La señora Martha (mi caserita) no habla de política monetaria. Vende verduras en el mercado Rodríguez desde muy joven, hoy que fui a comprarle me dijo algo que resume el país:
“Antes se podía vender con mayor facilidad ropa, zapatos, juguetes. Ahora la gente piensa más en la comida que va a llevar a su casa. La canasta se incrementa cada día, hasta el helado a subido. Nuestra plata ya no sirve. El dólar oficial está en un precio, pero las librecambistas o las casas de cambio te dan a su conveniencia. Ya no hay ganancia”.
Como Martha muchas caseras y personas de a pie viven la realidad de la fluctuación del dólar día con día y que esto claramente afecta a sus bolsillos.
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Están conscientes que el dólar no volverá a estar en Bs 6,96, saben que en mayo de 2025 llegó a costar Bs 20 en el mercado negro, y a causa de ello muchos productos subieron y se mantienen así.
La realidad es que durante 20 años nos contaron que éramos ricos, que todo estaba bien y veíamos ello; que podíamos tener dólar barato, gasolina subvencionada y bonos. Era un milagro pagado con la renta del gas.
Recordar que Rodrigo Paz Pereira, ganó la segunda vuelta con 54,61% de los votos poniendo fin a dos décadas del MAS, heredó la factura de ese milagro: reservas internacionales en $us 3.700 millones, déficit del 10% del PIB, deuda externa por encima de $14 mil millones y una inflación que en junio ya iba en 12,5% y que el FMI proyecta en 20% para fin de año.
El propio Paz lo dijo en campaña: vivimos cinco crisis simultáneas: económica, social, institucional, energética y judicial.
“El momento político en Bolivia es muy complejo, se ha visto que hasta ahora no ha surgido una figura nueva con el liderazgo necesario para cautivar al electorado en esta coyuntura crítica marcada por la crisis económica”. No es una crisis de un gobierno. Es una crisis de modelo.
El éxito o la salvación de Paz depende de cuatro tareas apremiantes que parecen imposibles a la vez: regularizar combustibles, estabilizar el dólar sin generar hiperinflación, implementar el 50/50 y generar gobernabilidad.
Cuatro tareas que no se resuelven con un decreto.
Es algo ilógico pero cierto: Vivimos en dólares, cobramos en bolivianos.
Volviendo a la charla con mi casera ella me dijo algo que quizá esté en la mente de muchos bolivianos: la caserita me dijo que prefiere guardar su platita en dólares, ya que actualmente todo se calcula en dólares, debido a que la mayoría de los productos, enseres y otros son importados.
Eso nos lleva a pensar que Bolivia se volvió bimonetaria en la cabeza. El Banco Central publica ahora un valor de referencia diario para frenar el mercado paralelo, pero la gente ya no mira el pizarrón oficial. Mira el WhatsApp del librecambista o lo que las redes indican.
Un país que no confía en su moneda, no confía en su Estado. Y sin confianza no hay gobernabilidad posible. Por eso los ministros pueden hablar de “inflación provocada” y de controles, mientras en la calle los precios suben igual.
Otro de los temas que está fluctuando en el aire es el federalismo con el 50/50
Aquí es donde la calle y la política chocan de frente.
Paz propone su gran apuesta: el modelo 50/50. Ya no es pacto fiscal, dice él mismo, “es un paso cuasi federal”. El 5 de agosto citó a todos los gobernadores en Sucre para negociar cómo el 50% de la plata se queda en regiones y universidades.
Esto sonaba a solución histórica. Santa Cruz aplaudía y el occidente dudaba.
El 50/50 es necesario, pero Bolivia quiere la plata de la autonomía sin el costo de la autonomía. Queremos que nos den el 50%, pero que La Paz siga resolviendo los bloqueos, el diésel y el precio del pan. Eso no es federalismo, es centralismo con más caja chica”.
Y tiene razón. Lo mismo pasa con el revocatorio.
Otra vez volviendo a la charla con mi caserita, ella también habla de revocatorio, cuando me dice: “Que se vayan todos, que haya revocatorio”. Es lo que se escuchaba en las marchas de mayo que pedían la renuncia de Paz y aún se escucha en las calles este pedido.
Pero la Constitución es clara y fría. El Art. 240 dice que toda autoridad electa puede ser revocada solo cuando haya transcurrido al menos la mitad de su mandato. Paz lleva 9 meses. La mitad recién se cumple en mayo de 2028. Además, se necesitan 1,95 millones de firmas, el 25% del padrón, y 20% por departamento para poder realizar un revocatorio.
Por eso lo que plantea el diputado Carlos Alarcón de un “referéndum revocatorio extraordinario” en 90 a 120 días es, como dicen los constitucionalistas, una propuesta inviable que requiere una ley interpretativa, un acuerdo político casi imposible.
Cómo mi casera mucha gente quiere el revocatorio, pero no conoce el trasfondo real. La ley dice que tiene que esperarse dos años y medio, para realizar un revocatorio.
Después de todo esto, la realidad es que no estamos hablando solo sobre Paz, la gestión del MAS, ni sobre el dólar. Estamos hablando sobre nosotros y nuestro futuro.
Hay que ser claros, el conflicto se convirtió en el principal escenario de esa disputa. Y por ello se debe pensar que toda estrategia política necesita controlar el tiempo y la atención de la sociedad.
Nos tienen controlados con el conflicto. Mientras discutimos si el dólar está a 11 o a 12 en el mercado paralelo, si el ministro tal sirve o no, si revocamos ya o en 2028, no estamos discutiendo lo importante, solo estamos dando vueltas sobre lo que vemos.
Yo me quedé con tres preguntas para usted que está leyendo y que, como yo, cobra en bolivianos y vive en dólares:
Si mañana el dólar vuelve a 6,96 (cosa que es imposible pase) por arte de magia, ¿volveríamos a hacer exactamente lo mismo que nos trajo hasta aquí?
Si nos dan el 50/50 mañana, ¿qué vamos a producir en nuestro departamento sin pedirle permiso ni plata a La Paz? (¿Estamos listos para asumir ese reto?)
Si no podemos revocar a nadie hasta 2028, ¿qué vamos a hacer con estos dos años que nos toca construir en vez de esperar que alguien nos salve? ¿O definitivamente vamos a sacar a este gobierno y vamos a esperar a ver quién se anima a gobernar en transición y llamar a elecciones?
La resaca no se cura con otra cerveza. Se cura dejando de tomar y tomando conciencia de nuestras acciones.
El futuro de nuestro país no está en manos de nuestros gobernantes, porque si nosotros no les damos poder ellos no pueden tomar decisiones por nosotros.
Que todo lo que estamos viviendo nos sirva de lección para utilizar nuestro voto de forma consciente y no pensando que el “menos peor” puede solucionar las cosas.
Ivanna Daniela Bracamonte Guillén
