León XIV en París reavivó la fe y esperanza por la vida y paz
La llegada del Papa León XIV a Francia en su visita pastoral del 25 al 28 de septiembre, despertó la esperanza, fe y vida de la humanidad mundial. Consideró que Francia es un “país diverso que siempre busca lo universal”, millares de personas con cánticos y muestras de amor y fe le dieron la bienvenida.
Discurso de Macron en el Eliseo con enfoque espiritual y global
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Enmanuel Macron, presidente de Francia en su discurso de bienvenida a León XIV en el Palacio del Eliseo, presentó a Francia como un país profundamente espiritual.
Una Francia imbuida de espiritualidad y siempre en busca de los universal, “Emancipada, comprometida con su propio proyecto de libertad, igualdad y fraternidad diversa y unida”, “comprometida, sensible” y amada por el fervor. La presentó además “con gran humildad, mucho honor e inmensa alegría”, como fuente de esperanza para aquellos desanimados “por el espectáculo de las miserias del mundo”.
El jefe de Estado mencionó los orígenes franceses del Papa y de los dos mil años de historia del cristianismo en el país, salpicados de catedrales, iglesias y monumentos, porque “crecer es crear”. En nombre de este legado se tomó la decisión, tras el “terrible incendio de la Catedral de Notre Dame, de reconstruirla, devolviéndole “no solo a los católicos, sino a todos los franceses e incluso, más allá, al mundo entero”.
El secularismo no es la negación de la religión y aunque hace poco más de 120 años la República decidió la separación entre Iglesia y Estado, dijo Macron. “No es en absoluto la negación de la religión, puesto que considera su deber permitir que cada persona, “según su conciencia, piense y exprese su punto de vista en todos los ámbitos de su existencia, crea o no crea, tanto en el ámbito privado como en el público, siempre que respete sus leyes”.
Más allá del silencio de las armas Macron destacó que ningún francés, “creyente o no creyente”, puede negarse a asumir un compromiso que el mismo asume, recordando que “la guerra hiere a nuestro continente” y que “las tensiones y los conflictos están resurgiendo por todas partes”.
Afirmó Macron, que la paz “es algo más que el silencio de las armas” porque presupone “justicia, seguridad, respeto por los derechos humanos. La soberanía de las naciones y el derecho de los pueblos a la determinación”.
Sobre la lucha contra toda injusticia, Macro expresó que el país, “defiende la paz, la acción multilateral, el respeto al derecho internacional” y a la Carta de las Naciones Unidas” manteniendo la “coherencia” y la consistencia”. Porque toda vida vale la pena y todos los pueblos deben ser defendidos”. En la lucha por la paz “inseparable por la lucha por la dignidad humana” y “contra la injustica”, los más vulnerables pagan el precio de la crisis y los conflictos huyendo de sus hogares. Muchos de esos rostros se encontrarán con la mirada del Papa en Maison Bakhita, agradeciendo a quienes se dedican a los demás. Agradeció a quienes se dedican a la educación.
En los desafíos de la inteligencia artificial señaló que las “perturbaciones tecnológicas de nuestra era corren el riesgo de generar fracturas antropológicas sin precedentes”, pero cifró la esperanza de que los seres humanos no se vean limitados por la tecnología digital, sino “liberados”. La inteligencia artificial multiplica las capacidades, pero sustituye la previsión por el juicio, el desempeño de la conciencia y conlleva la delegación de una parte de la libertad, haciendo referencia a la Encíclica Humanitas.
La inteligencia debe ser “una sirvienta, no una ama”, y la revolución digital debe “acompañar, no esclavizar”. De ahí el llamado a “la responsabilidad de no permitir que los modelos de mayor rendimiento caigan en manos de unos pocos” -que “podrían decidir por toda la humanidad” ni que un progreso “cada vez más exponencial” conduzca a una pérdida de control. También recordó que ya se propuso la creación de una organización internacional “que concilie el progreso tecnológico, la justicia y el humanismo”.
