Róger CortésEl partido gubernamental se ha convertido en una usina de planteamientos, a ver si alguno sirve para salir del enredo creado por la compulsión presidencial de reactivar el conflicto del TIPNIS, con la ilusión de reparar la derrota que le infligieron la VIII marcha indígena y el movimiento social urbano que la respaldó.“Anulación de la ley corta”, “¡No! Aprobación de una nueva ley”, “Diálogo a empellones”, “Consulta previa… o póstuma; no importa”, “Consulta al Tribunal Constitucional”, “Mediadores internacionales”, “Referendo”… y la lista sigue creciendo.Ninguna de las iniciativas atiende al fondo del problema, ni rectifica los torcidos orígenes de un proyecto ilegal, ilegítimo, anticonstitucional, anti-indígena, carente de estudios sociales, económicos y ambientales de respaldo, y lastrado por un contrato acribillado de observaciones por sus irregularidades y basado en una supuesta estrategia geopolítica, que consistiría en desplazar el eje de la economía beniana del este al centro del país.Lejos de cualquier genialidad, la idea es floja, porque la ruta que “n-e-c-e-s-a-r-i-a-m-e-n-t-e debe romper la selva” conecta un eje transoceánico con una ruta secundaria, desatendida y precaria, y no se acompaña del enorme plan de inversiones paralelas (prevención y remediación ambiental, silos, frigoríficos, mataderos, redes viales secundarias) que se necesita, incluyendo el mantenimiento del eje norte, así como un serio estudio de trazados alternativos.La contramarcha montada, dirigida y financiada para tapar todas las incongruencias, falsedades, ha fracasado y está ahondando las contradicciones internas, que han superado hace mucho el espacio local, de modo que si insisten con referendo o consulta para revocar la ley aprobada, tiene que ser necesariamente nacional.La ruta para salir del pozo al que ha conducido el presidencialismo imperial, a la cabeza de intereses comerciales y especulativos de la tierra, atraviesa campos completamente diferentes a los que se ensayan ahora, y podría comenzar con: autocrítica, repliegue, silencio, modestia, reconciliación, apertura franca, democratización y el abandono de idolatrías y supercherías materiales, simbólicas y personales.La Prensa – La Paz