Jaime Aparicio: “De esta desgracia (caso Silala) puede salir una oportunidad”


«Chile tiene que dejar esa cierta arrogancia que ha caracterizado muchos capítulos de su política exterior. Y Bolivia también tiene que actuar con racionalidad y olvidarse ya de los ataques, los insultos (…) la realidad, los hechos y las dos derrotas a las que nos ha llevado Evo Morales nos obligan a esa visión», sostiene el exembajador boliviano Jaime Aparicio.

 

  • Carrera. Aparicio es diplomático de carrera, ocupó diversos cargos en el servicio exterior.
  • Consultor. Jaime Aparicio lidera una consultora dedicada a temas de relaciones internacionales.
Fuente: Los Tiempos
Rafael Sagárnaga

Desde Washington DC, el destacado diplomático boliviano Jaime Aparicio Otero conversó con OH! sobre las complejas relaciones Bolivia-Chile. Aparicio considera que, tras el cierre del caso Silala, el Gobierno debe asumir el nuevo escenario como una oportunidad de reencaminar su política exterior.



—Hay quienes, como el expresidente Eduardo Rodríguez, han dicho que en el fallo del Silala no hubo ni vencedores ni vencidos. Otras voces hasta le han dado un cierto tono triunfalista a favor de Bolivia. Y no pocas la sitúan como una derrota en toda regla. ¿Cómo califica usted ese resultado ese fallo? 

—No cabe duda de que ha sido una nueva derrota, una derrota categórica. Fue un tema que no sólo ha sido mal manejado, sino que se lo ha llevado adelante con fines de política interna, electoral. Da mucha preocupación que gente bien formada, como el exagente y otros, sigan diciendo que no hubo vencedores ni vencidos.

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Acá lo que ha habido es un verdadero absurdo desde el punto de vista jurídico. Ingresaron una demanda en la cual Chile le pedía a la Corte que decida si el Silala es o no un curso de agua internacional. Ello, en el entendido de que había un conflicto. Bolivia sostenía que eran manantiales que no discurrían hacia Chile, salvo por un canal que se había construido en virtud de un acuerdo, no con el Gobierno chileno, sino de la Prefectura de Potosí con una empresa chilena. Entonces, ése era el fundamento jurídico de esta controversia.

Sorpresivamente, y no avisaron ni el presidente Morales, ni el canciller ni el agente, en la contrademanda de Chile, aceptaron los términos del planteamiento chileno. Es decir, se aceptó que era un curso de agua internacional. Y no sólo eso, se aportaron pruebas técnicas de una empresa danesa que ratificaban que era un curso de agua internacional. Entonces no se puede hablar de que no ha habido vencidos, sino de que se ha ido a un juicio que ya no tenía fundamento jurídico. No tenía fundamento jurídico desde el momento en que aceptamos, como Estado, que era un curso de agua internacional.

—¿Y quién comunicó o cuándo se supo que se había aceptado esa condición?

—Recién, a principios de 2020, cuando la canciller Longaric en un comunicado de Cancillería informó al pueblo boliviano que se habían aceptado los términos de la demanda chilena. Por tanto, ya ese proceso no tenía objeto jurídico. Entonces hemos sido claramente derrotados porque la tesis original boliviana de que eran las aguas propias de Bolivia fue cambiada.

—¿Y el reconocimiento de los canales que construyeron hacia territorio chileno?

—El tema de la propiedad de los canales ya lo había reconocido Chile en el curso del proceso, o sea, no había un tema del litigio. Y los temas de la compensación y de la de la existencia de unas supuestas aguas artificiales o aumentadas han sido desestimados. La Corte no ha tomado en consideración de esos temas. Entonces, no se puede hablar como se trataba de hablar en 1904. También quienes firmaron el Tratado de 1904 dijeron: “No hubo vencedores ni vencidos”.

Acá hubo vencedores y hubo derrotados. Chile se lleva la certeza jurídica de que es un río, de que se aplican las reglas del derecho internacional a ese curso de agua. Es lo que buscaba. Y Bolivia se lleva, después del tema marítimo, una segunda derrota. Ésa es la verdad y no hay que taparla. Hay que reconocer, hay que ver que se ha actuado muy mal. El propio Canciller chileno ha ratificado hoy que las amenazas de Evo Morales fueron el catalizador de la demanda chilena.