Referente a las cuestiones éticas Macron reafirmó como “país de diversidad”, tal como lo definió el historiador Fernand Brandel, Francia tiene “una pasión particular por el debate constante” centrándose en la ética. Insistió sobre el apego a la dignidad humana en la voluntad de escuchar y dialogar “con la Iglesia Católica como con todas las demás confesiones. Remarcó el presidente francés que esto resulta apropiado para una República que, fiel al humanismo y a su apego a la dignidad humana, “no teme a las conciencias libres” y se fortalece gracias al diálogo necesario entre las opciones” basando sus decisiones en la ciencia y velando por los más vulnerables.
Discurso del Papa León XIV en el Eliseo
El Papa León XIV el viernes 25 en su primer discurso en el Eliseo dijo que, la Guerra no es inevitable y Francia debe promover el diálogo.
Hizo un firme llamamiento a no permanecer indiferentes ante los “sufrimientos que hiere la dignidad humana” y claman justicia ante Dios”. Situaciones que exigen una “auténtica conversión del corazón, y un cambio de actitud” para construir juntos, “en el corazón del mundo”, “la civilización del amor”.
Las palabras del Papa se hacen eco de los rumbos de la guerra y de la agitación provocada por los conflictos en curso, y constituyen, por tanto, una exhortación al compromiso, sobre todo para un país como Francia que, afirma «tiene la vocación de ser incansable artífice de la paz y del multilateralismo, en particular en el seno de nuestra querida Europa”. Ojalá Francia, fiel a sus valores, trace el camino hacia una paz desarmada y ofrezca con responsabilidad su insustituible contribución.
El Papa ha destacado la restauración de la Catedral de Notre “Dame de París. “sinónimo de excelencia de diferentes ámbitos que se incendió en 2019, por ello agradeció al presidente Macron por el esfuerzo realizado”.
León XIV al repasar la historia de Francia, “tierra de ricas raíces cristianas” se detiene en la etapa del humanismo, “que buscaba reunificar la herencia grecorromana y la fe cristiana”, en el florecimiento de los grandes pensadores del renacimiento y, posteriormente, de la ilustración que abrieron el camino al “reconocimiento de los derechos del hombre, inherente a la naturaleza de la persona humana, en particular la libertad religiosa”, una atención que se refleja en el lema nacional: libertad, igualdad y fraternidad no son simples palabras grabadas en los frontones de nuestros edificios públicos, sino que remiten a exigencias éticas universales, que se encuentran también en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y realización.
El Pontífice expresó que para no perder nuestra humanidad en medio del paraíso de las máquinas que invade y condiciona nuestra vida cotidiana, es urgente fortalecer las mentes en un discernimiento ético, capaz de reconocer lo que es moralmente bueno. Esta exigencia es fundamental para reconocer el verdadero bien que hace crecer al hombre según su vocación primaria, en el respeto incondicional de su libertad interior y de su dignidad sagrada.
En lo concerniente a la protección de la vida el Papa León XIV recordó que, en una sociedad auténticamente libre, se protege la diversidad a través de un diálogo ético que enriquece el tejido social y las culturas religiosas están llamadas a convivir y aportar su contribución a la construcción de la sociedad. Afirmó que la diversidad y solidaridad son las dos vías por las que avanza el país transalpino, también gracias a la labor de la Iglesia Católica, “rostro vivo de la ternura y compasión de Dios”. Hizo un vibrante llamamiento al valor único e insustituible de cada ser humano, una invitación a la fraternidad para acoger la vida sin condiciones, acompañando cada etapa de la existencia y diferenciado a quienes no tienen voz.
El Obispo de Roma reiteró “con firmeza que la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano”.
En su discurso estuvo presente la ciencia al decir que a veces constato con preocupación las derivas actuales de las sociedades, que corren el riesgo de distorsionar la ciencia y la tecnología, transformándolas en empresas lucrativas que favorecen las manipulaciones genéticas, la maternidad subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada. Hizo un llamado al respeto mutuo y a la protección de la vida.
