Tras 20 años de comulgar con el poder, dirigentes de la COB se atrincheran contra el Gobierno. Especialistas ven que intentó recuperar espacios perdidos tras la caida del MAS
Por Yolanda Mamani Cayo

Fuente: El Deber
Mario Argollo Mamani asumió la conducción de la Central Obrera Boliviana (COB) el 10 de octubre de 2025 con el discurso habitual de un dirigente sindical, que es defender a los trabajadores, fortalecer el ente matriz y recuperar protagonismo para el movimiento obrero. Siete meses después, el minero de Huanuni aparece retratado en un escenario radicalmente distinto. Tiene en su contra una orden de aprehensión, acusado por la Fiscalía de delitos como terrorismo e instigación pública a delinquir, y convertido en uno de los principales rostros de la crisis política que golpea al gobierno de Rodrigo Paz .
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El 11 de mayo, en El Alto, Argollo dejó de moverse únicamente en el terreno sindical y firmó un pacto político con Vicente Salazar, dirigente campesino y de los Poncho Rojo, y con el senador suplente Nilton Condori, de Unidad. El objetivo era explícito: forzar la caída del presidente. A ese frente se sumó Evo Morales con la movilización desde Caracollo hacia La Paz, consolidando una presión de múltiples actores que cercó la sede de Gobierno con bloqueos, protestas y violencia.
Ese día, un juzgado de Tarija declaró “rebelde” a Evo Morales porque no se presentó en el juicio que enfrenta por abuso sexual contra niñas.
Antes de desaparecer del espacio público, Argollo lanzó una consigna que lo ubicó definitivamente en otro registro. “El pedido único del pueblo movilizado es la renuncia del presidente”, afirmó.
Para el politólogo Carlos Cordero, el dirigente nunca logró desprenderse del modelo de la COB que heredó de Juan Carlos Huarachi, cuando el ente matriz sindical actuó más como aliado político del Movimiento Al Socialismo (MAS) que como representación autónoma de los trabajadores. Con el cambio de gobierno y la derrota del masismo, la COB perdió influencia institucional. Según esa lectura, Argollo no aceptó ese desplazamiento y optó por reconstruir poder desde la confrontación. “Argollo ha querido convertirse en un líder político más allá de ser el representante de la COB”, sostiene Cordero.
Pero su ascenso no puede explicarse solo por cálculo político. Argollo ya había probado músculo antes. Entre diciembre de 2025 y enero de este año encabezó protestas que obligaron al Gobierno a retroceder con el Decreto 5503, salvo en el punto referido a la subvención de carburantes. Esa victoria le devolvió centralidad y le permitió exhibirse como dirigente eficaz frente a sus bases y sus aliados políticos.
El segundo pulso fue más ambicioso. Desde el 1 de mayo elevó el conflicto con el argumento de que el Gobierno pretendía “privatizar” recursos naturales, educación y sectores estratégicos mediante diez leyes. El Ejecutivo negó esa versión, pero el discurso sirvió para cohesionar a sectores movilizados bajo una consigna del acortamiento del mandato del presidente Rodrigo Paz.
El politólogo Marcelo Arequipa introduce un matiz incómodo para el oficialismo. Argollo —dijo— no solo avanzó por iniciativa propia, sino también por errores del Gobierno. La emisión del Decreto 5503 y la gestión errática de los conflictos permitieron que la COB recuperara visibilidad en alianza con sectores radicalizados.
Pero a esa narrativa se sumó otra contradicción, porque mientras Argolló habló en nombre de trabajadores golpeados por la crisis, fue cuestionado por los ingresos que percibe del Estado, incluyendo renta por invalidez, bonos y otros pagos que sus críticos calculan en cifras superiores a los Bs 20.000 al mes. El dirigente rechazó esos números, pero tampoco reveló el monto de sus ingresos.
La Fiscalía respondió con una ofensiva judicial. La orden de aprehensión en su contra lo colocó en condición de prófugo mientras los bloqueos endurecían la presión sobre La Paz. El viernes 22 de mayo, Argollo rompió el silencio con un video difundido en redes sociales. Vestía polera de manga corta y casco minero. No ofreció ubicación. No aceptó preguntas. Solo habló “desde la clandestinidad”.
Dijo que no huyó, que no abandonó al país, que no se refugió en el Chapare. Acusó persecución política y cuestionó al presidente Paz por criminalizar a los dirigentes sociales. No habló de diálogo frente a la convocatoria que lazó el gobierno con todos los sectores.
Fuente: El Deber