Un estudio de investigación-acción revela que la “epidemia de soledad” en la universidad es una catástrofe silenciosa. 8 de cada 10 estudiantes no tienen un apego seguro y casi un tercio no tiene a quién recurrir en una crisis

Fuente: El País.bo
“Que nadie se haya muerto todavía es solo cuestión de suerte. Los datos sugieren que esta es una catástrofe esperando pasar”. La frase no pertenece a un escritor de ficción, sino a las conclusiones del proyecto “Cuando la soledad duele”, una investigación de acción participativa realizada por estudiantes de la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS) en Tarija.
El estudio, aplicado a 113 estudiantes de segundo y tercer año de la carrera de Psicología en la gestión 2025, revela que uno de cada dos (50%) alumnos presenta depresión severa y que el 7% manifiesta abiertamente ideas suicidas, con frases como “creo que no vale la pena vivir”.
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Lo más alarmante es que estos estudiantes no están solos por casualidad: el 32% declaró no tener a nadie a quien recurrir en momentos de crisis personal. Y entre quienes tienen pensamientos suicidas, la totalidad carece de cualquier red de apoyo emocional.
Epidemia de soledad
La investigación distingue entre la soledad que se vive en el colegio —asociada a bullying o problemas familiares— y la que aparece en la universidad, a la que califica como “estructural”. Esta última tiene que ver con el anonimato, la competencia académica, la inestabilidad de los compañeros semestre tras semestre y, en muchos casos, la migración forzada.
El 25% de los encuestados vive lejos de su familia, muchos de ellos pasan meses sin ver a sus padres. Este desarraigo, combinado con la falta de espacios genuinos de socialización dentro de la facultad, genera lo que los investigadores denominan una “crisis de soledad” equiparable al tabaquismo o la obesidad como factor de muerte prematura, según estándares internacionales.
Vínculos rotos: el 84% no tiene un apego seguro
Uno de los hallazgos más profundos del estudio tiene que ver con los estilos de apego, es decir, la capacidad de establecer relaciones afectivas sanas. Solo el 16% de los estudiantes presenta un apego seguro. El resto se distribuye entre apegos evitativos (rechazo a la intimidad), ansiosos (miedo constante al abandono) y temeroso-evitadores, considerados los más graves porque combinan el deseo de cercanía con el terror a ella.
Además, tres de cada cuatro estudiantes admiten que no comparten sus asuntos personales con su grupo de amigos. El silencio emocional es la norma, no la excepción.
El perfil del estudiante en riesgo
El estudio cruzó datos de depresión, neuroticismo (inestabilidad emocional) y soledad. Las correlaciones son preocupantes: El 86% de los estudiantes con pensamientos suicidas tiene depresión severa; el 80% de los que sufren depresión severa presenta altos niveles de neuroticismo; el 45% de los estudiantes con depresión severa no tenía antecedentes clínicos previos, lo que significa que la propia experiencia universitaria desencadenó el trastorno.
“El sentimiento de soledad es el predictor universal del sufrimiento emocional extremo”, enfatiza el informe.
¿Qué hacer? Un plan de acción urgente
Ante estos resultados, los propios estudiantes investigadores —en el marco de las materias de Psicología Social, Psicología de Grupos y Métodos Cualitativos— diseñaron una propuesta de intervención que será ejecutada en el segundo semestre de 2025.
Las medidas incluyen: Creación de espacios de encuentro y socialización dentro de la carrera.
Implementación de un sistema de tutorías entre pares para contención emocional.
Talleres obligatorios de habilidades interpersonales: comunicación asertiva, manejo de emociones y resolución de conflictos.
Derivación inmediata al laboratorio de psicoterapia de la facultad para los 56 casos de depresión severa.
Además, los investigadores recomiendan que la Federación Docente aplique este tipo de estudios a sus propios alumnos y que la universidad publique los resultados en su revista científica.
Una frase que retumba
“Al ser una carrera enfocada en la formación de profesionales de la salud mental, debería garantizar que la experiencia universitaria sea beneficiosa emocionalmente, y no solo académicamente”, sentencia el documento.
La soledad, alguna vez asociada a ancianos o migrantes, hoy golpea con fuerza en los pasillos de la universidad. Y esta vez, duele en silencio.
— Con información del proyecto “Cuando la soledad duele” (UAJMS, 2025).
Fuente: El País.bo