La ofensiva ucraniana con drones contra refinerías generó escasez en las gasolineras de todo el país. El presidente ruso admite el problema pero insiste en no ceder.
Fuente: Infobae
Mientras Ucrania bombardea, los rusos hacen fila. Las largas colas en las estaciones de servicio que hace apenas un mes eran una anécdota lejana se transformaron en una postal cotidiana en Moscú, a medida que la campaña de drones ucranianos contra refinerías y terminales petroleras empieza a golpear directamente la vida diaria de los ciudadanos rusos.
Un análisis de CNN firmado por Matthew Chance sostiene que, por primera vez en más de cuatro años de guerra, la realidad del conflicto se volvió imposible de ignorar para los rusos comunes. Según el reporte, Rusia llegó a interceptar 660 drones en una sola noche la semana pasada, repartidos en 12 regiones, uno de los mayores ataques ucranianos desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. Los blancos no son aleatorios: refinerías, terminales petroleras, buques y fábricas de armamento en lo profundo del territorio ruso, en una campaña diseñada para desangrar la economía de guerra del Kremlin.
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Filas que no se pueden esconder
Medios independientes vienen documentando largas filas de vehículos en las estaciones de servicio rusas, escenas que las autoridades preferirían mantener ocultas. En Crimea, la venta de combustible quedó suspendida y la península fue declarada en estado de emergencia.
Testimonios recogidos por Reuters en Moscú el lunes confirman el cuadro: los automovilistas debieron hacer filas de entre 20 minutos y una hora para cargar combustible. “La situación es mala. Hay colas por todos lados. Algunos lugares no tienen nafta en absoluto: podés pasar tres estaciones sin combustible. Después tenés que hacer cola. Podés esperar una hora, dos horas o 30 minutos, depende de la suerte”, relató la vecina de Moscú Maria. El taxista Marat, por su parte, contó que empezó a evitar viajes largos: “Trato de no aceptar viajes a la región de Moscú porque sé que no va a haber nafta para volver, o voy a tener que hacer cola de nuevo”.
El problema no se limita a la capital. En la región de Bryansk un video mostró filas de hasta 700 vehículos a la espera de combustible. En la región de Rostov del Don también se vieron largas colas en las gasolineras.
Putin reconoce el problema, pero no cede
El propio Putin admitió la escasez en una reunión de emergencia el fin de semana. “Son conscientes de que persisten los problemas para los conductores y para las empresas”, dijo el mandatario ante funcionarios. “Lamentablemente, también hay colas en las estaciones de servicio”, agregó. Según Reuters, pese a la escasez, los precios se mantuvieron prácticamente sin cambios en las grandes estaciones operadas por petroleras estatales, de acuerdo con la Asociación de Combustible de Moscú.
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Putin reveló además que se evalúa una prohibición total a las exportaciones de diésel —después de que su propio viceprimer ministro había descartado públicamente esa medida— y confirmó que un grupo de trabajo especial fue creado para atender la crisis.
Sin embargo, según el análisis de CNN, sería un error pensar que las dificultades actuales obligarán al Kremlin a ceder, al menos no pronto. Putin construyó durante décadas una imagen de líder intransigente, lo que vuelve muy difícil cualquier capitulación, retirada o incluso compromiso en Ucrania.
Entre el humor y el hartazgo
La crisis también encontró su costado viral. En redes sociales circula un video de una mujer rusa celebrando eufórica al encontrar una estación con combustible disponible, en contraste con el faltante generalizado. Y no faltan los memes: uno de los más compartidos muestra a Putin en una entrevista, pero en lugar de micrófonos frente a él aparecen surtidores de nafta, una ironía sobre cómo el desabastecimiento se convirtió en el verdadero protagonista de la coyuntura rusa.

El cuadro de escasez se profundizó este martes, cuando Ucrania lanzó una nueva oleada de drones contra Moscú y la región fronteriza de Belgorod. Según el Ministerio de Defensa ruso, las defensas antiaéreas interceptaron 419 aparatos durante la noche, en un ataque que dejó al menos dos muertos —entre ellos un bebé de seis meses en la región de Moscú— y que volvió a apuntar a infraestructura estratégica, como una planta de fabricación de drones y un centro de comunicaciones satelitales en la ciudad de Dubna.
