Caminata indígena en defensa del TIPNIS. 20 kilómetros hasta Sacramento. Hoy parten hacia Chuspipata. Se unieron más marchistas.
CANSANCIO. Los ciclistas y los motoqueros amenazan la integridad de los caminantes. Están a 1.800 metros y caminar se hace difícil, pero ya se acercan a La Paz
Pablo Ortiz. Sacramento, El Deber
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Miguel Ángel Uche lo sabe: después de que un marchista muere, la columna se siente rara. Todos tienen ganas de caminar, de seguir, pero se siente un vacío imposible de llenar. “Uno no sabe si estar contento, callado o dejar de caminar”, confiesa Miguel Ángel, que el 26 de mayo de 2010 decidió seguir en la columna de la octava marcha tras la muerte de Juan de Dios, su hijo de ocho meses que perdió la vida en San Borja.
“Con mi mujer no sabíamos si volvernos a nuestra casa o seguir. Decidimos seguir, porque volver a nuestro territorio con las manos vacías era como botar la vida de nuestro hijo. Pero esos acuerdos quedaron en nada, entonces yo tengo que salir a marchar hasta que mi territorio y nuestros derechos sean respetados, porque, si no, el sacrificio de mi hijo habrá sido en vano”, dice Miguel, indígena del Territorio Multiétnico 1.
La columna se levantó temprano tras despedir los cuerpos de los hermanos Otilia Cunay y Alejandro Cayuba, que ayer llegaron a San Borja para ser sepultados. Los marchistas primero acompañaron el ritual de los marchistas aimaras, que recibieron su Año Nuevo con un ritual andino de saludo al sol.
Pronto, la columna se puso en marcha. Desde las 7:00, comenzaron a subir los cerros por donde corre la carretera de la muerte. La columna iba en silencio y a casi todas las banderas les amarraron crespones negros para expresar el luto por los dirigentes tsimanes Otilia y Alejandro, y el paramédico paceño Justo Illanes.
La columna comenzó a serpentear por los cerros y pronto el esfuerzo comenzó a dividirla. Había demasiados niños y mujeres mayores caminando en los primeros tramos y no podían mantener el paso marcado por la cabeza. Fue ahí, como a tres kilómetros de Yolosa, que Celso Temo se puso al frente. El anciano, miembro del Cabildo Indigenal de Trinidad había llegado en la madrugada para sumarse a la marcha junto a 31 de sus compañeros y tomó una caja y comenzó a marcar el ritmo de la marcha. Sin flauta ni bombo que lo acompañe, el anciano dejó salir el ritmo de un carnaval por los próximos 17 kilómetros y la columna se vio más compacta.
La marcha tenía doble desafío. En este tramo, la ‘carretera de la muerte’ es un hilo polvoriento de unos tres o cuatro metros de ancho tallado en la cintura de los cerros. Sin embargo, en ese camino hay esperanza. Detrás de los cerros encrespados por árboles de palos blancos y helechos gigantes, se ven las montañas con picos nevados tan altos que perforan las nubes. Detrás de esas montañas está La Paz, el destino, el lugar adonde quieren llegar para sentarse frente al Presidente y sus ministros y discutir su plataforma de demanda.
Antes de encontrarse con las primeras cruces que justifican el nombre de esta ruta, comienzan los primeros síntomas del ascenso. Un hombre que llegó en un grupo del Tipnis tiene dolor de cabeza. Está a 1.800 metros de altura.
La mayor amenaza para la marcha son los ciclistas y motoqueros que bajan como petos por la carretera desierta. Cuando llegaron al campamento, el majao batido con pollo los estaba esperando y la Alcaldía de la Paz había armado carpas grandes para los que aún no tenían camping. El majao alcanzó para todos y repuso fuerzas. Incluso dio para que un grupo de 10 artesanos y malabaristas que se ha unido a la marcha también coman. Mientras uno de ellos jugaba con tres clavas, Miguel Ángel miraba con su hija desde un hule tendido en el suelo. Él sabe lo que se siente caminar después de una gran pérdida; él quiere que esta pérdida no sea en vano.
Se unieron más marchistas
A pie. Se unieron dos nuevos grupos a la columna. Se trata de 32 indígenas del Cabildo de Trinidad y de 30 del Tipnis. Los venidos del Isiboro Sécure explicaron que los motores regalados por Evo Morales están sirviendo para salir hasta Trinidad y asistir a la marcha.
Buena ayuda. La Alcaldía de La Paz ha movilizado a su departamento que atiende emergencias para ayudar a la marcha. Explican que desde la columna le han enviado cartas solicitándole colaboración médica y la Asamblea de la Paceñidad también intercedió para que colaboren en temas humanitarios. Proporcionaron agua, un consultorio móvil, un camión mediano para trasladar víveres y ropa y un micro para llevar a los niños.
Heridos. Los ocho heridos por el accidente del martes que se quedaron internados en Caranvi se recuperan de sus heridas. Siguen en observación y se evaluará dar a algunos de alta hoy. De los trasladados a La Paz, Aldo Moreno sigue grave, con daño en la columna. Lucera Cunay y Yoisi Fabricano se recuperan.