Había una vez un país donde los pueblos, aeropuertos, estadios, carreteras y colegios tenían el nombre del presidente. Llamémosle a ese país Evolandia…
Claro que no se trata de ninguna ficción, sino de la cruda realidad de Bolivia bajo el régimen hiper-caudillista del “Estado Plurinacional”.
Silenciosamente, sin que mediara consulta alguna a los habitantes de los distintos lugares en cuestión, los nombres de los sitios mencionados han ido cambiando progresivamente.
Primero fue el pueblo de Montevideo, en el departamento de Pando, que mutó a Puerto Evo. Le siguieron los estadios de Chulumani, Coripata y Coroico (La Paz), que al cambiar del césped natural al sintético también fueron objeto de una súbita transmutación nominal.
En Villazón, el estadio “Defensor del Chaco” pasó a llamarse “Evo Morales”, extraño fenómeno permutativo que también afectó a un colegio tupizeño, a un centro cultural de Villa Tunari, al mercado de Huacareta en Chuquisaca, a la carretera Cotagaita-Villa Abecia, al complejo deportivo de San Joaquín (Beni) y al estadio del municipio cruceño Carmen Rivero.
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Se salvó de tal destino el aeropuerto internacional de Oruro, gracias a la lucha de la población, pero al parecer habrá nomás un aeropuerto “Evo Morales”, sólo que en Chimoré.
Pruebas tragicómicas de la existencia de un difundido “culto a la personalidad”, viejo síntoma de los regímenes con aspiraciones totalitarias…