
Mientras se investigan denuncias sobre presuntos reclutamientos de bolivianos para participar en la guerra entre Rusia y Ucrania, un sargento boliviano que combate en primera línea relata su experiencia y lanza una advertencia: «Antes de aceptar, investiguen absolutamente todo».
Las denuncias sobre presuntos reclutamientos de ciudadanos bolivianos para participar en la guerra entre Rusia y Ucrania han generado preocupación y, abierto interrogantes que deberán ser esclarecidas por las autoridades competentes. En ese contexto, un boliviano que actualmente combate en Ucrania decidió hacer pública su experiencia con un único propósito: advertir a sus compatriotas sobre una realidad que, según afirma, solo puede comprenderse cuando se vive en el campo de batalla.
Se trata del ciudadano boliviano Luis Herbas, con quien he contactado vía WhatsApp. Al otro lado de la línea —bastante sereno y seguro de sí mismo—, me cuenta que se encuentra gozando de unas vacaciones cerca de Polonia. Luis tiene una hija y a su madre como inspiración.
Residente en España aproximadamente desde hace dos décadas, no cuenta con la nacionalidad española, pero sí con un permiso de residencia de larga duración. Asegura haber llegado a Ucrania el 1 de marzo de 2025 y formar parte de las Fuerzas Armadas de Ucrania como boliviano, con el paso de los meses lo ascendieron a Sargento Junior y, nombrado médico de combate. Un sargento junio (o sargento menor) es un rango que corresponde a la escala de suboficiales (equivalente al código OTAN OE-3)
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Se sitúa jerárquicamente por encima del soldado raso y del soldado senior, pero por debajo del sargento completo. Con relación a las funciones de médico de combate, estas funciones las ejerce el personal militar voluntario especializado que brinda atención médica de emergencia y soporte vital en la línea del frente. Su misión es estabilizar a los soldados heridos bajo fuego enemigo ye intentar lograr su supervivencia durante la evacuación hacia los hospitales. Luis Herbas nunca estudió medicina, no cuenta con el título profesional, pero por las habilidades obtenidas cuando conformaba parte del SAR en Bolivia (Servicio de Salvamento y Rescate), puso sus conocimientos en práctica para atender a sus compañeros heridos en primeros auxilios y preparar su evacuación. Afirma ya haber estado al frente del conflicto bélico, en primera línea.
Dependiendo de la situación permanecen entre 15, 20 o 30 días, aseguran su salida luego de esperar su relevo y se trasladan a lo que llaman «casas seguras».
Enfatiza que todo lo que relata proviene exclusivamente de su experiencia personal. Escribió algo de su experiencia en alguna red social intentando esclarecer las dudas que existen con casos de otros bolivianos que estarían desparecidos en Rusia. Nos cuenta que la realidad en Ucrania es diferente, por lo menos en su caso y en el de otros latinoamericanos, puesto que todos cuentan con un contrato, saben para qué los contrataron y reciben su salario puntualmente. Al preguntarle cuántos bolivianos están allá, nos dice que hace poco se enteró del alistamiento de otro compatriota, no sabe más.
Está consciente de que, entre las cláusulas de su contrato, se establece claramente lo que procede en caso de ser dado de baja en cumplimiento del servicio. Su familia también asumió esa realidad, incluyendo su actual pareja.
Desde el inicio de su meditado mensaje establece una diferencia que considera fundamental: «Nadie me reclutó. Nadie me engañó. Nadie me prometió un trabajo diferente», afirma.
Según explica, organizó personalmente su viaje, asumió todos los gastos para llegar a Ucrania, investigó previamente las condiciones existentes y habló con personas que ya se encontraban en ese país antes de tomar la decisión de incorporarse al conflicto armado. Con absoluto convencimiento, relata que los trámites iniciales en Ucrania demoran aproximadamente 90 días, hasta lograr la aprobación de ingreso, pasando, entre otras instancias, por Inteligencia y el SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania).
Desmitifica el rumor de que a los extranjeros se les otorga inmediatamente la nacionalidad. Herbas tiene su permiso de trabajo, de acuerdo a su contrato. En caso de autorevocar su decisión para retornar a España, deberá dar aviso previo, para que todo se realice conforme a contrato y conformidad por ambas partes; en tal caso, dispondría de seis meses para residir legalmente en el país antes de abandonarlo. Existe también la posibilidad de que pueda tramitar otro permiso de residencia temporal en otro rubro, en caso de decidirlo.