El Pontífice apela a un laicismo sano y justo y aprovechar como recurso educativo. Una laicidad justa no consiste, por tanto, en excluir la religión de la esfera pública o de la educación, sino en comprometerse a que el Estado y las instituciones religiosas cataloguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio del bien común, para que el mundo tenga vida.
El Papa expresó su vivo reconocimiento por la cooperación entre Francia y la Iglesia Católica al servicio de los cristianos de Oriente, y recuerda la labor educativa, cultural,
social y humanitarias de asociaciones como “Ayuda la Iglesia sufre” o (“Envre Orient”). Además, en el ámbito educativo, destaca la importancia del Fondo para las Escuelas de Oriente, un proyecto que desde 2021 ha prestado apoyo a más de 260 centros educativos en Oriente Medio, entre ellos 7 universidades del Líbano y la Universidad de Belén.
León XIV remarcó “una Iglesia que pretenda desatenderse de los asuntos temporales no cumpliría plenamente su vocación; y un presidente que pretenda desatenderse de la Iglesia y de los católicos incumpliría su deber”. Finalmente, expresó su deseo de paz, unidad y prosperidad para que el mundo tenga vida.
León XIV en la Plaza la Concordia invita a Francia a saciar su sed en Cristo y ser fuente de esperanza
El Sumo Pontífice en la Plaza de la Concordia el 26 de septiembre durante la Santa Misa celebrada ante 800.000 personas, centró su homilía invitando a los católicos de Francia a saciar su sed más profunda del corazón humano y a convertir la fe recibida en una fuente de esperanza para los demás. “El que tenga sed que venga aquí y beba” (Jn 7,37).
Invitó a redescubrir en Jesucristo la fuente capaz de saciar las aspiraciones más profundas del ser humano y animar a a los cristianos franceses a transitar la fe, la esperanza y la caridad allí donde existe el desánimo y la sequía espiritual.
Presentó a Jesucristo como aquel que sale al encuentro de cada ser humano y se considera como la verdadera fuente digna viva.
La sed interior revela que ninguna realidad creada puede satisfacer plenamente el corazón humano. Una sed que los bienes materiales no pueden apagar. Advirtió el Papa que después de conseguir objetivos, recompensas o satisfacciones personales, puede reaparecer un vacío interior que lleva a buscar nuevos placeres, posesiones o formas de entendimiento para evitar enfrentarse a esa inquietud profunda.
El Papa León XIV exhortó a los católicos franceses en uno de los lugares más emblemáticos del país, recordándoles la larga historia de santidad que ha marcado al país. Indicó “sacien también ustedes su sed en esta fuente, que el corazón de Jesús traspasado. Sí, tienen sed de Dios, de vida, de unidad, de paz, de comunión, de felicidad”.
Llamó a los franceses a redescubrir un horizonte luminoso y a reconstruir una nación renovada a través de sus raíces, comparando la fe con el agua que riega y hace fecunda la tierra. Recordó que la fe no puede quedar encerrada en el ámbito privado, sino que está llamado a desbordarse hacia los demás. Insistió “no guarden esta fe en Jesucristo solo para ustedes, exhortándoles a llevar esperanza allí “donde reinan el desánimo y la sequía espiritual”.
Desde Paris el Papa elevó una oración por las familias, los jóvenes y los cristianos para que “el agua viva del Espíritu Santo se derrame sobre todo Francia”. De manera particular se dirigió a las familias, reconociendo las dificultades que afrontan diariamente y agradeciéndoles el bien que realizan.
A los jóvenes el Obispo de Roma les destacó su entusiasmo, dinamismo, compromiso y alegría dentro de las comunidades cristianas. Su presencia. Afirmó, constituye una expresión correcta de la vitalidad de la Iglesia. A los catecúmenos y neófitos que recorren el camino de la reconversión y de la iniciación cristiana los animó a dar testimonio de la experiencia de fe. Pidió que el Espíritu Santo los transforme en “testigos vivos” capaces de difundir a su alrededor la “civilización del amor”.
