¡¡¡Los Reyes de todos los tiempos!!!


Un gol de Ferran Torres en la prórroga cose la segunda estrella en la camiseta española tras un partido en el que Argentina se olvidó de jugar y prefirió el barro

Ferran Torres remata con la izquierda en el único gol del partido. EFE

Fuente: marca.com

Mientras se notan lágrimas en el córner de los ojos y no hay achique de espacios para las emociones, sobre todo por los que ya no están con nosotros (y son muchos y muchas), toca contar que España logró la victoria de todos los tiempos ante la selección de Messi. En el panteón de héroes entra Ferran Torres, autor de un gol monumental.



La segunda estrella se cose en la camiseta española tras otra exhibición de juego coral. Una selección que huye del divismo, labor para la que De la Fuente es el póster ideal. Un técnico sin eso que llaman glamour que ya es leyenda del fútbol español. La victoria de Nueva Jersey tal vez sea la más meritoria de la historia del fútbol español.

Se esperaba a Lamine Yamal, pero España fue mucho más. No hay diccionario para encontrar la manera de definir a Cubarsí, un chaval que debería haber estado viendo el partido en una pantalla gigante y estuvo al lado de Messi y Julián sin un error.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Era el minuto 106 de la prórroga y el remate del delantero, tras cesión de Nico Williams, firmaba el sello a la final nunca vista, bautizada antes de tiempo como la mejor de la historia. Sin embargo, sólo se presentó España. Argentina eligió el granujeo y no tiró a puerta hasta que ya tenía todo perdido.

Victoria y el espíritu canchero

Ese gol, con Argentina con diez, llevó a España a la angustia. El orgullo argentino les llevó a cercar la portería de Unai con balones bombeados. Habría sido el empate más injusto de los siglos de los siglos.

Las finales de Mundial, salvo excepciones, no son un concurso de ocasiones. El partido, disputado en un secarral de esos en los que los melones se quedan en coma, se jugaba con los riesgos en rebajas. Cualquier pérdida tonta lleva al cadalso.

Para tumbar a Argentina, especialista en asaltar el alma del árbitro, cortarla en rodajas y guardarla en una fiambrera, se necesita oficiar un curso de personalidad y autoridad. Por ese plan circulaba España, punzante en cuanto encontraba en el enganche a Dani Olmo. En la primera que tuvo conectó con Lamine Yamal, pero su remate se quedó blando para caer en la guantera del Dibu.

España controlaba el balón con la tienda de brújulas que regenta Rodri, de nuevo imperial en el control del balón y el envío donde más falta hacía. Argentina subió el termómetro con una entrada de reclamación de Las Malvinas de Mac Allister a Dani Olmo. Vincic, el árbitro, prefirió pensar en Madonna y el show antes que en amonestar. Igual haría después con Tagliafico, un bote de pegamento sobre la remera de Lamine Yamal.

Se empezaba a ver eso que se llama ser canchero, que es la forma romántica de denominar el tránsito del fútbol a los anexos del reglamento. Si el rival suelta el balón le atropello por la espalda; si el rival cae al suelo le doy una patadita; si el rival hace una faltita toca rodear al árbitro a ver si nos da sus ahorros; si le pego al rival protesto, que de eso se trata. Por eso se quieren argentinos en los equipos: por eso se detesta encontrarlos de rivales.

La primera ‘hidration break’ (pausa del dólar, para entendernos) no alteró los biorritmos. Era un paisaje que ya se había visto en el torneo. Argentina se ponía la capucha y Messi andaba por el césped como si estuviera leyendo el Olé a la espera de dar la orden de atacar al enemigo. Unos maestros en desenfundar cuando el rival se cree dueño del escenario.

El ritmo de Messi

Jugar así, disimular así, se cobra sus víctimas. En este caso, Julián Álvarez, que se encontraba como un náufrago en el territorio español. A Argentina le bastaba para irse viva al descanso con la inclusión de Otamendi por un lesionado Lisandro. Sólo había rematado España. No se había visto a Unai Simón y no se notaba ningún enfado en Argentina.

La muchachada de Scaloni estaba decidida a homenajear a Bilardo. Su fútbol se hacía cada vez más agresivo, sobre todo con la entrada de Paredes, que tardó dos minutos en montar la primera tangana. Y Messi andaba y andaba. Miedo.

Mientras España se metía en la nuez del Dibu, Argentina, licenciada en el torneo en la Universidad del sufrimiento, se olvidaba del toque, la gambeta y cualquier adorno. Ferran, Lamine y Cubarsi rozaron el gol ante el Dibu. Argentina, entre Menotti y Bilardo había elegido vestir de Estudiantes de la Plata.

Antes de la prórroga al árbitro no le quedó más remedio que enseñar la segunda amarilla a Enzo Fernández, tan clara que no le quedó más remedio que protestar durante tres minutos.

España encimaba a Argentina en el área. Así hasta que llegó el golazo de Ferran Torres. La angustia de todos los tiempos llevó a España a la gloria. Campeones del mundo.