El ministro de Defensa, Ernesto Justiniano Urenda, afirmó en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas que las organizaciones criminales transnacionales ya no representan únicamente un problema vinculado al tráfico ilícito, sino una amenaza capaz de debilitar las instituciones, infiltrar economías y desafiar la autoridad legítima de los Estados.

Bolivia advirtió que el crimen organizado transnacional dejó de ser únicamente un fenómeno asociado al tráfico ilícito para convertirse en una amenaza estratégica contra las instituciones democráticas, la soberanía y la estabilidad de los Estados. Durante su intervención en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA), el ministro de Defensa, Ernesto Justiniano Urenda, planteó fortalecer la cooperación hemisférica para enfrentar organizaciones criminales con capacidad de capturar instituciones, controlar territorios y desafiar la autoridad constitucional.
El planteamiento fue expuesto ante ministros y altas autoridades de Defensa del continente, reunidos en Cusco, Perú, para analizar estrategias conjuntas frente a los principales desafíos de seguridad que enfrenta la región, entre ellos el crimen organizado transnacional, la asistencia humanitaria y la respuesta coordinada ante desastres.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Justiniano sostuvo que las organizaciones criminales evolucionaron hasta convertirse en estructuras que no solo impulsan economías ilícitas, sino que también buscan debilitar el funcionamiento de los Estados mediante la corrupción, el lavado de activos, la violencia y la infiltración institucional.
«Entre esas amenazas, el crimen organizado transnacional ocupa hoy un lugar central. Ya no hablamos únicamente de organizaciones dedicadas al tráfico ilícito. Hablamos de estructuras capaces de capturar instituciones, controlar territorios, infiltrar economías, corromper autoridades, lavar activos, financiar violencia y desafiar abiertamente la autoridad constitucional», afirmó.
El ministro explicó que esta nueva realidad obliga a replantear las estrategias de seguridad y defensa, ya que combatir únicamente los efectos visibles del narcotráfico resulta insuficiente si no se actúa sobre las estructuras que sostienen las economías criminales.

«La droga es la manifestación visible del problema. La amenaza estructural es la organización criminal que financia, protege, moviliza, reinvierte y reproduce esa economía ilícita», señaló.
En ese contexto, propuso que los países del hemisferio fortalezcan la cooperación para desarticular las organizaciones criminales mediante acciones coordinadas orientadas a afectar sus fuentes de financiamiento, controlar el desvío de precursores químicos, recuperar activos ilícitos y consolidar instituciones capaces de responder de manera sostenida a estas amenazas.
«La respuesta no puede limitarse a incautaciones o resultados aislados. Debe orientarse a desarticular estructuras criminales, afectar sus finanzas, controlar precursores, recuperar activos ilícitos, fortalecer instituciones y cerrar espacios al crimen organizado», enfatizó.
Durante su intervención, la autoridad gubernamental advirtió además que cuando estas organizaciones recurren al terror y a la violencia sistemática para imponer su poder dejan de constituir únicamente un problema de seguridad pública y adquieren una dimensión estratégica para la defensa de los Estados democráticos.
«Cuando esas organizaciones recurren al terror, a la intimidación sistemática y a la violencia para imponer su poder, enfrentamos una amenaza que trasciende el ámbito de la seguridad pública y adquiere una dimensión estratégica para la defensa de nuestras democracias», manifestó.

El titular de Defensa señaló que Bolivia comparte esta reflexión a partir de su propia experiencia reciente frente a situaciones extraordinarias que afectaron el libre tránsito, el abastecimiento y el funcionamiento regular del Estado, destacando que la principal fortaleza de una democracia consiste en superar las crisis sin renunciar a la legalidad ni al Estado de derecho.
«La mayor victoria de una democracia no es solamente superar una amenaza; es impedir que esa amenaza quiebre sus instituciones o la obligue a renunciar a sus propios principios», expresó.
Por último, reafirmó que el carácter transnacional del crimen organizado exige fortalecer la cooperación entre los Estados, compartir inteligencia y experiencias, consolidar capacidades institucionales y desarrollar respuestas coordinadas que permitan proteger la democracia, la soberanía y la seguridad de los pueblos del continente.