Chile demandó porque hubo una amenaza de Evo Morales de demandarlos, y además los acusó de robarse agua. Entonces, pueden hacer muchas declaraciones, tratar de justificarse, como el Presidente del Senado diciendo que la Corte nos reconoció el derecho sobre el canal artificial. Pero todo eso no justificaba un proceso que le ha costado al país más de 18 millones de dólares, un gasto inútil. La creación de oficinas y todo un proceso para llegar a este resultado muestra la improvisación, la negligencia, el mal manejo de nuestra política exterior.

—¿Otra mancha para el servicio exterior boliviano?

—Un servicio exterior que ya no existe, que ha sido desmantelado. Y ahí está el resultado, ¿no? Mientras tanto, Chile ha sacado un resultado positivo. Ha demostrado lo que se puede lograr con una política institucional donde no entra la política interna, sino los intereses permanentes de un país.

—Tras estas derrotas sucesivas, ¿cómo cree que debe encararse a futuro la política en la relación con Chile?

—Tenemos que repensar nuestra relación. No nos olvidemos de que éstas son derrotas jurídicas, o sea, que no hay vuelta atrás, son sentencias inapelables. Todo lo que está en la Constitución de que nuestros recursos naturales son innegociables, “inembargables”, esos temas nunca debieron llevarse a una corte. Ello porque es un escenario siempre incierto.

¿Cómo, si hay esas prohibiciones constitucionales, si hay riesgos de que surja un candado definitivo a las aspiraciones y derechos que alegaba Bolivia, se pudo llevar allí? Es como poner en la ruleta la suerte de un país, es una gran irresponsabilidad con la que se ha actuado. Y todos aquellos, incluyendo excancilleres que se han prestado a esta aventura con fines político electorales de Evo Morales, tienen cierta responsabilidad en este el lamentable manejo de estos dos casos.

Entonces, al ser temas jurídicos y haber cerrado las puertas de una negociación con soberanía, y haber cerrado las puertas de un uso exclusivo del Silala, por parte de Bolivia, implican y obligan a Bolivia una negociación a replantearse sus relaciones. Ahora, si hay un poco de sentido común, tenemos que reanudar relaciones con Chile y negociar de una forma muy diferente. Pero para eso hay que tener una política exterior y un servicio exterior profesional.

—¿Cuáles serían los objetivos de esa negociación?

—Cómo vamos a usar nuestros recursos compartidos. Dentro de estas dificultades y esa realidad jurídica a la que nos ha llevado Evo Morales, cómo hacer que la relación de Bolivia con Chile ayude al desarrollo boliviano. Una relación que ayude a mejorar los ingresos, a mejorar las exportaciones.

Una relación que ayude al país, de alguna manera, cerrando esa visión de los juicios, porque ya los hemos perdido, y abriendo una etapa de cooperación. No queda otra cosa. Es la única vía que queda para para repensar nuestras relaciones con Chile

—¿No cree que de ambos lados debían también relajarse las posturas patrioteras? 

—Sí, creo que hay que sacar los fanatismos y los extremos en ambos países. Chile es un país complementario a Bolivia. Es decir, Chile tiene todo lo que no tenemos nosotros y Bolivia tiene todo lo que no tiene Chile. Nosotros tenemos recursos y Chile tiene el conocimiento de los mercados mundiales y los acuerdos de integración.

Es un país que se ha vinculado estrechamente a la Alianza del Pacífico. Es un país que puede ser un motor de desarrollo para para Bolivia. Y Bolivia es un país con recursos, con grandes posibilidades. Ambos tenemos y compartimos el litio, tenemos los temas de la agroindustria. Puede ser una relación que nos lleve a que cambie de ese círculo vicioso en el que hemos estado viviendo a un círculo virtuoso de cooperación y desarrollo. Eso si es que prevalecen las voces de sensatas, las voces institucionales y se apuesta por una relación ya de amistad y cooperación.

Tenemos que hacer un mea culpa de los errores que hemos cometido. Debemos reflexionar sobre la forma tan torpe y tan poco visionaria con la que se han manejado estos estos temas y lo que implica la derrota en La Haya. Y que Chile no lo tome esto como un triunfo, porque sería otro gran error.

—¿Por qué el triunfalismo sería un error para Chile? 

