Los futbolistas belgas celebraron el cuarto gol de la tarde con una coreografía que popularizó el presidente de EE. UU.
Fuente: https://tn.com.ar
El Mundial 2026 sumó su primer gran capítulo de tensión geopolítica. En un partido que ya venía “calentado” desde los despachos, Bélgica borró de la cancha a Estados Unidos con un categórico 4-1 en los octavos de final. Pero la verdadera polémica estalló en el tiempo de descuento, cuando los europeos decidieron humillar al dueño de casa toqueteando el orgullo de su máximo líder político.
Inmediatamente después de que Romelu Lukaku sellara la goleada en el cierre del partido, el plantel belga ejecutó una coreografía perfectamente calculada. No fue un festejo más: los futbolistas se tomaron de los brazos, armaron un círculo y comenzaron a replicar de forma idéntica el icónico e histriónico baile de Donald Trump, moviendo los puños al ritmo de una música invisible.
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La imagen, que se viralizó en cuestión de segundos, fue tomada por medios como New York Post como una dedicatoria explícita para el palco presidencial y para todo el público norteamericano.
El “Trump Dance” (los brazos semiflexionados y el balanceo de cadera) se convirtió en un símbolo de las campañas del mandatario y es frecuentemente utilizado por sus seguidores en eventos masivos. Que una selección extranjera lo use para festejar una eliminación en suelo estadounidense es considerado una provocación inédita.

La trastienda de la furia belga: la incidencia de la Casa Blanca
Para entender la magnitud de la burla hay que rebobinar la cinta unas horas atrás. El clima venía espeso. La selección de Estados Unidos arrastraba la baja de su delantero estrella, Folarin Balogun, expulsado con roja directa en los dieciseisavos de final. Sin embargo, en una movida inédita que despertó suspicacias en toda Europa, el propio Donald Trump intervino públicamente ante la FIFA para que le levantaran la sanción.
La presión funcionó: un comité express de la FIFA le perdonó la vida a Balogun y lo habilitó para jugar este lunes contra Bélgica. En el vestuario belga la indignación era total; consideraban que la Casa Blanca había metido la mano en el escritorio para torcer las reglas del torneo.
El propio Trump intentó bajarle el tono a la polémica pocas horas antes del partido, lavándose las manos con su estilo habitual: “Yo no le dije a Gianni (Infantino, presidente de la FIFA) lo que tenía que hacer. Creo que fue un comité el que tomó la decisión correcta, porque no fue falta y uno quiere ver un partido con los mejores jugadores”, declaró.