Precisamente por ello considera que existe una diferencia sustancial entre decidir voluntariamente participar en una guerra y terminar involucrado creyendo que se realizaría un trabajo completamente distinto.
Sobre los casos de bolivianos difundidos recientemente por diversos medios de comunicación, Herbas evita emitir conclusiones.
Aclara que no conoce personalmente a esas personas ni puede afirmar qué ocurrió en cada caso. «Eso deberá establecerlo la investigación», señala.
Sin embargo, añade que, si las investigaciones demostraran que, si hubo personas engañadas para terminar en una zona de guerra, ello constituiría una situación profundamente injusta.
«La guerra no es una aventura»
El núcleo de su testimonio es una advertencia directa para quienes pudieran sentirse atraídos por ofertas relacionadas con el conflicto.
«No crean que una guerra es un trabajo cualquiera.»
Con esa frase introduce una descripción de la realidad que, según afirma, vive diariamente.
«La guerra no es una aventura. No es un videojuego. Y tampoco es una forma fácil de ganar dinero.»
Explica que la guerra significa miedo permanente, bombardeos, compañeros heridos, compañeros muertos, agotamiento físico y mental constante y la posibilidad real de no volver jamás a casa.
Lejos de presentar una visión idealizada del conflicto, también sostiene haber presenciado errores, desorganización y situaciones de corrupción.
Aclara que esas afirmaciones no se basan en publicaciones de internet ni en rumores, sino en hechos que, según su testimonio, ha vivido personalmente.
«No pretendo que mis palabras se interpreten como un acto político ni para defender o atacar a ningún país», expresa.
Insiste en que su único objetivo es advertir a otros bolivianos para que tomen decisiones plenamente informadas, que busquen ayuda e información en sitios serios y oficiales. Por ello recomienda investigar absolutamente todos los detalles antes de aceptar cualquier oferta relacionada con la guerra, no dejarse convencer únicamente por promesas económicas, consultar con personas que conozcan realmente esa realidad y comprender exactamente cuál será el destino y las condiciones del trabajo ofrecido.
Concluye recordando que una guerra puede cambiar para siempre la vida de cualquier persona y exhorta a reflexionar profundamente antes de asumir un compromiso de esa naturaleza. ”Mis palabras no pretenden convencer a nadie de venir ni de no venir, ni qué lado debe elegir, transmito mi esperanza de que nadie tome una decisión tan importante sin conocer la realidad que le espera”.
Una reflexión que Bolivia no puede ignorar:
Existe, además, un aspecto particularmente doloroso que este caso obliga a considerar. Si las investigaciones confirman que ciudadanos bolivianos han terminado incorporándose a fuerzas enfrentadas en la guerra entre Rusia y Ucrania, podría producirse una de las paradojas más trágicas de cualquier conflicto: bolivianos combatiendo contra bolivianos en bandos opuestos.
Hombres nacidos bajo una misma bandera, hablando el mismo idioma y compartiendo una misma patria, enfrentándose en un campo de batalla por intereses geopolíticos ajenos y por una guerra que no pertenece a Bolivia.
Más allá de las motivaciones individuales —económicas, personales, ideológicas o de cualquier otra naturaleza—, esa posibilidad invita a una profunda reflexión sobre la vulnerabilidad de quienes, empujados por distintas circunstancias, terminan arriesgando la vida lejos de su país.
Paradójicamente, ni Rusia ni Ucrania otorgan la nacionalidad sólo por aceptar el trabajo de soldado, la nacionalidad debe tramitarse de acuerdo a las leyes específicas de cada país, con sus pertinentes requisitos; lo que implica deducir que defienden una bandera ajena.
La bandera boliviana no ondea en esa guerra. Sin embargo, sí podrían caer bajo el fuego del conflicto ciudadanos bolivianos. Esa sola posibilidad debería conmover a la sociedad y reforzar la necesidad de investigar con rigor cualquier presunto reclutamiento irregular, así como de informar con responsabilidad a quienes pudieran ser objeto de ofertas vinculadas a un conflicto armado.
