El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció el jueves que los países «hostiles», incluyendo a todos los miembros de la UE, deberán tener cuentas en rublos desde el viernes para comprar gas ruso. Sin esa condición, «se suspenderán los contratos existentes», advirtió Putin.
Nadie parece muy bien entender el sentido del decreto ruso que obligaría a los alemanes y al resto de países europeos que compran gas ruso a pagarlo en rublos. Del lado de Alemania son más de 80 millones de euros que cada día siguen transfiriendo a Rusia en plena guerra, a cambio del imprescindible gas.
El decreto ruso amenaza con cortar el suministro a los países que no lo hagan, pero por otro lado habilita una cuenta del consorcio de gas ruso Gazprom en que el pago se puede hacer en euros.
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El canciller alemán Scholtz dijo que los pagos lo seguirán haciendo en euros, tal y como está indicado en el contrato con el consorcio. La idea rusa parece ser intentar fortalecer al rublo y la economía rusas contra las sanciones europeas, un efecto que por lo demás parecería ser más psicológico que económico, dicen los expertos. Esta medida se toma en respuesta al bloqueo de 300.000 millones de dólares de reservas de divisas que Rusia tenía en el extranjero, decidido por las potencias occidentales como represalia por la ofensiva de Moscú en Ucrania.
Previamente, el Kremlin había minimizado el alcance de la medida que obliga a los europeos pagar sus facturas de gas en rublos y no en euros o en dólares, alegando que se trata de una simple operación de cambio.
El ministro de economía alemán, Robert Habeck, insistió hoy que el gas ruso es por ahora simplemente imprescindible para Alemania y que no hay alternativas a corto ni mediano plazo para reemplazarlo. Europa, la otra gran enemiga de Rusia en esta guerra, transfiere cerca de 660 millones de euros cada día a Rusia por su gas y su petróleo.
Con Sergio Correa desde Alemania y la AFP.

