Hebert Araujo, técnico de CIPCA, explicó que el problema no se limita a la fecha de siembra, sino que alcanza las distintas fases de desarrollo de las plantas.

Fuente: ANF
El cambio climático está modificando de manera progresiva el calendario agrícola tradicional en Bolivia. El retraso de las lluvias, las sequías, las heladas y las variaciones de temperatura obligan a los productores a cambiar las fechas de siembra y cosecha, con efectos sobre el rendimiento, la calidad de los alimentos y la conservación de variedades nativas.
Cristian Flores, técnico de la Plataforma Boliviana por el Cambio Climático, señaló que este fenómeno ha generado un desfase de alrededor de 20 días en las fechas agrícolas en distintas regiones del país. Los productores modifican sus labores como una estrategia para reducir el riesgo frente a la irregularidad de las precipitaciones y la ocurrencia de eventos extremos.
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“Se ha identificado un adelanto promedio de unos 20 días en las fechas de siembra y cosecha”, explicó Flores a ANF, quien atribuyó esta modificación principalmente a la inestabilidad del ciclo del agua, la disponibilidad de lluvias y el incremento de eventos extremos.
Sin embargo, Rhimer Gonzales, técnico del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), identificó un desplazamiento más prolongado en las siembras de secano. Según explicó, desde la década de los 80 se observa un retraso progresivo en el inicio de las lluvias.
“Antiguamente, en gran parte del país, las siembras de secano iniciaban en septiembre”, señaló Gonzales a ANF. Ese calendario permitía que los productores obtuvieran las primeras cosechas hacia la época de Navidad. Actualmente, explicó, la situación es diferente: “Las siembras comienzan entre noviembre y diciembre, e incluso se extienden hasta enero en algunas zonas”.
Este desplazamiento reduce el tiempo disponible para que los cultivos completen su ciclo biológico. “Si el ciclo no se desarrolla en los tiempos óptimos, se produce una disminución significativa en los rendimientos de la cosecha”, sostuvo Gonzales.
Hebert Araujo, técnico de CIPCA, explicó que el problema no se limita a la fecha de siembra, sino que alcanza las distintas fases de desarrollo de las plantas. “Las variaciones climáticas afectan las fases fenológicas, como la floración y fructificación”, señaló.
Araujo advirtió que una sequía o una helada durante una etapa crítica puede interrumpir el proceso productivo. “Si ocurre una sequía o helada en un momento de floración que ahora está desfasado, la producción puede detenerse por completo”, afirmó.
En el caso de la papa, uno de los cultivos más afectados en el Altiplano y los valles, Flores señaló que algunos agricultores optaron por cosechar antes de tiempo para evitar pérdidas provocadas por las heladas. Esta decisión, sin embargo, puede impedir que el tubérculo alcance su madurez adecuada y afectar incluso la disponibilidad de semilla para los siguientes ciclos.
El cambio climático también está alterando la diversidad agrícola. Gonzales explicó que varias variedades nativas de papa y maíz, adaptadas durante generaciones a ciclos más largos, ya no consiguen completar su desarrollo debido al desplazamiento de la temporada de lluvias.
“Muchos cultivos nativos son de ciclo largo y estaban adaptados históricamente a un ciclo que empezaba en septiembre y terminaba en abril”, explicó. Ante la incertidumbre, los productores recurren a variedades de ciclo corto que pueden completar su desarrollo en menos tiempo.
En Toro Toro, Norte de Potosí, Gonzales recordó que hace aproximadamente 16 años existían entre 15 y 16 variedades de papa “runas”. “Hoy en día, muchas han desaparecido”, afirmó. Algunas fueron reemplazadas por variedades como Desirée o Runatoralapa, consideradas más resistentes a las condiciones actuales o de ciclo más corto.
El fenómeno también alcanza al maíz y la quinua. En periodos críticos como la floración y la formación del grano, la falta de agua puede reducir considerablemente la producción. Flores ejemplificó el impacto en el maíz: “Hemos encontrado mazorcas del tamaño de una moneda de dos bolivianos”, señaló para describir la reducción del tamaño de los granos provocada por el déficit hídrico.
En las tierras bajas, cultivos como soya, arroz, cacao y café enfrentan igualmente alteraciones asociadas a temperaturas elevadas y excesos de humedad. Estas condiciones pueden generar desajustes en los ciclos productivos y favorecer la aparición de problemas como la podredumbre.
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Fuente: ANF


