Médico boliviano en Francia lucha contra el virus cada día


Enrique Córdova, que trabaja en el hospital Saint Vincent de Paul en la ciudad de Lille, comparte su experiencia en uno de los países más afectados por el COVID-19 y evalúa la penetración de la pandemia en Bolivia.
Enrique Córdova en la puerta del servicio de emergencias del hospital Saint Vincent de Paul en Lille, Francia. CORTESÍA
Los miles de kilómetros que lo separan de su país de origen no son un obstáculo para no sentirse preocupado por la situación epidemiológica que podría vivir Bolivia, los próximos días, ante la propagación de la COVID-19. Su temor está basado en la experiencia de tener que enfrentarse, cada día y desde hace un mes, al virus que está causando la muerte de miles de personas y que, prácticamente, ha puesto en hibernación al mundo entero.Con una videollamada desde Lille, la quinta ciudad más grande de Francia, el médico boliviano Enrique Córdova Eguívar nos cuenta cómo es su trabajo en Emergencia del hospital Saint Vincent de Paul, que atiende a los pacientes sospechosos y confirmados de tener el nuevo coronavirus.Son las ocho de la noche allá y las dos de la tarde acá. Acaba de retornar a su hogar después de pasar todo el día en el hospital. Sus rasgos faciales y lenguaje corporal denotan cansancio y preocupación. No obstante, se toma el tiempo necesario para conversar sobre cómo enfrenta Francia esta crisis, la atención hospitalaria, los síntomas (tres de los cuales no son muy difundidos pero que están presentes en esta enfermedad), las recomendaciones necesarias para la población, y sobre las falencias que percibe de la realidad en Bolivia.Enrique Córdova tiene 50 años. Egresó de la Universidad Mayor de San Simón y se especializó en terapia intensiva, emergenciología (medicina de urgencias) y telemedicina. Tres especialidades médicas claves en este tiempo de pandemia.Al margen de su trabajo en atender físicamente a los pacientes que llegan al hospital, es el encargado del departamento de Telemedicina. Todas las mañanas, atiende y controla a los pacientes sospechosos y confirmados con COVID-19 —que se encuentran realizando la cuarentena y el tratamiento en sus domicilios— con una teleconsulta.“Mediante el teléfono celular hago preguntas sobre su estado. Son persona que ya hemos visto o tratado en el hospital, sabemos quiénes son y lo que tenemos que preguntar para saber si tienen complicaciones, si están bien y pueden seguir en la casa o si hay que volverles a traer al hospital”, explica Córdova, quien junto a su equipo de nueve médicos realiza un seguimiento detallado de sus pacientes.P. ¿Cómo enfrentó su hospital la llegada de esta nueva enfermedad?R. Con el surgimiento de la enfermedad en la China, era cuestión de tiempo de que llegaría a otros países. Los hospitales en Francia comenzaron a tomar sus previsiones desde enero. En nuestro caso, hemos habilitado, progresivamente, los sectores utilizados en otras especialidades médicas solo para atención de pacientes con COVID-19. Lo mismo que en el departamento de Urgencias.Lo que pasa con este virus es un cálculo simple: es más mortal y contagioso que la gripe, si infecta a un grupo de 100 personas, 20 van a estar muy mal y 5 necesitarán terapia intensiva. Si pensamos en poblaciones más extensas, se necesitará una cantidad enorme de camas de terapia intensiva. Había que prepararse, especialmente para la cantidad de pacientes que vamos a recibir los próximos días.P. En este sentido, ¿cómo ve la situación en Bolivia?R. A mí lo que me inquieta de Bolivia es la insuficiencia de los servicios de reanimación y de ventiladores artificiales. Si la epidemia avanza en Bolivia, tanto como aquí con el contagio comunitario, van haber muchos muertos. Los profesionales bolivianos están capacitados, lo que dificulta su trabajo son las limitaciones físicas. Hay que organizar los hospitales. Necesitamos más camas de terapia intensiva, pero como no las tenemos, hay que tratar de evitar el colapso de los servicios médicos con la llegada muchos pacientes graves al mismo tiempo; para eso, es importante realizar el tamizaje de los pacientes, aplicando las pruebas de diagnóstico a un mayor número de personas.También es fundamental que la población no se exponga al virus, que se proteja y comprenda la gravedad de la situación.  Los enfermos graves empeoran rápidamente y necesitan respiradores, por lo menos tres semanas.P. Cada día ve pacientes con COVID-19, ¿cuáles son los principales síntomas que tienen esas personas?R. Los síntomas son bastante banales al principio: tos seca, fiebre y dolor de cabeza. Cuando hay falta de respiración y cansancio extremo, la situación se está agravando.Hay otras señales típicas de esta enfermedad: la perdida del olfato y gusto, y la sensación esporádica de calor brutal en la cara. Al parecer, la disminución temporal de estos dos sentidos en algunos pacientes, sería una señal de que la enfermedad tendrá un buen pronóstico.La COVID-19 puede evolucionar en dos etapas. La primera semana provoca síntomas leves. El riesgo de complicación ocurre entre los días 7 y 10, es la segunda ola. Por eso, es importante la vigilancia de los pacientes; para eso utilizamos la telemedicina.A tiempo de finalizar la entrevista, surge la pregunta: ¿no siente temor de contagiarse? A la que responde sin dubitar: “Hemos estudiado para esto y todos mis colegas están al pie del cañón. Queremos hacerlo bien, yo, no tengo miedo. Tengo la impresión que estoy haciendo lo que es mi deber”.“En esta epidemia, como en la guerra, hay que usar todas las armas posibles para vencer y, en este caso, la tecnología es una de ellas”, dice Córdova al resaltar la importancia de aplicar la telemedicina para combatir el nuevo coronavirus.Fuente: https://www.opinion.com.bo