida?
Precisamente somos ciudadanos de la democracia y como tales estamos convocados a ser activos, a participar, a no callarnos, a no escondernos ni echarnos en la hamaca, de ahí que hacemos uso de nuestros derechos a la libre expresión, a la opinión, a las denuncias, a ser sujetos de la política, si bien, no aspiramos a tener un cargo o especular sobre el marxismo, socialismo, capitalismo, neoliberalismo, o haciendo gala para citar a Popper, Marx, Gramsci, Savaleta, Luxemburgo, Marcuse y tantos otros teóricos de la filosofía y de la política, pero nos sentimos a gusto de no ser meros espectadores.
El politólogo y docente de la UAGRM, José Orlando Peralta, en su muro del Facebook, lanzó una apreciación altisonante: “En Santa Cruz han aparecido de un día para otro «analistas políticos» que opinan de todo y no dicen nada. Hablan desde un altar moral como si fueran lumbreras llegadas de occidente. No han pasado nunca una materia de ciencia política. Son los peores”.
Se olvida el profesional que todos somos animales políticos, ya lo dijo Aristóteles, hace siglos y que la política es el arte de gobernar para el bienestar colectivo, y quienes ejercen el poder, lo deben hacer de forma decente y responsable. Y todo esto tiene que ver con el diario vivir y las luchas permanentes de todos nosotros, seamos o no académicos, seamos o no politólogos, como para decirnos que no opinemos ni intentemos ser analistas políticos.
La política o su ejercicio va de la mano de la ciudadanía de la democracia. El politólogo Alain dijo: “Hemos de interesarnos por la política, si no lo hacemos, seremos cruelmente castigados”.
Le recuerdo al académico esta frase: “No somos simples criaturas sujetas a la Tierra”, que nos dijo la filósofa, Hannah Arendt. El trajín de tu vida no se reduce solo a despertarte cada día, lavarse, comer, ir a tu trabajo, regresar, pasear, ir de fiestas. Tiene otro sentido y otra ruta que puedes fortalecer y seguir con alegría.
Porque quienes somos parte de este Estado, hay que asumir que debemos llevar una vida de compromiso por la justicia, igualdad, la libertad por la democracia, que exige grandes sacrificios, pero te da a la vez grandes satisfacciones, recibiendo adhesiones, condenas, rechazos, pero con el pleno orgullo y el peso de tu conciencia de haber cumplido con una misión importante.
Ojo que hoy eres un ciudadano de la democracia, con derechos y deberes, pero tienes la responsabilidad no de cruzarte de brazos, ni mirar pasar las hormigas en el patio de tu caso o echado en tu hamaca contar las estrellas.
El país te reclama y tu conciencia te pedirá un ajuste de cuentas si no respondes a ese llamado y para enfrentar todos estos retos, pues no necesitas de un título de licenciado o doctorado para presentarte como politólogo o experto en pensar la política, porque ello no es privilegio ni exclusividad ni de los que aspiran al poder ni de los doctos.
El escritor británico, Robert Louis Stevenson, nos recordaba esto: “La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación”.
De ahí que hemos tenido en el mundo líderes sindicales, indígenas, sociales, exguerrilleros que sin tener su título bajo el brazo, llegaron a los más altos cargos de sus países.
Además, el boliviano no es aburrido ni amargado, ni indiferente. Está en permanente disyuntiva dialéctica, buscando espacios para ser tomado en cuenta.
Hace política, piensa en la política, opina sobre la política, analiza el quehacer político, se indigna de los políticos corruptos, se enoja por los bloqueos golpistas.
