El ministro de la dictadura, Eduardo Rodríguez Dávila, reconoció que las salidas de autobuses interprovinciales pasaron de 419 a apenas 11 diarias, mientras la isla acelera un viraje forzado hacia la movilidad eléctrica.
Fuente: Infobae
De las más de 100 rutas de autobuses interprovinciales que operaban en Cuba, apenas 21 siguen activas. Las salidas diarias cayeron de 419 a poco más de 11, y los trenes que conectaban las provincias cada cuatro días ahora lo hacen solo una vez cada 16 días. El transporte público de la isla atraviesa, según su propio régimen, uno de los peores momentos de su historia.
El ministro de Transporte de la dictadura, Eduardo Rodríguez Dávila, admitió la magnitud de la crisis durante una gira de prensa en La Habana recogida por Reuters. “Se ha producido un descenso notable en los principales servicios”, señaló el funcionario, y precisó que la caída en los servicios públicos urbanos, interurbanos y de corta distancia alcanza el 90%.

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Las cifras del colapso en autobuses y trenes
La red de autobuses nacionales, columna vertebral del transporte entre provincias en una isla que se extiende a lo largo de 1.250 kilómetros, opera hoy a una fracción mínima de su capacidad.
Rodríguez Dávila detalló que las más de 100 rutas disponibles se redujeron a 21, mientras que las 419 salidas diarias quedaron en apenas 11 por jornada. En la terminal de autobuses de La Habana, las unidades interprovinciales permanecen estacionadas sin prestar servicio.
El sistema ferroviario muestra un deterioro similar. Los trenes que antes partían hacia las provincias cada cuatro días ahora realizan ese recorrido una sola vez cada 16 días, según los datos proporcionados por el ministro.
“Los servicios de transporte público tradicionales del país se encuentran en uno de sus peores momentos de la historia”, reconoció Rodríguez Dávila.

Los cubanos recurren al autostop y al transporte privado
Ante el desplome del sistema público, los cubanos han buscado alternativas por cuenta propia. El autostop, los viajes compartidos de manera improvisada y el transporte privado —considerablemente más costoso— se convirtieron en las opciones disponibles para millones de personas que necesitan desplazarse a diario.

Los vehículos eléctricos ganan terreno, pero enfrentan sus propios límites
La escasez de combustible aceleró un viraje hacia la movilidad eléctrica. De los cerca de un millón de vehículos matriculados en Cuba, aproximadamente 150.000 son eléctricos, una cifra que el ministro considera inferior a la real porque muchos vehículos importados por particulares aún no fueron registrados. “La cifra real es mucho mayor, razón por la cual se ven tantos en las calles”, explicó.
Las ventas reflejan esa transformación: mientras que el año pasado los vehículos eléctricos representaban apenas el 3,5% del total de ventas, a finales de agosto pasado esa proporción había trepado al 40%. Los concesionarios dedicados a este segmento se duplicaron durante el año en curso.
El régimen también incorporó unidades eléctricas a su flota estatal. Minibuses eléctricos trasladan personal médico en La Habana, y el servicio funerario cuenta con vehículos eléctricos y estaciones de carga propias. Triciclos y taxis eléctricos estatales circulan por las avenidas de la capital.

La infraestructura de carga, el próximo desafío
Sin embargo, la expansión eléctrica choca con obstáculos concretos. Rodríguez Dávila reconoció que el desarrollo de redes y estaciones de carga avanza, pero advirtió sobre la presión que la cantidad creciente de vehículos eléctricos ejerce sobre la red eléctrica del país.
La fragilidad del sistema quedó expuesta durante la propia gira de prensa: en una de las paradas, decenas de triciclos eléctricos amarillos de propiedad estatal permanecían inactivos en un estacionamiento porque no había electricidad para cargarlos. Los taxistas presentes expresaron su frustración ante la situación.