La homilía concluyó con la mirada puesta en la Virgen María “fuente de salvación” y aquella que conduce la vida de los creyentes hacia su Hijo, fuente de toda gracia. Con su “sí” libre y confiado, Ella se convirtió en el humilde receptáculo querido por Dios, en el que el amor del Padre se encarnó para entregarse al mundo”.
El Papa León XIV invitó a invocarla con confianza para que por su intercesión, surjan “manantiales de agua viva» en el seno del Pueblo de Dios y para que en toda Francia florezcan nuevos brotes de esperanza y caridad”.
El Papa León XIV en Lourdes
El Sumo Pontífice a su arribo al Santuario de la Virgen de Lourdes el 26 de septiembre, se arrodilló a los pies de la gruta, allí donde Bernadette Soubirous vio por primera vez a una “dama de blanco” en 1858. Bebió una vaso de agua del manantial respondiendo así al llamado de la Virgen a Bernadette: “Ve a beber la fuente y lávate allí”. El Papa al igual que los millones de fieles se convirtió desde sus primeros momentos en Lourdes, en un “peregrino entre los peregrinos».
En una súplica con raíces de oración universal, el Papa León XIV pidió que la virgen protegiera al pueblo de su país anfitrión e iluminara a sus dirigentes, rogando a María que obtuviera “dirigentes sabios y generosos y dispuestos al sacrificio personal, capaces de enfrentar los retos y deseos de servir al bien común.
León XIV expresó su deseo que la Virgen ilumine a autoridades y dirigentes francesas para que “la mantenga en paz en el concierto de las naciones. “Que hagan oír su voz para promover la defensa de los derechos humanos fundamentales, así como la paz en el mundo, rechazando para siempre la lógica de la guerra”. También pidió que las oraciones que se elevan ante la gruta puedan “renovar la fe y el fervor de las familias cristianas”. Tuvieron palabras especiales las personas enfermas que sufren y que vienen a Lourdes para buscar fuerza y sanación.
La conclusión en el Santuario de Lourdes terminó con un gesto de devoción reservados a los Sumos Pontífices la entrega de una Rosa de Oro como ofrenda a la Virgen María.
El Papa León XIV en la Misa en Lourdes
El Sumo Pontífice en la Santa Misa de 27 de septiembre en la pradera del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, tras saludar de manera especial a los peregrinos de todas las provincias y diócesis de Francia, destacando que “hoy pisan el suelo de esta tierra bendita que ha recibido tantas gracias”, les pidió que “lleven el consuelo de Lourdes a sus vecinos, a sus seres queridos y a todo el pueblo francés”.
La liturgia del domingo “se relaciona con un aspecto central del mensaje que la Virgen María vino a confiar a Santa Bernardita: una llamada a la conversión, a la vez tierna y apremiante”, resaltó León XIV, quien agregó que, en el Evangelio, “Jesús dirige una mirada de verdad y profunda tristeza hacia los corazones cerrados: “y ustedes no se arrepienten” (Mt 21,32).
Se preguntó ¿Por qué está herida en el corazón de Cristo? “¿por qué Dios no quiere la perdición de sus hijos? El Pontífice explicó que, por esta razón, los llamados a la penitencia resuenan en las sagradas escrituras y atraviesan toda la predicación del Evangelio a lo largo de los siglos, y “adquieren una gravedad salvífica para manifestar su urgencia y necesidad: es hoy -y no mañana-cuando hay que convertirse; ahora es tiempo favorable, el día de la salvación”.
El Papa indicó que convertirse significa “abandonar los senderos del extravío para seguir el camino de la vida, abriendo así nuestro corazón a la única alegría que nunca se acaba”, y que “Jesús mismo no se anda con rodeos cuando exhorta a la penitencia”, pero “amplía el horizonte de la vida terrenal al de la vida eterna”.
Remarcó el Sumo Pontífice que la vid eterna es una promesa firme y segura. “Te lo prometo”. Sí y segura que el Señor nos hace”, “ya no las ha alcanzado con su muerte en la Cruz y la resurrección, y ya la hace cada día en nosotros, por la gracia del bautismo”., y que “está a nuestro alcance, pero a nosotros corresponde acogerla libremente, aferrarnos a ella y no ponerles obstáculos”.
