El oscuro personaje que estafó a las Madres de la Plaza de Mayo


Sergio-Schoklender_1_ Sergio Schoklender -acusado en los 80 de asesinar a sus padres- era el encargado de administrar los dineros que el Estado le daba a la organización para construir proyectos de vivienda, salud y educación.

El nombre de Sergio Schoklender tiene a gran parte de Argentina con la mirada puesta en una de las más reconocidas organizaciones civiles de ese país: las Madres de la Plaza de Mayo.

El ex administrador de la famosa organización de derechos humanos nacida tras la dictadura está acusado por la justicia de fraude a la administración pública, lavado de dinero y asociación ilícita. Desde entonces, las Madres, el gobierno y Schoklender están enfrascados en una serie de dimes y diretes que han destapado amistades turbias, falta de fiscalización y adicciones al lujo.



La investigación cree que Schoklender desvió dineros que el Estado entregaba a las Madres para el programa "Sueños compartidos" dedicado a la construcción de proyectos de vivienda, escuelas y centros de salud en barrios pobres, los que finalmente terminaban en empresas inmobiliarias de su propiedad. Y es que al menos los datos aparecidos tras las pesquisas revelan una serie de excesos. "No es delito volverse millonario. El delito podría estar en el origen de esa fortuna", enfatizó ayer un columnista en el diario argentino La Nación.

El pedido de investigación presentado hace un año por una diputada opositora a raíz de la sospechosa compra de una hacienda por parte de Schoklender, fue la punta del iceberg. Ahora se sabe que Schoklender es un apasionado de la náutica, a tal punto que en los últimos cuatro años compró al menos cuatro embarcaciones, por las que pagó casi medio millón de dólares, según una investigación realizada por La Nación. Los pagos de dos de esas embarcaciones se hicieron en dólares, en efectivo, en una compañía financiera vecina a la sede de Madres de Plaza de Mayo. Ahora, esa financiera está siendo investigada por lavado de dinero.

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En una de sus últimas apariciones públicas, Schoklender dijo a la prensa: "Tuve una lanchita, tuve una lancha más grande, un crucerito chiquito, que lo compré junto con mi suegro, que lo tuvimos que vender para ayudar en un momento a las Madres, todo eso fue antes de 2001". No mencionó su historia náutica posterior. Las transacciones en los años siguientes incluyeron la compra en mayo de 2010, de un crucero de 14 metros de eslora valorado en 420.000 dólares. Entremedio se hizo de dos aviones: un Piper Cheyenne II y un Cessna Citation; y tendría un Ferrari y un Porsche.

"Las acusaciones son contra el apoderado, que era Sergio, y contra su hermano (Pablo, que también trabajaba con las Madres), y si cometieron delito tendrán que pagar", expresó el domingo pasado Hebe de Bonafini, presidenta de la organización. La líder, que encontró amparo político en el gobierno de Néstor Kirchner, rompió el silencio que había mantenido desde que se supo del escándalo.

El lunes último, Schoklender se presentó espontáneamente en los tribunales y entregó documentación al juez Norberto Oyarbide "para probar que no cometió delito alguno", dijo su abogado.

Schoklender se defiende pero Bonafini ya le dio la espalda. "Los hermanos Schoklender son estafadores y traidores", dijo Bonafini, al anunciar que pidió ayuda legal al gobierno de Cristina Fernández.

La rara relación entre Schoklender y Bonafini se inició en los años 90 cuando el hombre aún purgaba cadena perpetua por el asesinato de sus padres. El brutal crimen fue cometido en 1981 por Sergio, entonces de 23 años y su hermano Pablo, de 21. El increíble caso policial, llevado al cine con el título "Pasajeros de una pesadilla", es la sórdida historia de una familia de clase media alta integrada por un padre homosexual -representante en Argentina de empresas europeas de industria bélica- y una madre ninfómana que según el testimonio de los hermanos abusaba sexualmente de ellos.

Bonafini estaba convencida de que el asesinato de los padres de Schoklender tenía relación con una venta de armas a la dictadura, versión que nunca pudo comprobarse. Al conocer a Sergio, quedó deslumbrada por la inteligencia y capacidad de trabajo de este hombre que estando preso se recibió de abogado y psicólogo, señala France Presse.

En 1995, tras purgar 10 años de cárcel, Schoklender fue beneficiado con salidas laborales que realizaba con las Madres.

Bonafini encontró en Schoklender a un hombre en quien apoyarse y a quien apoyar como si fuera un hijo, de manera de cumplir su aspiración de proyectar su lucha más allá de los desaparecidos, dicen en su entorno. Bonafini está hoy preocupada porque en un año electoral, las esquirlas del estallido puedan rozar a la Presidenta Fernández, con quien mantiene una estrecha relación.

El Mercurio – Santiago de Chile