Los modelos climáticos muestran un 62% de probabilidad de que el fenómeno alcance la categoría de «muy fuerte» entre octubre y diciembre de este año, informó el jefe de la Unidad de Meteorología y Climatología del Senamhi, Enrique Peñarrieta

Fuente: ANF / La Paz
El altiplano boliviano se encamina hacia un escenario de mayor estrés hídrico debido a la posible evolución del fenómeno de El Niño hacia una categoría “muy fuerte” durante el último trimestre de 2026.
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Autoridades locales y especialistas advirtieron que la combinación de menos lluvias, temperaturas máximas por encima de lo habitual y los efectos acumulados del cambio climático incrementará el riesgo de sequías, afectando tanto la producción agropecuaria como el abastecimiento de agua para la población.
El jefe de la Unidad de Meteorología y Climatología del Senamhi, Enrique Peñarrieta, explicó que los modelos climáticos muestran un 62% de probabilidad de que el fenómeno alcance la categoría de «muy fuerte» entre octubre y diciembre de este año.
“Aunque actualmente El Niño mantiene una intensidad moderada, con una anomalía térmica de 1,1 grados centígrados, las proyecciones indican un fortalecimiento progresivo”, dijo Peñarrieta a ANF.
Según el especialista, el principal impacto previsto para el altiplano será un déficit de precipitaciones durante el segundo semestre de 2026. Las previsiones para junio, julio y agosto muestran lluvias por debajo de los valores normales, una condición que compromete la disponibilidad de agua para consumo humano y las actividades agrícolas y ganaderas.
Peñarrieta señaló que, además de la reducción de las precipitaciones, se prevé un comportamiento extremo de las temperaturas. Mientras junio registraron máximas ligeramente inferiores al promedio, a partir de julio y agosto se espera un incremento significativo del calor, especialmente en el occidente del altiplano. Paralelamente, las temperaturas mínimas continuarán siendo más frías de lo habitual, manteniendo el riesgo de heladas en varias regiones.
En el ámbito local, el alcalde del municipio de Ayata y exejecutivo departamental de las 20 provincias de La Paz, José Luis Chura, sostuvo que los efectos del cambio climático ya son visibles en el territorio paceño. Explicó que, pese a encontrarse en plena estación seca, se han registrado lluvias inusuales en algunas zonas del altiplano, un comportamiento que refleja la alteración de los ciclos naturales.
«Hoy vivimos fenómenos contradictorios. Mientras algunas regiones enfrentan lluvias fuera de temporada, otras ya sufren por la falta de agua. La mayor preocupación es la sequía que puede intensificarse con un Niño muy fuerte», afirmó a este medio.

El alcalde indicó que la vulnerabilidad no es homogénea debido a la diversidad geográfica del departamento, que posee tres pisos ecológicos. Sin embargo, aseguró que las provincias del occidente paceño concentran los mayores riesgos. Identificó a General José Manuel Pando, Gualberto Villarroel, Pacajes y Aroma como las jurisdicciones donde la escasez de agua ya representa un problema crítico para la producción y la disponibilidad de recursos hídricos.
Chura explicó que, en esas regiones, la perforación de pozos se convirtió en una prioridad para garantizar el abastecimiento de agua destinada al consumo del ganado y al riego de cultivos. Asimismo, informó que varios municipios fortalecieron sus estructuras institucionales mediante la creación de unidades especializadas en gestión de riesgos y atención de desastres climáticos.
Añadió que, junto con la Gobernación de La Paz, se trabaja en la reformulación de proyectos de infraestructura hídrica para ejecutar atajados, pequeñas represas y nuevos pozos profundos, especialmente en las zonas más vulnerables.
También destacó la implementación de carpas solares en municipios como Batallas, Pucarani y comunidades cercanas al lago Titicaca, donde estos sistemas permiten diversificar la producción de hortalizas.
Como medida de resiliencia, Chura resaltó la permanencia de prácticas ancestrales de almacenamiento de alimentos en las comunidades del altiplano y los valles. Explicó que muchas familias continúan utilizando las tradicionales piruas para conservar parte de su producción destinada al consumo anual, comercializando únicamente los excedentes.
«Esta forma de organización comunal permite enfrentar de mejor manera los años de baja producción. No elimina los efectos de una sequía, pero ayuda a garantizar la alimentación de las familias durante los meses más difíciles», señaló.

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