El recordatorio del Papa León XIV de nuestra Madre acerca del deber que tenemos el deber de oración y conversión nos llena de una gran esperanza, pues ella no es otra que el asociarnos a la “Pasión de Cristo”. A los “queridos enfermos”, a quienes les dijo que “tienen la posibilidad de vivir sus penas y sus dolores en este espíritu de ofrenda para entrar en ese proceso redentor que tanto necesita el mundo”.; y, “en este sentido, están verdaderamente en el corazón de la Iglesia y su papel es insustituible”.
Subrayó que, impulsados por la oración de los enfermos y el amor de nuestra Madre, caminen con la confianza hacia el futuro. No teman las tormentas del mundo: La Santa Madre de Dios por su caminar, protege a la Iglesia con su manto de ternura y, como estrella radiante, guía sus pasos para darles la luz, en la alegría, a la vida misma de su Hijo Jesús, concluyó el Papa.
El Papa León XIV en Lourdes escuchó y rezó con las víctimas de abusos. Les agradeció su doloroso testimonio y reiteró su compromiso para que el mal sufrido no se repita en otros. Les expresó su cercanía y, a través de ellos, hacia quienes han sufrido y siguen sufriendo por las heridas de los abusos recibidos. También el Sumo Pontífice encabezó el Santo Rosario y la procesión de antorchas en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.
El Papa consideró conmovedor “ver al pueblo fiel, de generación en generación, responder con amor y esperanza a la tierna invitación de la Virgen María”, escucharlos entonar himnos de fervor y fe, y caminar con sus velas encendidas hacia su Madre del Cielo. Asimismo, llamó a preservar en el camino en el que María nos precede, y acudir con confianza hacia Ella, que nos conduce hacia Dios que es el vencedor.
El Papa León XIV en Metz
El Sumo Pontífice en el último día de su viaje apostólico llegó a Metz y en el encuentro interreligioso en el Centro de Congresos Robert Schuman con los representantes de los distintos cultos presentes, se dio lectura al documento que expresa la voluntad de trabajar conjuntamente por la paz, la fraternidad y la reconciliación, ante el mundo marcado por los conflictos, las divisiones y las profundas transformaciones sociales y tecnológicas.
El documento plantea una responsabilidad particular de las comunidades religiosas: educar para el diálogo, favorecer el conocimiento mutuo entre las distintas tradiciones y permanecen unidas en la defensa de la dignidad de cada persona, y formar a las nuevas generaciones en el conocimiento recíproco y trabajar juntos para la justicia y la paz.
El Papa León XIV con una alegría, pero también con un vivo sentimiento de responsabilidad espiritual, expresó me encuentro hoy entre ustedes en Metz, ciudad de fronteras y de encrucijadas. Defendió el diálogo interreligioso como expresión de identidad, como una dimensión que no debilita las propias convicciones, sino que permite expresarlas desde la apertura a quien es diferente.
El Papa agradeció la presencia de representantes religiosos y volvió a confiarles una misión común, no se trata solamente de encontrarse a dialogar, sino de convertir ese diálogo en una contribución concreta a la paz y fraternidad. Las comunidades religiosas presentes en Francia, han querido expresar públicamente su disposición a trabajar juntas ante las heridas de la historia, las divisiones sociales y las nuevas formas de violencia, El llamamiento supone transmitir a las nuevas generaciones una cultura de paz, basada en el respeto, la justicia, la confianza y el reconocimiento de la identidad del otro.
León XIV concluyó su intervención invitando a los presentes a asumir esta tarea allí donde viven, que podamos ser nosotros también, allí donde vivamos ser artesanos de paz y testigos de una esperanza que no cese de crecer en nuestro mundo.
El Papa León XIV lanzó una frase para el mundo: “Que el amor de Dios te abrace, te conceda fortaleza en los momentos difíciles, paz para tu corazón y confianza para seguir adelante con fe”.
Pedro Gareca Perales
