Evaluación, desafíos y propuestas
1. ¿Cómo evalúo estos nueve meses del Gobierno de Rodrigo Paz?
Un Gobierno que ha cambiado el rumbo, pero todavía no ha sacado a Bolivia de la crisis
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Mi evaluación general de los primeros nueve meses es regular: 51/100 puntos. No considero técnicamente correcto calificar la gestión como un fracaso, porque hubo cambios importantes: Flexibilización cambiaria, apertura al financiamiento multilateral, reducción de subsidios (combustibles), medidas de contención fiscal, intervención cambiaria del BCB, un acuerdo técnico con el FMI por aproximadamente $US. 1.900, apertura a los mercados globales y la búsqueda de mayor inversión privada en el país. El problema es que esos instrumentos todavía no se traducen en una recuperación económica sostenible. Bolivia acumula contracciones de -1,12% en 2024 y -1,58% en 2025, y organismos internacionales proyectan alrededor de -3% para 2026. Al mismo tiempo, las RIN reportadas al 31 de julio alcanzan $US. 3.632 millones, pero apenas $US. 472 millones son divisas líquidas, mientras aproximadamente 85% está concentrado en oro.
Además, actualmente tenemos un nivel de deuda pública superior al 80% del PIB, un déficit fiscal sostenido de 12 años consecutivos, serios problemas en la provisión de carburantes, presiones inflacionarias y cambiaras; problemas estructurales macroeconómicos que el gobierno aún no ha presentado un plan estratégico para corregirlos y menos afrontado con certeza. A esto se puede sumar que el gobierno tiene dificultades para implementar sus reformas debido a su estructura política reducida, una limitada gobernanza y gobernabilidad condicionada debido a presiones políticas por organizaciones sociales y sindicales como la COB.
Por tanto, el Gobierno ha conseguido modificar instrumentos de política, pero todavía no demuestra haber cambiado la trayectoria económica del país.
La calificación de 51/100 se explica porque existen avances importantes en la dirección, pero resultados todavía débiles en estabilidad y crecimiento. La calificación tampoco puede ser demasiado baja porque el Gobierno recibió una economía extraordinariamente deteriorada y, en algunos ámbitos, tomó decisiones que probablemente eran inevitables. El cambio de un tipo de cambio prácticamente fijo hacia un régimen flexible permitió reconocer una realidad cambiaria que ya existía; sin embargo, el dólar pasó posteriormente desde Bs. 6,96 hasta niveles superiores a Bs. 12, obligando al BCB a intervenir para moderar la volatilidad. El problema central es que el Gobierno todavía no ha conseguido transformar el ajuste inicial en un programa estructural completo de crecimiento, productividad, energía, exportaciones y sostenibilidad fiscal. Incluso el acuerdo con el FMI sigue siendo un acuerdo a nivel técnico, sujeto a aprobación del Directorio del organismo y a los procedimientos bolivianos correspondientes. Por ello, mi conclusión es clara: Paz ha iniciado una corrección necesaria, pero todavía no ha producido una estabilización integral ni una recuperación sostenible.
2. ¿Desde noviembre de 2025 hasta hoy se implementaron medidas que realmente estabilizaron o sacaron a Bolivia de la crisis?
Se han aplicado medidas de emergencia y estabilización, pero todavía no existe evidencia suficiente de recuperación
Sí existen medidas económicas importantes desde noviembre de 2025, especialmente el paquete de emergencia económica, la reducción de subsidios a combustibles, el ajuste del gasto, la flexibilización cambiaria, nuevas reglas para intervención del BCB y la búsqueda de financiamiento multilateral. El acercamiento al FMI constituye además un cambio importante de estrategia, porque busca reconstruir reservas y restablecer el acceso de Bolivia al financiamiento internacional. El programa acordado contempla $US. 1.900 millones durante 36 meses y puede facilitar recursos adicionales de otros organismos multilaterales. Estas medidas son relevantes porque atacan problemas que el Gobierno anterior había postergado, especialmente el déficit fiscal, la distorsión cambiaria y la escasez de dólares.
Pero no puede afirmarse todavía que Bolivia haya salido de la crisis. Una economía que continúa contrayéndose, enfrenta problemas de abastecimiento de combustibles, mantiene una deuda pública muy elevada y dispone de solamente de $US. 472 millones en divisas líquidas no puede considerarse estabilizada de manera integral. El superávit comercial acumulado de $US. 1.669 millones es una señal positiva, pero no debe confundirse con disponibilidad inmediata de dólares para el BCB: el ingreso comercial debe convertirse efectivamente en divisas disponibles dentro del sistema financiero. En junio, por ejemplo, el INE registró un superávit mensual de $US. 184,7 millones, pero las exportaciones cayeron 1,7% respecto a mayo y las exportaciones de hidrocarburos disminuyeron 14,5%. Por tanto, hay estabilización financiera inicial, pero todavía no recuperación económica estructural.
