El mercado de la Laguna Alalay luce con la mayoría de sus puestos cerrados. La escasez extrema obliga a vender 25 mandarinas hasta en 60 bolivianos y cada plátano en 2 bolivianos, afectando también a las emblemáticas jugueras del mercado 27 de Mayo.
Fuente: Red Uno
Milen Saavedra
La escasez de alimentos en Cochabamba alcanzó un punto crítico que golpea directamente a la mesa y la nutrición de las familias. A causa de los persistentes bloqueos de carreteras que aíslan al departamento, los mercados locales se encuentran desabastecidos y los pocos productos disponibles registran precios exorbitantes. La crisis es especialmente evidente en el sector de las frutas, justo en la víspera del feriado de Corpus Christi, una festividad caracterizada tradicionalmente por el alto consumo de estos productos.
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En un recorrido realizado este miércoles por el Mercado de Frutas de la zona de la Laguna Alalay, se constató un panorama desolador: la gran mayoría de los puestos de venta permanecen cerrados y con los galpones completamente vacíos debido a que no ha ingresado mercadería en las últimas semanas. Los pocos comerciantes que abrieron sus negocios ofrecen apenas «lo que les queda» a precios nunca antes vistos.
Fruta de temporada a precio de lujo
La mandarina, una fruta de temporada que en condiciones normales debería abundar y costar alrededor de 15 bolivianos las 25 unidades, se ha convertido en un artículo de lujo. Actualmente, el paquete de 25 mandarinas se comercializa entre 50, 60 y hasta 70 bolivianos, dependiendo del tamaño, llegando a costar más de 2 bolivianos por unidad.
«Está súper, súper caro. No ha llegado ningún tipo de frutas, de ninguna variedad. Nada, solo la mandarina que está extremadamente cara. A 220 bolivianos el 100 por mayor nos han entregado. Cuatro mandarinas por 10 bolivianos nos queda vender, porque a otro precio ya no sale», lamentó una de las vendedoras del sector.
El plátano, un alimento que solía abundar en Cochabamba, corre la misma suerte. Tras más de dos semanas sin un ingreso regular, los comerciantes se ven obligados a traerlo por caminos alternos, elevando el costo del 100 de plátano hasta los 180 bolivianos. En el detalle, el precio de cada plátano se disparó a 2, 2.50 y hasta 3 bolivianos.
Otras variedades como la piña, la chirimoya y la manzana prácticamente han desaparecido. Las pocas papayas que llegan se venden entre 35 y 40 bolivianos la unidad. «Estamos en un problema sin solución. No hay acción de las autoridades y creo que estamos liberados a nuestra suerte», protestó un comprador mientras intentaba conseguir algo de fruta.
Negocios tradicionales en riesgo de quiebra
El desabastecimiento está generando un efecto dominó que golpea a las economías familiares de quienes transforman esta materia prima. En el Mercado 27 de Mayo, famoso por sus tradicionales jugos y ensaladas de frutas, las comerciantes reportan pérdidas millonarias y advierten que están al borde del cierre definitivo.
Las vivanderas relataron que acuden de madrugada al Mercado Campesino, pero regresan con las manos vacías. Además, denunciaron que la poca fruta que logran rescatar llega golpeada o dañada: de un lote de 100 mandarinas, al menos 30 suelen estar podridas debido al tiempo que pasan varadas en las carreteras.
Para no perder a su clientela, las trabajadoras han optado por estrategias desesperadas:
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Ensaladas de frutas: Mantienen el precio tradicional, pero se han visto obligadas a reducir notablemente la cantidad de las porciones.
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Jugos de papaya: El vaso se incrementó a 10 bolivianos, debido a que cada pieza de papaya bordea los 40 bolivianos.
«Nos va a durar esto para mañana o pasado más. Lo que hay vamos a vender, si no hay, ni modo, tendremos que cerrar», comentó consternada una de las afiliadas, remarcando que esta actividad es su única fuente de ingresos.
Un Corpus Christi con menor demanda
La llegada del feriado de Corpus Christi agrava la preocupación de las amas de casa. Aunque alimentos tradicionales de esta fecha como el maní (10 bolivianos la bolsa) y el rosquete (5 unidades por 10 bolivianos) mantienen estables sus precios, la disponibilidad en el mercado es mínima.
Ante los elevados costos de los cítricos y las frutas esenciales para la canasta familiar, la demanda de la población ha caído drásticamente. Las compradoras cochabambinas recorren los centros de abasto limitándose a adquirir únicamente lo indispensable para sobrevivir el día a día, mientras el departamento continúa sumido en la escasez.
