¡Jubilados de Bolivia unios y despierten…!


Hernán Cabrera M.

 

Llegar a la altura de los sesenta años es cuando uno siente mas picante o mas dulce el sabor de la vida, del diario vivir, que ha transcurrido intensamente, sin darnos cuenta de los minutos, las horas, los días que hemos sido partícipes. No hay modo de vivir para atrás. Kierkegaard nos pedía siempre “vivir para adelante”.

Durante toda nuestra existencia activa  laboral que uno es capaz de afrontarla, ya sea en lo técnico o en lo profesional, se nos impone un mecanismo de aporte obligatorio, pero que sale de nuestros sueldos que percibimos mensualmente. Durante más de 20 a 30 años cada uno de los que hemos trabajado en empresas privadas, públicas, medianas empresas o siendo emprendedores han dejado para su libre disposición del Estado sus aportes que han variado desde los Bs 400 a 3.000, dependiendo de la escala salarial determinada.



Eso lo hicimos con la convicción de que cuando nos llegue la hora de la jubilación, el día quizás más esperado, deseado o resistido, nos ilusionamos porque nos apegamos al mandato de la Constitución Política que nos garantiza a todos los jubilados una vejez digna, feliz y con una pensión acorde a las necesidades del momento.

Así llegamos hasta esa hora de la jubilación. Pero cuando se hacen los trámites, se averigua los montos que hemos aportado y lo que nos corresponde sentimos un soberano sopapo y una patada bien dada en el trasero, bajo una sonrisa de la secretaria de las ex AFP, ahora Gestora Pública: su pensión de jubilación es de Bs. 2.800, si lo quiere o lo deja y vuélvase con todos los documentos requeridos.

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Ahí terminan las ilusiones que fueron atadas a la Constitución Política y a las promesas de tantos políticos y candidatos que garantizaban una pensión de jubilación, quizás no igual a los militares que perciben el 100 por ciento de sus sueldos, o sea, ya en su jubilación a los miembros de este sector le desembolsan entre Bs 8.000 a 20.000. Claro tienen las comodidades aseguradas, mientras millones de jubilados perciben una pensión miserable, vergonzosa e injusta.

El sistema de jubilación en Bolivia es uno de los más grandes engaños que hemos sufrido la clase trabajadora y profesional. Lo hizo el neoliberalismo que abrió las puertas a las transnacionales para el manejo de nuestros propios recursos, apropiándose de enormes ganancias económicas, hasta que llegó el autollamado socialismo que nos prometió el paraíso y que estas rentas iban a ser mejoradas. Pero igual nos engañaron los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce que siguieron manteniendo los privilegios de los militares y para los millones de jubilados un golpe a sus magras economías. A nombre del pueblo se fueron contra el pueblo mismo.

Llegar a la jubilación para muchos es un paso que no se quiere asumir. Prueba de ello son las miles de personas con más de 65 años que siguen trabajando en el sistema de salud, universitario, magisterio y empresas privada resistiéndose dar paso a los más jóvenes. Tienen dos miedos: no ser parte ya de la rutina diaria de levantarse, marcar tarjeta y tener una jornada activa, sentirse útil; y el otro es el horror de percibir mucho menos de lo que ganaba cada mes. Son dos leviatán que los tiene enfrente. Si es así, es mejor aguantar hasta donde se pueda, pero no bajar de nivel de vida ni atravesar hambrunas o vender chinchulines en viejos.

Mi amable lector no es nada raro que usted observe todos los días en las calles, en los mercados personas adultas mayores con algún negocio propio, que lo hace como alternativa de sobrevivencia urgente.

Silvia Munee, experta en jubilación, desde Buenos Aires nos plantea que no debemos ver a la la jubilación como un final, sino como una etapa larga. “Si tienes 60 años, puedes tener 20 por delante. Eso no es un epílogo. Eso es una vida entera. Si te anticipas, no llegas con incertidumbre. Llegas con proyecto”.

Se reabre el debate que llevan adelante organizaciones de jubilados o aportantes en las ciudades de Bolivia sobre un pedido claro: la devolución de los aportes que durante tantos años hicimos para garantizarnos una vejez digna, alegre y sin sufrimientos o un proyecto de ley que se viene discutiendo, que entre otras cosas, plantea disminuir los cálculos de años de vida que le queda a un jubilado.

Ahora los jubilados están obligados a existir hasta los 100 o 120 años para acabar con todo lo que aportaron, por ello, sus pensiones son miserables. Se plantea hacer los cálculos hasta los 80 años, como esperanza de vida que tiene la mayoría de la población boliviana. Ojo que cada vez son mas los jubilados y las personas ancianas, en Bolivia va en aumento permanente.

Mientras esperamos milagros o la voluntad del gobierno de Rodrigo Paz de mirarnos con otros ojos, vamos a recordarles a los del poder y a esos que levantan la mano en la llamada Asamblea Legislativa Plurinacional, que ellos llegarán también a tener 60,70 años y no se alegren de vivir el presente con su jugoso salario parlamentario y otros privilegios. Eso se les acabará.

“Es bueno que la gente viva más y sufra menos que en otros tiempos a causa de la pobreza y la enfermedad, pero si no gozan de sus vidas no habrán ganado gran cosa. Al proporcionar a la gente mas años de los que puedan disfrutar, las prácticas que han ayudado a resolver un problema han agravado otro”, reflexiona el psicólogo y filósofo social B.F. Skinner en su libro Disfrutar de la vejez.

Hace 178 años un grito se escuchó en el mundo: Proletarios del  mundo uníos. Pues hay que gritarlo fuerte ahora en Bolivia: Jubilados de Bolivia uníos para luchar por el corto futuro que nos queda.

Hernán Cabrera M.