El registro actualizado contabiliza 202.182 unidades: 39.880 usan diésel exclusivamente, mientras 94.487 pueden operar con GNV y otras 67.815 funcionan solo con gasolina.

Dos de cada 10 vehículos registrados como transporte público en Bolivia funcionan exclusivamente con diésel, según datos de YPFB y la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) difundidos por el Ministerio de la Presidencia. El registro contabiliza 202.182 unidades y muestra que 39.880 –el 19,7%– utilizan únicamente ese carburante.
El mayor grupo corresponde a vehículos que funcionan exclusivamente con gasolina: 67.815 unidades, equivalentes al 33,5% del total. A ellos se suman 29.290 vehículos que operan exclusivamente con Gas Natural Vehicular (GNV), el 14,5%.
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Otros 65.197 motorizados, el 32,2%, utilizan una combinación de GNV y gasolina. En conjunto, las unidades que emplean GNV, de manera exclusiva o combinada con gasolina, llegan a 94.487, equivalentes al 46,7% del transporte público registrado.
La distribución fue difundida por el Gobierno después de la eliminación de la subvención al diésel y en medio del debate sobre el impacto del nuevo precio del carburante en las tarifas del transporte.
Con estos datos, el Ejecutivo sostiene que el 80,3% del parque de transporte público no utiliza diésel de manera exclusiva. Sin embargo, la cifra describe el combustible principal o exclusivo utilizado por cada unidad y no significa que ese 80,3% quede completamente aislado de los efectos económicos del nuevo precio, ya que el costo del diésel puede incidir indirectamente en otros componentes de la actividad.
El registro también muestra una diferencia importante dentro del propio transporte público: mientras 39.880 unidades dependen exclusivamente del diésel, casi la mitad del parque registrado puede utilizar GNV.
El Gobierno ha planteado la migración hacia combustibles alternativos, particularmente GNV, como parte de las medidas para enfrentar el nuevo escenario energético. La información sobre la composición del parque permite ahora dimensionar el universo de vehículos que ya utiliza ese combustible y el segmento que depende exclusivamente del diésel.
El dato adquiere relevancia en momentos en que las organizaciones de transporte discuten nuevos costos operativos y posibles modificaciones tarifarias. La discusión ya no se limita al precio del diésel, sino también a qué proporción del parque automotor depende directamente de ese carburante y qué alternativas existen para reducir esa dependencia.