Un cuarto de milenio


 

Horas más tarde Estados Unidos de Norteamérica celebrará sus 250 años de independencia. Un acontecimiento de nivel mundial que nos convoca a reflexionar sobre su origen, su crecimiento y su actual poderío en todos los campos de la actividad humana. Su nacimiento bajo una Ley de Leyes de Thomas Jefferson, que consagra el respeto a Dios, como primer valor de la nueva sociedad, que habiendo vencido a sus colonizadores proclamó su independencia total, a la par que abrió sus puertas a la inmigración que alcanzó cifras récord en pocos años dejando asentarse a millones de extranjeros que la asumieron como propia, recibieron sus parcelas de terreno e iniciaron una época de prosperidad y ubérrima producción como nunca antes en la historia.



Este fenómeno de dar nacionalidad estadounidense a todos cuantos llegaron del mundo entero, especialmente de los países europeos que pasaban por penurias debido a las guerras, las epidemias, la hambruna sirvió de marco para explicar al mundo de hoy, que la grandeza construida por la unión y la más plena libertad resulta indestructible y asombra por su poderío y grandeza.

Es cierto que en su historia existen páginas oscuras como los bombardeos a Japón con la bomba atómica y la muerte en pocas horas de cientos de miles de civiles en Hiroshima y Nagasaki que nada tuvieron que ver con la alianza de su país con Hitler y Mussolini que provocaron esa terrible conflagración humana que mermó la población mundial y sembró destrucción y muerte.

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Por lo demás USA se expandió por el mundo en su misión pacificadora y de denodada búsqueda de una paz duradera, con la alternativa de enfrentar tiranías y dictaduras que una tras otra desafiaron al Imperio en el último siglo. Desafío aún latente que impulsa no solamente el crimen, también el narcotráfico y la trata de personas que pierden sus derechos y su libertad en aquellas regiones que se niegan a reconocer los DD. HH. como norma de convivencia entre seres humanos.

Ahora mismo, cuando veremos por el milagro de los medios, esos fuegos artificiales rompiendo la oscuridad de la noche, en medio de la algarabía y el entusiasmo de sus habitantes, será oída por enésima vez la plegaria por la paz y la armonía, por el imperio de la justicia y la plena vigencia de la libertad como fuerza dinámica de la coexistencia entre los humanos.