La Ciencia Política tiene respuestas para varios de estos problemas que se suscitan alrededor de la Representación Política, de sus partidos y su electorado o votantes. No tiene sentido hacer un análisis general, o enfocado en el tema jurídico, cuando hay un cuerpo teórico extenso alrededor de los conflictos entre los mismos partidos y sus representantes. El tema jurídico, absolutamente importante, lo voy a dejar aparte en este caso y me voy a enfocar en el “Conflicto entre un partido, su candidato y la llegada al ballotage, hasta declinar su candidatura”, esto en el marco de lo sucedido en la elección subnacional para gobernadores en La Paz y la renuncia de una fuerza política y su candidato.
La semana pasada, fue noticia la renuncia de una candidatura al ballotage –la de René Yahuasi–; pero, indagando más a fondo, era la renuncia de la fuerza política o del partido político NGP al ballotage para la elección del gobernador de La Paz. El candidato no renunciaba; quien declinaba esa candidatura era su partido.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Inicialmente, es necesario comprender que no todos los candidatos a las subnacionales van con su propio partido. Se ha hecho muy usual en Bolivia “alquilar un partido”, de manera análoga a quien alquila un disfraz. Esta es la primera vulnerabilidad a analizar, siendo fundamental diferenciar un partido institucionalizado de un partido vehículo (alquilador). El primer problema con alquilar una sigla es que la sigla y el candidato sean distantes en “ideas” o ideología. Esto sería como un matrimonio en el que el esposo es devoto y la mujer es atea. Así de difícil resulta esta unión cuando el candidato y el partido (alquilador) nunca llegan a entenderse. Para esto, un primer filtro que usualmente usan todos los partidos en la entrevista con su candidato es “conocerse mejor”, conocer la línea ideológica y las ideas alrededor de lo que harían juntos si se unen como “empresa”. Es positivo este primer pulso, para luego no tener que decir: “Tenemos que pactar, tenemos que negociar o tenemos que ir en contra de nuestros mismos principios” –porque justamente eso es politiquería, acordar sobre la marcha, no tener un eje de acción, no tener un norte, no tener una línea ideológica o no tener una línea programática dentro del mismo partido–. De existir discrepancias ya en plena carrera política, esos negociados que hay detrás de los partidos pueden favorecer solo a la élite partidaria, perjudicando a una ciudadanía –que no ha asimilado quien es quien en la contienda electoral–.
La segunda vuelta y el conflicto por la declinación de un partido han creado una tensión entre la estructura del partido y el candidato; esto lleva a hacernos preguntas como: ¿Puede el candidato actuar según su voluntad una vez que ha llegado a un ballotage? ¿Podría el partido anular su candidatura en caso de que no se cumpla lo acordado de parte del candidato?
Esta tensión entre partido y candidato, cuando el partido actúa como un vehículo electoral, es un caso de estudio para la “Democracia representativa” y la “Institucionalización de los partidos”. Hanna Pitkin en la Teoría de la Representación distingue Representación Descriptiva de Representación Sustantiva. En la representación sustantiva, el candidato actúa en favor de los intereses de sus representados y del partido –lo que han acordado como empresa–. Por lo tanto, cuando el candidato, una vez en carrera, se distancia del partido, estaría rompiendo el “mandato sustantivo”, que el partido esperaba que ejecutara, priorizando su propia agenda o la de un grupo de interés distinto.
Por otro lado, Bernard Manin, en Los principios del gobierno representativo, analiza la política centrada en el candidato y la transición de los “partidos de notables” a los “partidos de masas” y, posteriormente, la tendencia hacia la personalización de la política, donde el poder se desplaza del partido (como órgano deliberativo) hacia el candidato (como figura mediática). Asimismo, se critica que el candidato, al ganar visibilidad, siente que ya no necesita la disciplina partidaria.
También Giovanni Sartori se refiere a la función de “filtro”, en la que enfatiza que los partidos deben actuar como filtros que seleccionan candidatos alineados con una ideología. Cuando el partido falla en este filtrado o “alquila su sigla”, pierde su capacidad de control. Para Sartori, un sistema donde los candidatos son independientes de sus partidos tiende a la inestabilidad y a la fragmentación.
Desde la Teoría del Agente–Principal y el enfoque Institucional, también se puede hacer una analogía con la relación del partido y el candidato. Esta teoría proviene de la economía, pero se aplica ampliamente en la política. El partido es el “Principal” (quien delega el poder y la sigla) y el candidato es el “Agente”. Entonces, el conflicto ocurre debido a la asimetría de la información y la divergencia de intereses. Una vez que el Agente o candidato tiene el apoyo popular, el costo de desobedecer al Principal disminuye, produciendo lo que sería la pérdida de agencia. Por lo tanto, es útil establecer acuerdos formales o legales, para que ninguna de las partes incumpla el “Acuerdo” y se eviten situaciones similares a las ocurridas en La Paz.
Debemos lamentar que, en el caso de Bolivia, así como en varios países de América Latina, el sistema de partidos no esté institucionalizado. Si la institucionalización de los partidos sigue siendo objeto de debate incluso en democracias desarrolladas como las europeas, en América Latina apenas se ha avanzado. Por tanto, estos criterios pueden servir para diseñar nuevas leyes electorales o para reflexionar sobre lo que entendemos por democracias institucionalizadas.
Lorena Gutiérrez Marconi – Economista y Politóloga