Por tanto, el Gobierno está administrando la crisis y corrigiendo algunas distorsiones, pero todavía no puede afirmarse que la haya superado.
3. Tres aspectos positivos y tres negativos de estos 9 meses de gobierno
ASPECTO POSITIVO 1. Sinceramiento y cambio de orientación económica
Uno de los mayores méritos del Gobierno es haber reconocido que el esquema económico anterior había llegado a límites financieros importantes. La flexibilización cambiaria, la racionalización de subsidios y el acercamiento al FMI constituyen cambios significativos. También existe mayor disposición a trabajar con inversión privada y organismos internacionales. Esto mejora la posibilidad de acceder a capital, tecnología y mercados. Sin embargo, el valor de estas decisiones dependerá de su implementación. El cambio de orientación es positivo, pero todavía debe transformarse en resultados productivos.
ASPECTO POSITIVO 2. Recuperación de relaciones con organismos financieros internacionales
La búsqueda de apoyo del FMI, Banco Mundial, BID y CAF es positiva desde la perspectiva de liquidez y credibilidad. Bolivia necesita financiamiento externo en esta etapa porque las reservas líquidas son demasiado reducidas para cubrir simultáneamente combustibles, deuda y estabilización cambiaria. El programa con el FMI puede funcionar como puente financiero mientras se implementan reformas. Además, un programa multilateral puede generar condiciones para atraer otros recursos. Pero ese financiamiento debe utilizarse para reconstruir capacidad económica (productiva) y no simplemente para postergar los problemas, y menos para financiar el déficit fiscal.
ASPECTO POSITIVO 3. Mayor apertura hacia inversión y sectores productivos
La intención de promover nuevas inversiones en hidrocarburos, minería, agroindustria y otros sectores es correcta. Bolivia necesita urgentemente aumentar su capacidad de generar dólares mediante producción y exportaciones. El comercio exterior muestra que todavía existe potencial: en junio se obtuvo un superávit de $US. 184,7 millones y algunos sectores manufactureros y agropecuarios aumentaron sus ventas externas. El desafío es convertir estos resultados puntuales en una tendencia permanente y diversificada; por lo tanto, dar seguridad económica y jurídica para la inversión privada es clave, lo cual se debe dar mediante reformas integrales en el país.
ASPECTO NEGATIVO 1. Persistencia de la recesión
La mayor debilidad es que la economía continúa contrayéndose. El país registró -1,12% en 2024 y -1,58% en 2025, y la previsión para 2026 ronda -3%. Esto significa que la política económica todavía no consiguió generar un motor de crecimiento. El ajuste puede ser inevitable, pero debe diseñarse para no destruir inversión y empleo. Si la estabilización produce únicamente menor déficit, pero no recuperación productiva, Bolivia puede quedar atrapada en una combinación de bajo crecimiento, inflación y endeudamiento.
ASPECTO NEGATIVO 2. Reservas líquidas extremadamente reducidas
Las RIN constituyen una de las mayores vulnerabilidades del país. Al 31 de julio alcanzaron $US. 3.632 millones, pero solo $US. 472 millones eran divisas líquidas. El BCB ya había advertido que una elevada concentración de las reservas en oro genera riesgos de liquidez y valoración. Esto significa que Bolivia puede tener activos internacionales importantes, pero no necesariamente dispone de suficientes dólares líquidos para responder rápidamente a una crisis cambiaria o energética. Todo esto, hace que nuestras reservas no nos protejan plenamente de shocks externos, y son insuficientes para garantizar obligaciones (combustibles, deuda, otros), y menos para estabilizar el mercado cambiario de manera sostenible.
ASPECTO NEGATIVO 3. Falta de reformas estructurales con suficiente velocidad
El Gobierno todavía necesita convertir sus anuncios en leyes, instituciones y proyectos ejecutables. Hidrocarburos, minería, inversión, empresas públicas, sistema tributario y gasto estatal requieren reformas profundas. La caída sostenida de la producción hidrocarburífera representa un riesgo particularmente serio porque afecta simultáneamente exportaciones, ingresos fiscales y disponibilidad de divisas. Si las reformas demoran, el país seguirá dependiendo del financiamiento externo para cubrir necesidades que deberían ser financiadas progresivamente con producción nacional.
