Ambos especialistas señalaron que la conectividad sigue siendo una barrera importante. El costo y la calidad del internet en Bolivia limitan la posibilidad de competir en mercados digitales internacionales.

Fuente: ANF
La imagen tradicional del trabajador boliviano empieza a cambiar. Cada vez más jóvenes ingresan al mercado laboral desde una computadora o un teléfono móvil, ofreciendo servicios para empresas y clientes ubicados en otros países. Programadores, diseñadores, repartidores, traductores, creadores de contenido y especialistas en tecnología forman parte de una nueva economía digital que crece en Bolivia, aunque todavía con escasa regulación y protección laboral.
Alejandro Arce, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), explicó que esta nueva generación está formada principalmente por jóvenes “nativos digitales”, con conocimientos previos en el manejo de herramientas tecnológicas. Señaló que el fenómeno no es reciente, sino que se fortaleció con la expansión del internet, el acceso a dispositivos y la reorganización de los procesos productivos después de la pandemia del COVID-19.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Según Arce, uno de los principales motores de este crecimiento es la crisis del mercado laboral tradicional. El empleo formal no genera suficientes oportunidades y la idea de que una formación académica garantiza movilidad social ascendente perdió fuerza entre las nuevas generaciones.
“Muchos jóvenes encuentran en el trabajo digital una alternativa frente a un mercado laboral estrecho”, explicó Arce a ANF. Además, destacó que la posibilidad de recibir ingresos en dólares o criptomonedas volvió atractiva esta modalidad en un contexto marcado por la inflación, la pérdida del poder adquisitivo y la dificultad para acceder a divisas.
Esta situación permitió que Bolivia se convierta en un mercado de externalización de servicios. Trabajadores que antes debían migrar ahora pueden prestar servicios para empresas extranjeras desde el país, sin necesidad de trasladarse físicamente.
Cristian León, director de la Fundación Internet Bolivia, sostuvo que el trabajo digital es un sector amplio y diverso que todavía no cuenta con una definición oficial ni estadísticas precisas. Dentro de este grupo conviven profesionales altamente especializados con trabajadores vinculados a la llamada “economía de pequeños encargos” o gig economy.
El sector incluye desarrolladores de software, diseñadores, traductores, especialistas en inteligencia artificial, creadores de contenido, traders de criptoactivos y trabajadores de plataformas digitales. Arce añadió que una parte importante corresponde a repartidores y conductores de aplicaciones como Pedidos Ya, Uber o Yango, además de trabajadores de atención al cliente para empresas internacionales.
También existen nichos profesionales, como la programación y el desarrollo tecnológico, donde Cochabamba se ha convertido en un punto relevante por la presencia de talento especializado.
Sin embargo, ambos expertos advirtieron que esta transformación tiene una doble cara: genera oportunidades económicas, pero también nuevas formas de precarización. Arce explicó que muchas empresas clasifican a estos trabajadores como “colaboradores” y no como empleados, evitando responsabilidades relacionadas con seguros de salud, aportes a jubilación o beneficios sociales.
Además, el control del trabajo suele estar determinado por algoritmos que establecen tiempos, productividad y condiciones de desempeño. En algunos casos, los ingresos dependen de la cantidad de tareas realizadas, lo que puede derivar en jornadas extensas.
León coincidió en que gran parte de estos trabajadores opera sin contratos formales, sin aguinaldo y sin seguridad social. Añadió que algunas empresas extranjeras recurren a trabajadores bolivianos porque representan menores costos laborales frente a contratar personal en sus propios países.
Otro desafío es la falta de condiciones para consolidar esta economía. Ambos especialistas señalaron que la conectividad sigue siendo una barrera importante. El costo y la calidad del internet en Bolivia limitan la posibilidad de competir en mercados digitales internacionales.
León también cuestionó la falta de actualización del sistema educativo. Mientras crece la demanda de conocimientos en programación, inteligencia artificial y análisis de datos, muchas universidades e institutos todavía no responden con rapidez a estas necesidades. Por ello, dijo, muchos jóvenes recurren al aprendizaje autónomo mediante plataformas gratuitas.
Para Arce, el Estado debe construir una regulación que proteja a los trabajadores digitales sin frenar la innovación ni alejar inversiones. Esto implica crear normas para nuevas formas de empleo y establecer seguridad jurídica para los pagos digitales.
/FC//smr
Fuente: ANF

