El analista financiero Rodrigo Regalsky advierte que el tipo de cambio oficial se ha convertido en una referencia sin respaldo real, mientras la escasez de divisas impulsa mercados alternativos y obliga a los bolivianos a buscar nuevas formas de proteger sus ahorros

Fuente: El Diario
Efrain Garcia del canal Youtube EDI TV BOLIVIA
El sistema cambiario boliviano atraviesa uno de sus momentos más delicados, para el analista financiero Rodrigo Regalsky, quien señala que el tipo de cambio oficial ha dejado de reflejar la realidad del mercado y se ha convertido en una referencia que ya no responde a la disponibilidad efectiva de dólares.
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Asegura que Bolivia vive una situación inédita, donde la escasez de divisas ha generado distintos mercados con precios diferentes para una misma moneda, mientras la población enfrenta crecientes dificultades para acceder a dólares en el sistema financiero.
Regalsky explica que la denominada «bolivianización», impulsada desde 2008 y fortalecida gracias al auge de los ingresos provenientes del gas y la minería, permitió durante años una abundante circulación de dólares en la economía nacional.
Sin embargo, ese escenario cambió radicalmente, pues esos recursos no fueron aprovechados para desarrollar sectores altamente productivos que generaran nuevas fuentes de divisas, dejando al país con una fuerte dependencia de reservas que hoy prácticamente se encuentran agotadas.
Para ilustrar el problema, comparó la economía con un gran tanque de agua que antes estaba lleno de dólares y abastecía a todo el sistema financiero. Actualmente, ese depósito estaría vacío, mientras los pequeños canales que alimentan a los bancos ya no alcanzan para satisfacer la demanda.
Como consecuencia, el dólar oficial permanece prácticamente inaccesible para la mayoría de la población y han surgido mecanismos paralelos para obtener la divisa.
El analista sostiene que hoy conviven tres mercados distintos: el oficial, el paralelo y el vinculado a plataformas digitales y criptomonedas, cada uno con una cotización diferente. Aunque algunos bancos todavía logran conseguir dólares mediante operaciones específicas, el acceso sigue siendo muy limitado y los billetes físicos adquieren un valor mayor debido a su escasez.
En este contexto, observa que muchas personas buscan alternativas fuera del sistema financiero tradicional y destaca que el crecimiento de plataformas internacionales que ofrecen inversiones en dólares con rendimientos cercanos al 8% anual, principalmente respaldadas por el mercado estadounidense. Algunas incluso avanzan en procesos de regulación para operar formalmente en Bolivia, aprovechando la falta de divisas en la banca nacional y el interés creciente de quienes buscan proteger sus ahorros.
Respecto al reciente reglamento relacionado con operaciones inmobiliarias y anticréticos, considera positivo que se intente transparentar las transacciones y reducir las distorsiones cambiarias, limitando diferencias excesivas respecto al tipo de cambio referencial. Sin embargo, advierte que mientras continúe existiendo un mercado paralelo activo, será muy difícil eliminar completamente esas diferencias de precio.
Regalsky también cuestiona el manejo económico del Gobierno. Señala que antes de intentar controlar el mercado cambiario debieron corregirse problemas estructurales como el déficit fiscal.
A su criterio, las decisiones económicas se han tomado de manera improvisada y muchas veces reaccionando a las circunstancias en lugar de planificar soluciones de largo plazo. Asimismo, considera que los prolongados conflictos sociales y los bloqueos registrados en el país agravaron aún más la crisis económica y terminaron afectando a toda la población.
Sobre las posibles fuentes de nuevos dólares, afirma que actualmente son insuficientes. Explica que la producción de litio aún no genera ingresos significativos, mientras que el sector de hidrocarburos continúa enfrentando limitaciones para recuperar su capacidad exportadora. A ello se suma el elevado costo de mantener la subvención a los combustibles, un gasto que continúa presionando las finanzas públicas.
Pese al complejo panorama, Regalsky mantiene una visión moderadamente optimista. Considera que la recuperación dependerá principalmente de la capacidad productiva de los propios bolivianos y de una menor intervención estatal en la economía. En su criterio, si se logra reactivar la producción, fortalecer las exportaciones y generar nuevas fuentes de ingreso de divisas, Bolivia podría comenzar a mostrar señales de recuperación hacia finales de año. Mientras tanto, advierte que el desafío más urgente sigue siendo restablecer la confianza y reconstruir las reservas de dólares que permitan estabilizar nuevamente el sistema financiero.
Fuente: El Diario