4. Evaluación del mensaje presidencial del 6 de agosto
Un diagnóstico correcto y una señal de cambio, pero todavía debe convertirse en una agenda legislativa y económica verificable
El mensaje presidencial del 6 de agosto tuvo un elemento positivo: reconoció la magnitud de la crisis y planteó que Bolivia necesita cambiar su estructura productiva. El anuncio de proyectos de ley relacionados con inversión, hidrocarburos, minería y otros sectores es particularmente importante porque la crisis boliviana ya no puede solucionarse exclusivamente mediante política monetaria o financiamiento externo. El problema es estructural: Bolivia necesita producir más, exportar más, atraer capital y recuperar su sector energético. En este sentido, el mensaje representa una evolución respecto de una política centrada fundamentalmente en administrar recursos estatales. La intención de incorporar mayor participación privada puede ser positiva si se acompaña de seguridad jurídica, reglas transparentes y un sistema tributario competitivo. Asimismo, el mensaje puede convertirse en el punto de partida de una segunda etapa del Gobierno: pasar de la emergencia a la transformación productiva.
Sin embargo, el mensaje todavía no constituye un programa económico completo. Para que las leyes anunciadas sean verdaderamente transformadoras deben establecer metas, cronogramas, mecanismos de inversión, régimen tributario, solución de controversias, protección ambiental, participación estatal y reglas claras para los inversionistas, y sobre todo implementarse lo antes posible. En hidrocarburos, por ejemplo, Bolivia necesita no solamente una nueva ley, sino una estrategia para detener la caída de reservas y producción, aumentar exploración y garantizar combustibles. En minería debe establecerse un marco que permita atraer capital sin sacrificar la participación fiscal del Estado. En inversión se necesita eliminar obstáculos burocráticos y reducir incertidumbre jurídica. Por tanto, califico el mensaje como positivo en diagnóstico y orientación, pero todavía incompleto en instrumentos y ejecución. La prueba definitiva será si durante los próximos meses esas promesas se convierten en leyes aprobadas, inversiones efectivas, producción adicional, más exportaciones y empleo.
5. Cinco medidas para una verdadera ruta crítica de estabilización
MEDIDA 1. Consolidación fiscal plurianual y regla de responsabilidad fiscal
El Gobierno debe aprobar un programa fiscal 2027-2030 con metas anuales obligatorias y transparentes. El objetivo debe ser reducir progresivamente el déficit sin provocar un colapso adicional de la actividad económica. Recomiendo una trayectoria de déficit fiscal máximo de 7% del PIB en 2027, 5% en 2028, 4% en 2029 y alrededor de 3% en 2030. Para lograrlo se deben racionalizar subsidios, reducir gasto improductivo, reestructurar empresas públicas deficitarias y mejorar la recaudación mediante formalización y eficiencia tributaria. El Estado debe priorizar inversión pública con alto retorno económico y social, no gasto corriente permanente.
Meta adicional: Estabilizar la deuda pública/PIB desde 2027 y comenzar a reducirla gradualmente a partir de 2028. La regla fundamental debe ser que ningún nuevo gasto permanente sea aprobado sin una fuente permanente de financiamiento.
MEDIDA 2. Programa cambiario y monetario para reconstruir las reservas líquidas
El régimen flexible debe mantenerse, pero con una intervención del BCB técnica, transparente y limitada a reducir volatilidad excesiva, no a defender artificialmente una cotización determinada. El objetivo prioritario debe ser aumentar las divisas líquidas de $US. 472 millones a por lo menos $US. 1.500 millones durante 2027, y superar $US. 2.500 millones hacia 2028, sujeto a las condiciones externas y a la evolución de las importaciones. Los recursos del FMI y otros multilaterales deben utilizarse principalmente para reconstruir liquidez externa, mientras el aumento de exportaciones debe permitir una acumulación permanente de reservas. El BCB debe publicar periódicamente criterios de intervención y evolución de liquidez. La política monetaria debe evitar una expansión excesiva que alimente inflación y expectativas cambiarias.
Meta final: Que las reservas líquidas cubran al menos tres meses de importaciones esenciales, avanzando posteriormente hacia cuatro meses.
MEDIDA 3. Emergencia energética y nueva política de hidrocarburos Bolivia necesita una estrategia energética de largo plazo que resuelva simultáneamente la escasez de combustibles, la caída de producción y la pérdida de exportaciones. Debe aprobarse una nueva Ley de Hidrocarburos que permita atraer capital privado y extranjero mediante contratos competitivos, seguridad jurídica y mecanismos transparentes de participación estatal. Paralelamente, YPFB debe ejecutar un programa intensivo de exploración y recuperación de campos existentes. La meta debe ser detener la caída de producción durante 2027 y comenzar a recuperarla desde 2028. También debe reducirse gradualmente la dependencia de combustibles importados mediante mayor producción nacional, biocombustibles, energías renovables; mientras tanto la importación por privados es clave. La prioridad estratégica es impedir que Bolivia llegue a una situación de importador neto de gas natural y convertir nuevamente el sector energético en generador de divisas.
