Guadalupe: una devoción de cuatro siglos que nació en la Charcas colonial y aún se transforma en Sucre


La primera celebración de la Virgen de Guadalupe en La Plata se realizó a finales de 1601 y, desde 1602, la festividad quedó vinculada al 8 de septiembre.

Imagen de la Virgen de Guadalupe.

eju.tv /Fuente: ABI

La entrada folklórica que cada septiembre lleva a miles de bailarines y devotos a las calles de Sucre es solo una parte de una historia que comenzó hace más de cuatro siglos. La devoción a la Virgen de Guadalupe se remonta a 1601, cuando el religioso jerónimo Fray Diego de Ocaña llegó a la Real Audiencia de Charcas y pintó primero una imagen en Potosí y luego otra en La Plata, actual capital de Bolivia, donde la advocación se convirtió en patrona de la ciudad.



Ocaña, natural de Extremadura, España, llegó a Charcas como parte de su misión de difundir la devoción a la Virgen de Guadalupe de Extremadura. Según explicó Gabriel Salinas, director de Cultura de Chuquisaca, después de pintar la primera imagen en Potosí fue convocado por el obispo de La Plata, Alonso Ramírez de Vergara, también extremeño y jerónimo, para realizar la imagen destinada a la ciudad.

“Entonces, podríamos decir que, en alguna medida, la Virgen de Guadalupe podría haber sido una de las primeras patronas que ha tenido lo que ahora es el territorio boliviano”, afirmó Salinas.

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La primera celebración de la Virgen de Guadalupe en La Plata se realizó a finales de 1601 y, desde 1602, la festividad quedó vinculada al 8 de septiembre. La devoción fue creciendo alrededor de la imagen y tuvo en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, construido en 1617, uno de sus principales espacios de culto y encuentro.

Con el paso de los siglos, la festividad incorporó nuevas expresiones, pero también conservó prácticas que forman parte de su memoria histórica. Cada septiembre, las actividades se extienden durante todo el mes y combinan novenas, misas, serenatas, la procesión de la imagen y una Entrada Folklórica que actualmente reúne a más de un centenar de fraternidades.

Entre las expresiones más antiguas están las coplas de las novenas y prenovenas. Salinas explicó que existen registros en los archivos arquidiocesanos, en las actas capitulares del Cabildo y en las crónicas de Fray Diego de Ocaña. “Si bien hace cuatro siglos estas coplas se cantaban en latín o en castellano, hoy se cantan en quechua”, explicó.

Ese proceso de transformación también forma parte de la identidad cultural de la festividad. Las danzas, las músicas, las coplas y las vestimentas desarrolladas alrededor de la devoción fueron incorporando elementos propios de la sociedad y de la cultura de Sucre y Chuquisaca, sin romper el vínculo con las prácticas transmitidas entre generaciones.

La transformación de la festividad también quedó plasmada en la propia imagen. El manto y la joyería que la acompañan reúnen elementos de la orfebrería platense virreinal y testimonios de siglos de devoción. Una investigación realizada junto con el Gobierno Autónomo Municipal de Sucre identificó, según Salinas, representaciones de sirenas con charango y otros elementos relacionados con la cosmovisión andina.

El manto que cubre a la Virgen constituye, además, una suerte de registro material de la historia de la devoción. Está adornado con oro, plata y piedras preciosas, junto con miles de piezas entregadas por los devotos a lo largo de los siglos como ofrendas y exvotos.

“En el manto de la Virgen vemos representada también un poco la historia de Bolivia, de la forma de nuestra integración social, cultural e histórica”, sostuvo Salinas.

La imagen que hoy se venera conserva también las huellas de esa historia. En 1784, debido al peso de las joyas acumuladas sobre el lienzo, gran parte de la pintura fue sustituida por una lámina de plata dorada. El rostro de la Virgen y del Niño y sus manos se encuentran entre los elementos originales que se conservaron, convirtiendo a la imagen en una pieza que reúne dimensiones religiosas, artísticas e históricas.

La devoción mantuvo asimismo expresiones dancísticas como los Thanta Morenos, una manifestación característica de Sucre y Chuquisaca que Salinas considera que podría estar entre las más antiguas dedicadas a la Virgen de Guadalupe. La actual Entrada Folklórica, en cambio, es una incorporación posterior que comenzó a consolidarse a finales de la década de 1980 y que con el tiempo se convirtió en una de las principales expresiones públicas de la festividad.

En 2025, esta tradición alcanzó un reconocimiento internacional. El 9 de diciembre de ese año, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de Sucre, fue inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La declaratoria destacó precisamente el carácter vivo de una celebración que combina fe, música, danzas, coplas, vestimentas, prácticas religiosas y conocimientos transmitidos durante generaciones. Para Sucre, la celebración de 2026 adquiere así un significado particular: es la primera que se realiza después de la inscripción internacional.

El reconocimiento también implica una responsabilidad. La declaratoria de la UNESCO no constituye únicamente una distinción, sino un compromiso con la salvaguarda de la festividad, la transmisión de sus conocimientos y expresiones culturales y su continuidad entre las nuevas generaciones.

En esa tarea participan las instituciones y comunidades que sostienen la celebración. Para 2026, el Gobierno Autónomo Municipal de Sucre y el Comité Interinstitucional de la Festividad de la Virgen de Guadalupe preparan una programación especial, en un contexto en el que la tradición vuelve a ocupar las calles de la ciudad y a convocar a devotos, bailarines y visitantes.

Más de cuatro siglos después de que Fray Diego de Ocaña pintara aquella primera imagen en el territorio de Charcas, la Virgen de Guadalupe continúa transformándose. Sus coplas cambiaron de lengua, sus danzas incorporaron nuevos elementos, su manto acumuló las huellas materiales de generaciones de devotos y su fiesta pasó de una celebración colonial a convertirse en una de las expresiones culturales más representativas de Sucre.