La crisis sanitaria de Cantumarca es una muestra más de los costos humanos de la actividad extractiva en Bolivia, donde la falta de control y la impunidad ambiental han convertido a comunidades enteras en víctimas de la intoxicación silenciosa por metales pesados.
eju.tv / Audio: Radio Fides
Un estudio clínico aplicado a 126 pobladores de la comunidad de Cantumarca, en Potosí, reveló que el 86% de los evaluados presenta niveles elevados de plomo en la sangre, una crisis sanitaria que el curaj tata de la Nación Carangas, Raúl Véliz, atribuyó directamente a la contaminación minera y al abandono de los diques de colas de la zona, cuyo cierre estaba programado desde el año 2017 y que hasta la fecha permanecen sin clausurar, vertiendo residuos tóxicos al entorno.
«Los diques de cola de Laguna Pampa 1 – 2 ya han cumplido, tendrían que haberse cerrado el año 2017, pero a la fecha no lo han hecho, no hay esa voluntad, no hay autoridad que haga cumplir las fichas ambientales, los manifiestos ambientales,» lamentó la autoridad indígena, al denunciar en Radio Fides la inacción estatal frente a la contaminación que afecta a su comunidad y a los pueblos originarios de la región.

Véliz señaló que este no es un hecho aislado, pues ya se habían realizado estudios anteriores en la comunidad con resultados igualmente alarmantes.
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«Un estudio clínico de varios comunarios de la comunidad de Cantumarca, de un total de 126 comunarios, el 86% de este estudio clínico ha resultado con plomo en la sangre, porque en el lugar ya hemos dicho que existe mucha contaminación minera, entonces esa es nuestra preocupación para nosotros como comunidad, como pueblos originarios,» denunció el curaj tata, al advertir que la situación se agrava con el tiempo y que las autoridades competentes no toman medidas efectivas para revertir el daño ambiental y sanitario.
El dirigente exigió a las empresas mineras responsables y al Gobierno nacional que asuman su responsabilidad y procedan al cierre definitivo de los diques de colas que ya cumplieron su vida útil, así como a la remediación de las zonas contaminadas.
La crisis sanitaria de Cantumarca es una muestra más de los costos humanos de la actividad extractiva en Bolivia, donde la falta de control y la impunidad ambiental han convertido a comunidades enteras en víctimas de la intoxicación silenciosa por metales pesados, mientras el Estado aún no da una respuesta integral a este problema que afecta la salud y el futuro de los pueblos indígenas.