MEDIDA 4. Programa nacional de inversión, exportaciones y generación de dólares
Bolivia debe cambiar de una economía dependiente de financiamiento externo hacia una economía que genere divisas mediante producción y exportaciones. El Gobierno debe aprobar una Ley de Inversiones competitiva, establecer mecanismos de protección jurídica y acelerar proyectos de minería, litio, agroindustria, manufactura, hidrocarburos y turismo. El superávit comercial de $US. 1.669 millones acumulado a junio de 2026 demuestra que existe capacidad exportadora, pero la meta debe ser convertirla en una fuente mucho mayor y permanente de dólares; solo sirven los dólares que ingresen a la economía. Debe priorizarse la exportación con valor agregado y la sustitución eficiente de importaciones estratégicas. El Gobierno debería establecer una meta de duplicar la inversión extranjera directa respecto de su nivel actual hacia 2028 y aumentar sostenidamente las exportaciones no tradicionales. El resultado buscado es reducir la necesidad de endeudamiento externo para financiar importaciones.
MEDIDA 5. Pacto nacional de estabilización, empleo y protección social
La magnitud de la crisis exige un acuerdo de Estado de al menos tres años que permita implementar las reformas independientemente de los ciclos políticos. El pacto debería establecer metas trimestrales para déficit fiscal, inflación, reservas, deuda, tipo de cambio, combustibles, inversión y crecimiento. El ajuste debe proteger a las familias vulnerables mediante transferencias focalizadas y temporales, evitando subsidios generales que beneficien también a hogares de mayores ingresos. La meta debe ser que la economía deje atrás la contracción y alcance crecimiento positivo en 2027, acelerándose hacia tasas de 3%-4% anual en 2028-2029, siempre que las condiciones externas lo permitan. También debe priorizarse empleo formal y productividad, porque una recuperación basada únicamente en gasto público no sería sostenible. El objetivo final debe ser combinar estabilidad macroeconómica con recuperación del ingreso real y del empleo, bajo un marco de institucionalidad, sostenibilidad y gobernabilidad.
MATRIZ DE LA RUTA CRITICA 2027-2030
Conclusión general
Después de nueve meses de gestión, mi evaluación permanece en 51/100, pero con una precisión importante: la calificación podría subir sustancialmente si durante los próximos 12 meses el Gobierno convierte sus anuncios en reformas ejecutadas y resultados medibles. El principal mérito de Rodrigo Paz ha sido reconocer que el modelo económico anterior ya no podía sostenerse con las mismas herramientas y comenzar a modificar el régimen cambiario, los subsidios, la relación con organismos multilaterales y la participación del sector privado.
Su principal debilidad es que todavía no ha construido una ruta estructural suficientemente rápida y cuantificada para resolver simultáneamente el déficit fiscal, la falta de dólares, la crisis energética, la recesión y el elevado endeudamiento. Bolivia no necesita únicamente más financiamiento: necesita tiempo comprado por financiamiento externo para ejecutar reformas que generen producción, dólares y crecimiento. El FMI puede aportar liquidez y credibilidad, pero no puede sustituir al gas que ya no se produce, a las exportaciones que no se generan ni a la inversión que no llega.
El objetivo de 2027 debe ser muy concreto: salir de la recesión, reducir el déficit, aumentar las divisas líquidas, detener el deterioro energético, recuperar inversión y estabilizar el mercado cambiario. Si esos resultados se alcanzan, la gestión podría pasar de una etapa de administración de crisis a una verdadera etapa de reconstrucción económica. Si no se alcanzan, Bolivia corre el riesgo de entrar en un ciclo de más deuda, menos reservas, mayor depreciación y menor crecimiento, que sería considerablemente más costoso para las familias y empresas.
Síntesis del análisis
- Diagnóstico: Crisis todavía vigente
- Cambio de rumbo: Sí, significativo
- Estabilización: Parcial
- Recuperación económica: Aún no demostrada
- Reformas estructurales: Insuficientes
- Riesgo fiscal y externo: Elevado
- Perspectiva: Dependerá de la ejecución 2026-2027
En términos sencillos para la población: El Gobierno cambió algunas reglas del juego, pero todavía no ha cambiado las condiciones económicas que producen la crisis. La deuda y el financiamiento externo pueden dar oxígeno; solamente más producción, más exportaciones, inversión, disciplina fiscal y energía suficiente pueden darle sostenibilidad a Bolivia.

