Las protestas ingresan a una nueva etapa sin una solución concreta. Las pérdidas económicas ya se cuentan por cientos de millones de dólares, mientras el desabastecimiento, la inflación de alimentos y la presión sobre el aparato productivo nacional crecen.

Bolivia comenzó junio bajo el mismo escenario que marcó gran parte de mayo, con carreteras bloqueadas, ciudades aisladas, cadenas logísticas paralizadas y una economía cada vez más golpeada por un conflicto que ya se extiende por más de un mes y que mantiene a La Paz y El Alto como las regiones más afectadas del país.
Los bloqueos instalados por sectores movilizados derivaron en uno de los episodios de conflictividad más severos de los últimos años, con efectos directos en el abastecimiento de alimentos, combustibles, medicamentos e insumos para la producción. La situación provocó una creciente presión social sobre el Gobierno y abrió alertas en distintos sectores económicos y productivos debido al impacto acumulado. Las cifras reflejan la magnitud del daño.
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El gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, estimó que existen tres grandes pérdidas para Bolivia, ‘una peor que otra’. En lo económico, la Cámara Nacional de Exportadores reportó una caída de las exportaciones por más de 700 millones de dólares, lo que lleva a otro impacto económico en el agregado al sector productivo, comercial y de servicios que ya supera los 1.000 millones de dólares.
En La Paz, La Federación de Empresarios Privados de La Paz lamentó los más de 500 millones de dólares que perdió el departamento por los bloqueos de caminos. «Pedimos que se respete la democracia y que volvamos a trabajar; 30 días es demasiado, está afectando a todo el mercado, al ciudadano de a pie, no hay medicamentos, los empresarios pedimos respeto a la democracia», sostuvo el presidente de la federación, Rolando Kempff.

Por su parte, la Federación de Entidades Empresariales Privadas de Cochabamba (FEPC) estimó la afectación económica acumulada por los bloqueos en Bs 1.597,7 millones por 543 conflictos y protestas sociales, 32 días efectivos de bloqueo, una pérdida diaria estimada de Bs 85,4 millones y 41 puntos regionales de interrupción vial.
Según el analista económico Fernando Romero, “los bloqueos de carreteras, movilizaciones sectoriales y tensiones de gobernabilidad afectaron el normal funcionamiento de la producción, el comercio, el transporte y las exportaciones, generando pérdidas estimadas cercanas a los $us. 2.000 millones, equivalentes aproximadamente al 4% del PIB nacional”.
La situación afecta especialmente a La Paz y El Alto, dos ciudades cuya dinámica económica depende de manera directa de la circulación permanente de mercancías, alimentos, combustibles y materias primas provenientes de diferentes regiones del país. El Alto, considerado uno de los principales nodos logísticos y productivos del occidente boliviano, concentra actividades manufactureras, comerciales y de transporte que hoy operan bajo fuertes restricciones debido al cierre de rutas.
Mientras tanto, sectores gastronómicos, comerciales, gremiales y de transporte suspendieron sus actividades, redujeron operaciones y lamentaron los problemas para sostener el empleo por la falta de abastecimiento y la caída de ingresos. También hubo dificultades para garantizar corredores humanitarios destinados al ingreso de alimentos, medicamentos y combustible hacia el eje paceño.

El conflicto, además, mantiene en vilo al sistema productivo nacional. Industrias, exportadores y transportistas advierten que la interrupción prolongada de las rutas no solo genera pérdidas inmediatas, sino que compromete contratos, cadenas de suministro y la estabilidad de múltiples sectores económicos que dependen de la conectividad terrestre para operar.
A más de un mes del inicio de las movilizaciones, Bolivia ingresa a un segundo mes de bloqueos sin una salida definitiva a la crisis. En las calles persisten las protestas; en los mercados continúan los incrementos de precios; y en la economía crece la preocupación por los efectos de una paralización que mantiene cercadas a La Paz, El Alto y ahora Cochabamba, que amenaza con profundizar aún más el deterioro económico y social del país.