—(El fallo) les da certeza jurídica, pero no es un triunfo. Un triunfo es tener una buena relación con un país vecino, una relación estrecha, productiva, a futuro. Además, para solucionar también los problemas de migración, de drogas, de contrabando, es decir, la geografía determina que los dos países nos necesitamos.

Chile tiene que dejar esa cierta arrogancia que ha caracterizado muchos capítulos de su política exterior. Y Bolivia también tiene que actuar con racionalidad y olvidarse ya de los ataques, los insultos. Ésa es la única forma, y no lo estoy diciendo yo porque lo crea así; la realidad, los hechos y las dos derrotas a las que nos ha llevado Evo Morales nos obligan a esa visión.

Ya no podemos seguir haciendo juicios, no podemos seguir yendo a los foros internacionales porque ya nos han puesto dos candados. Y esos candados ya no se pueden abrir. Entonces hay que abrir las vías de la cooperación y el entendimiento y la racionalidad.

—¿Y en ese escenario, cómo podría, de alguna manera, resolverse la aspiración marítima?

—Ese tema es muy complicado de verlo en este momento porque implicaría cambios constitucionales en Bolivia. En la Constitución que impuso Evo Morales, en condiciones que todos conocemos fueron bastante anormales, se prohíbe negociar cualquier salida que no sea soberana. A pesar de esa prohibición, Morales llevó este tema a La Haya, y la derrota significa que Chile no tiene obligación de darnos una salida soberana. Por lo tanto, estamos en un callejón sin salida.

La Constitución prohíbe negociar una salida sin soberanía, pero Chile ofrece vías de salida y de acceso al océano sin soberanía. Lo ha hecho el presidente Lagos, lo ha hecho el presidente Frei. A mí me tocó una de esas negociaciones donde se hablaba de concesiones, enclaves, muchas fórmulas, digamos, modernas e imaginativas, de darle un acceso real, sin soberanía, a Bolivia.

No será posible mientras no se llegue a soluciones nuevas como ha llegado la Unión Europea. Allí uno puede ir de desde Madrid hasta el puerto de Rotterdam sin parar, sin que le exijan nada. Mientras no haya libre circulación y se solucionen los problemas reales de las exportaciones bolivianas, mientras no se cambie la Constitución y no se lleguen a acuerdos, digamos, con otra visión, será difícil. Hoy es muy difícil hablar de negociar el tema marítimo. Entonces habrá que empezar por otros temas.

—¿Es optimista o pesimista en cuanto al futuro de las relaciones con Chile? 

—De esta desgracia puede salir una oportunidad, y es que los bolivianos tomemos conciencia de nuestros errores y de la forma tan improvisada con la que se ha actuado. Ojalá se entienda que un país necesita una política exterior, necesita defender los intereses permanentes del Estado. ¿Acaso no se ve al Presidente de Chile agradeciendo a exautoridades, al expresidente Piñera, a la expresidenta Bachelet? Muestra así que es un triunfo de la institucionalidad democrática, no de un partido, no de un gobierno. Mientras nosotros no aprendamos a actuar así, no mejoraremos. Creo que esto es una oportunidad para que el actual Presidente reconozca y diga: “Hemos errado, hemos cometido estos errores, los vamos a rectificar, vamos a volver a tener un servicio exterior, vamos a actuar”.

Pero uno escucha hablar al Canciller, al Presidente del Senado… no se preocupan ni de leer lo que ha pasado en La Haya y repiten libretos de temas como que nos han reconocido los canales. La Corte ni siquiera reconoció la propiedad de los canales. Ha dicho: “Si ustedes están de acuerdo, es un acuerdo entre las partes, nosotros no podemos decir nada”. O sea, siguen tratando de demostrar que no ha sido una derrota.

—¿Y si se porfía en el enfoque?

—Lo racional es que reconozcan y que cambien, porque si uno no reconoce sus errores, no va a cambiar nunca. Tienen que ponerse la mano en el pecho y decir: “El país no puede seguir así”. Ya hemos perdido el mar, hemos perdido el Silala, vamos a perder el litio, vamos a perder el hidrógeno verde…

Las riquezas que tiene Bolivia y pueden sacarla del subdesarrollo las vamos a dilapidar. Ello porque no estamos actuando en función de los intereses del país, sino de intereses políticos e ideológicos. Es una pena, pero soy optimista, creo que hay una oportunidad de repensar el país.