El bloque de gobiernos surgidos a la sombra del extinto caudillo venezolano Hugo Chávez busca afanosamente la vía para debilitar el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, toda vez que las instituciones que lo componen, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y muy especialmente la Relatoría Especial sobre Libertad de Expresión, preocupan a aquellos regímenes por el trabajo de fiscalización respecto a sus arbitrariedades.
Ya Chávez había dado tiempo atrás el pitazo inicial para la ofensiva, que fue continuada luego por el ecuatoriano Rafael Correa.
Ahora la posta pasó a manos de Evo Morales, a raíz de la audiencia concedida por la CIDH a representantes indígenas del TIPNIS, quienes ventilaron en ese foro internacional los abusos cometidos contra los marchistas en Chaparina.
En un acceso de furia, el mandatario cocalero advirtió con “retirar a Bolivia de la CIDH” y dijo que el organismo es un “instrumento del imperialismo y del capitalismo” contra los “gobiernos progresistas”.
La acusación de parcialidad contra la CIDH no resiste el menor análisis, toda vez que este organismo ha condenado las violaciones a los derechos humanos de gobiernos de muy distinto sesgo ideológico: desde las dictaduras militares de los ´70 hasta Colombia y México, pasando por El Salvador, Guatemala y Estados Unidos.
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Pero lo que molesta a los “bolivarianos” es que ellos también puedan ser cuestionados, sobre todo cuando arremeten contra la libertad de prensa.
Por otra parte, cuentan con la posición tibia adoptada por Brasil, debido al diferendo con la CIDH a raíz del megaproyecto hidroeléctrico de Belo Monte en el Amazonas.
Es mucho lo que está en juego y la adscripción al Sistema Interamericano de Derechos Humanos es una causa que los demócratas de todo el continente no pueden dejar de abrazar…