Ninguna promesa económica, ningún contrato y ninguna expectativa de un futuro mejor pueden hacer olvidar una verdad elemental: en una guerra siempre se pierde mucho más de lo que se gana. Y cuando quienes terminan enfrentándose comparten la misma nacionalidad, la tragedia adquiere una dimensión aún más dolorosa.
Vale puntualizar que, para ingresar a Rusia, los bolivianos no necesitan de un visado, pueden viajar como turistas por tiempo limitado. Lo que hagan dentro del país, es responsabilidad personal. El caso de Ucrania es diferente ya que no pertenece a la Comunidad Europea ni al Territorio Schengen, por lo que los requisitos los establece el propio país.
Anexo necesario:
La Legión Internacional de Defensa de Ucrania: contexto sobre los voluntarios extranjeros
Con el propósito de aportar contexto al testimonio de Luis Herbas, resulta de interés el reportaje «Cómo luchan los extranjeros por Ucrania»1, escrito por Volodymyr Patola y publicado por la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, mismo que he intentado resumir de la mejor manera posible:
El trabajo periodístico presenta la experiencia del sargento subalterno ucraniano Rostyslav Fedorko, quien pasó del activismo cívico y cultural al servicio militar tras la invasión rusa a gran escala. Según el reportaje, Fedorko se incorporó a las Fuerzas Armadas de Ucrania en 2023 y actualmente forma parte de la Legión Internacional de Defensa de Ucrania, integrada por militares ucranianos y voluntarios extranjeros.
De acuerdo con el relato recogido por Patola, en esa unidad sirven representantes de alrededor de treinta países. Fedorko describe una convivencia basada en el respeto mutuo, la cooperación y la disciplina, donde personas de diferentes culturas comparten el mismo objetivo militar sin perder su identidad nacional.
El reportaje recoge también sus observaciones sobre algunos de esos contingentes internacionales. Destaca la organización y autodisciplina de los voluntarios japoneses; la capacidad de organización, iniciativa y compañerismo de británicos y neozelandeses; y el sentido del humor, la espontaneidad y el orden cotidiano de numerosos voluntarios colombianos, incluso en condiciones extremas de combate.
Fedorko sostiene que las situaciones límite revelan el verdadero carácter de las personas y afirma que, en muchos casos, quienes parecen menos disciplinados en la rutina terminan mostrando una extraordinaria capacidad de resistencia y valentía durante los combates más intensos.
El reportaje también expone que la Legión Internacional de Defensa de Ucrania funciona como parte de las Fuerzas Terrestres de las Fuerzas Armadas de Ucrania y señala que los ciudadanos extranjeros pueden incorporarse mediante un contrato de servicio militar, gozando —según la información institucional publicada por la propia Legión— de los mismos derechos y obligaciones que el resto de los militares ucranianos.
Este contexto no modifica ni sustituye las investigaciones en curso sobre los presuntos reclutamientos de ciudadanos bolivianos para participar en la guerra. Sin embargo, permite comprender que, junto a los casos que pudieran involucrar engaños o captaciones irregulares, también existen mecanismos institucionales mediante los cuales ciudadanos extranjeros deciden incorporarse voluntariamente a las Fuerzas Armadas de Ucrania.
1Fuente: Volodymyr Patola, «Cómo luchan los extranjeros por Ucrania», publicado por la Legión Internacional de Defensa de Ucrania.
*Ivette Durán Calderón es jurista e investigadora; experta en inmigración, extranjería, protocolo diplomático internacional y servicio consular. Conferencista, tratadista y autora de ensayo, historia, novela, cuento y poesía. Radica en Europa. En imprenta: “ORBE (Organización de Residentes Bolivianos en el Exterior) trasfondo social de la emigración boliviana”; “Libro Blanco de la Política Consular Boliviana”. [email protected] [email protected] – WhatsApp +34681983120
Nota de Autoría y Registro Editorial MIL (Mujeres en la Industria Literaria): Este artículo constituye una reconstrucción periodística formal basada en el testimonio oral y escrito del protagonista. Distingue claramente los hechos investigados, desarrolla su mensaje sin omitir las ideas y sentires esenciales, concluyendo con una reflexión ética que no afirma hechos no comprobados, sino que plantea una posibilidad condicionada a lo que determinen las investigaciones.
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