Conozca al Moema juanderibaensis, el pez endémico de Santa Cruz que respira fuera del agua


Este pez cambia su forma para adaptarse y logra respirar de una manera que corresponde a otros animales

Fuente: eldeber.com.bo



Moema juanderibaensis es la especie de peces, de la familia rivulidos (Rivulidae), descubierta en Santa Cruz por el biólogo Heinz Arno Drawert, quien es investigador asociado del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado. Este pez tiene una característica muy especial: puede respirar fuera del agua por tres horas continuas, antes de volver al agua para alimentarse o refrescarse. Su estilo vida es anfibia. Esta especie es endémica de Santa Cruz.

El pez, que fue encontrado en Santa Rosa del Sara por Drawet, años atrás, llamó su atención, porque no era un tipo de pez que hubiera visto antes, siendo que desde los ocho años de edad es un apasionado por los peces.

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Desde que registró por vez primera al Moema juanderibaensis empezó a buscar información sobre este pez, pero no encontró nada en los libros. Sin embargo, pasaron varios años hasta que finalmente pudo investigar y estudiarlo formalmente.

De ese modo estableció que e Moema juanderibaensis mide entre cuatro y cinco centímetros; los machos son más grandes que las hembras, y también más vistosos.

Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert

Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert

Estos peces tienen un fondo de cuerpo verde grisáceo, con puntos azules, celestes, rojos o naranjas, asemejando líneas transversales. Tienen aletas agrandadas, estiradas y vistosas; también en la cola tienen lo que llaman una espada, una aleta alargada que resalta por su color, que puede ser rojo o amarillo. Entre tanto, las aletas son doradas, describe Drawert.

Recuerda que fue en 2018 cuando lo invitaron a ser investigador asociado del Museo de Historia Natural, oportunidad en la que podría estudiar, con toda la seriedad científica que corresponde, los peces que le habían llamado la atención años atrás. De manera que empezó el papeleo, preparó el proyecto de investigación que debía ser aprobado no solo por el Museo, sino también por el Ministerio de Medio Ambiente; corrieron las cartas para solicitar permisos, y el tiempo empezó a transcurrir. A finales de 2019, su proyecto fue aprobado.

El Moema es un pez muy inquieto, que salta bastante y es muy territorial. Drawert cuenta que cuando los estudiaba en una pecera -después de haberlos recolectado en Santa Rosa, donde inicialmente los había avistado- observó que los peces se salían de este recipiente. Por ello les bajó el nivel del agua, pero luego los encontró pegados en el vidrio. Al principio los volvió a meter al agua, pero luego se dio cuenta que ellos salían voluntariamente y que también se ubicaban sobre las plantas flotantes de la pecera, fuera del agua. Drawert siguió indagando y encontró que había información sobre rivulidos anfibios; la información era escasa y solo se refería a un género que se encuentra en Centroamérica y El Caribe.

Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert
Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert

El biólogo explica que estos peces cambian su forma de respirar; dejan de hacerlo a través de las branquias, que se cierran; es decir que los peces cambian su morfología, y empiezan a respirar a través de la piel, como lo hacen los anfibios: ranas, sapos y salamandras. Así tienen una adaptación para sobrevivir fuera del agua. Eso sí, necesitan buena humedad en el ambiente para que la piel no se les seque. Los peces normales, en pocos minutos fuera del agua, experimentan que las branquias se les secan, lo que para ellos tiene un desenlace fatal.

En 2020 la pandemia por Covid-19 y sus restricciones truncaron muchos planes, entre ellos el trabajo de campo de Drawert, que debía estudiar individuos adultos, los que solo se encuentran en época de lluvia, lo que significa entre enero y abril, máximo mayo de cada año. 

Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert
Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert

Pero el 2020 no fue un año perdido. Al igual que Drawert, muchos investigadores y científicos en todo el mundo estaban sin acceso a sus laboratorios y a sus ocupaciones ‘normales’, de manera que ese tiempo fue aprovechado para contactarse con sus pares en todo el mundo, conseguir más información, aprender a fotografiar peces vivos y en movimiento… y hacer todo el trabajo de escritorio. La pandemia dio a luz una red de trabajo colaborativo de científicos de diversos países, tanto sudamericanos como europeos, todos ellos con el respaldo de instituciones científicas, como el Museo de Historia Natural en Bolivia y la Kilifish Foundation en Argentina. Esto permitió no solo el intercambio de información y datos, sino la creación de proyectos conjuntos.

Llegó 2021 y Drawert colectó las muestras en Santa Rosa. Cuenta que él buscaba hacer algo diferente, ir más allá de las investigaciones clásicas, y se propuso hacer una descripción a partir de especímenes vivos. Ello le permitió ver que son peces activos, con un metabolismo acelerado, con una interacción intensa y que son territoriales. Crecen rápidamente y alcanzan la madurez sexual a las tres semanas de vida, cuando se reproducen.

Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert
Moema juanderibaensis/ Foto: Heinz Arno Drawert

Uno de los hallazgos sobre los rivulidos, a los que pertenece el Moema, es que estos peces ponen sus huevos y los entierran. El charco o curichi en el que viven puede secarse, pero los huevos se mantienen en latencia -hasta tres años, según comprobaciones científicas, y cuatro, según investigaciones recientes-. Estos huevos pueden sobrevivir a periodos de sequía. Los peces adultos pueden desaparecer, pero sus huevos se mantienen en un estado de latencia, y después de que nacen, el ciclo comienza una vez más.

Hace falta una buena lluvia para que los huevos “decidan” nacer. Los estudios científicos encontraron que, si los huevos son consumidos por aves, estos sobreviven en el tracto digestivo de las aves, que se vuelven en un “transporte” de estos huevos.

Drawert explica que los huevos enterrados no nacen necesariamente cuando hay lluvia, pero cuando lo hacen, aparecen en los siguientes dos a cinco días. Se desarrollan rápidamente, tanto que duplican su tamaño de un día al otro y, a las tres semanas, alcanzan su madurez sexual. Tienen una vida corta; en la naturaleza llegan a vivir entres dos y cinco meses. En acuario, con una dieta controlada, bajando la temperatura, alcanzan a vivir un poco más de un año. Sin embargo, al término de ese tiempo se “apagan”, describe Drawert, dejan de moverse y de comer, hasta morir.

Una vez realizado el trabajo de campo, un artículo científico debía ser escrito con la descripción de la especie, y así sucedió. Antes de ser publicado, el artículo debe ser revisado y aprobado. Otros científicos realizan una minuciosa revisión del artículo antes de darle el visto bueno, y ello toma meses. Finalmente, en noviembre de 2022 la publicación salió y con ella se oficializó la descripción del Moema para la ciencia. La revista científica Neotropical Ichthyology publicó la investigación de Drawert en 2022.

El científico continúa su labor investigativa y estudia la familia rivulidae en Bolivia. El objetivo es identificar la distribución en el país y tener una línea base de las especies que habitan en este territorio.