La actividad minera, el desvío de sus fuentes y el cambio climático reduce los niveles de agua del mar Muerto.

Fuente: https://as.com/actualidad
La capacidad del mar Muerto, ubicado en la frontera entre Palestina, Israel y Jordania, se reduce cada año en 1,2 metros debido a la actividad humana y el cambio climático. En las últimas cinco décadas, su superficie se ha achicado un tercio, y aunque existen planes para conservarlo, las tensiones geopolíticas del lugar y la falta de urgencia dificultan la puesta en marcha de acciones.
Las causas son principalmente humanas. El caudal del río Jordán, principal fuente de agua del mar Muerto, se ha desplomado debido a las presas y desvíos construidos durante décadas para abastecer a ciudades, cultivos y explotaciones agrícolas de la región. También tiene protagonismo la intensa actividad minera de Israel y Jordania, que bombean agua del mar para extraer minerales como potasa y magnesio.
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Además, las sequias son cada vez más intensas y duraderas, y las lluvias, menos frecuentes. Aunque no hubiera desvíos de ríos ni actividad industrial, se cree que el cambio climático seguiría causando problemas en los niveles de agua del mar Muerto, según explica Yael Kiro, geoquímica del Instituto Weizmann de Ciencias.
“Cada año ganamos unos siete metros y medio de costa”, explica a la CNN Ben Zaken, director de la empresa Salty Landscapes, que ofrece paseos en barco por el mar Muerto.
El retroceso del agua está cambiando el paisaje. En las zonas cercanas al mar Muerto han comenzado a aparecer socavones, incluso en carreteras, provocados por la disolución de capas subterráneas de sal. Según el medio citado, existen más de 6.000 socavones alrededor del mar Muerto.
Una de las soluciones propuestas es restaurar el río Jordán, reduciendo su desvío y liberando más agua, “posiblemente utilizando aguas residuales tratadas”, indica la CNN. Sin embargo, algunos expertos ven inviable la operación, pues el agua se extraería antes de que llegase al mar Muerto. “Es imposible quitarle el agua a la gente a menos que se les proporcione una alternativa”, señala Hazim El-Naser, presidente del Foro del Agua de Medio Oriente y exministro de Agua de Jordania.