La basura vuelve al mercado y abre una nueva cadena de valor


Una botella que termina en un contenedor puede alimentar otra cadena productiva. Recicladores, empresas y organizaciones muestran que detrás de lo que se desecha existe una economía que genera valor.

La basura vuelve al mercado y  abre una nueva cadena de valor

Trabajo. Los recolectores de base recuperan materiales descartados y los devuelven al circuito productivo, donde se convierten de nuevo en materia prima./Foto: Ricardo Montero

Fuente: El Deber



Por César del Castillo

 

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Tiene más de 60 años, viste pollera, sombrero y un chaleco que la identifica como EcoWarmi. En una calle de La Paz acerca un rastrillo a un contenedor y busca entre aquello que otros desecharon. Aparece una botella de plástico. Después, cartón, aluminio o vidrio. Para quien los arrojó allí son basura. Para ella aún tienen valor.

Las EcoWarmis son mujeres aymaras que recorren las calles paceñas recuperando materiales reutilizables y luego los seleccionan en sus hogares. También van puerta a puerta, a casas y oficinas, para pedir que los residuos sean separados. El trabajo, retratado en un video difundido por ONU Mujeres, permite mirar desde abajo una actividad que mueve materiales, genera ingresos y alimenta una cadena que comienza precisamente donde otra parece terminar.

La basura también tiene una economía

El dato permite dimensionarla. Según información del INE Bolivia generó en 2023 alrededor de 1,6 millones de toneladas de residuos; 1,4 millones fueron domiciliarios. Cerca del 25% correspondía a plásticos, papel, cartón, vidrio y metales.

Una botella PET muestra el recorrido. Después del consumo pierde utilidad para quien la compró, pero no necesariamente su valor. Puede ser recogida, separada, acopiada y reincorporada como materia prima. Cambia de manos y de precio. El final del producto se convierte en el comienzo de otro circuito económico.

Noelia Mollinedo, directora ejecutiva de la Fundación Creamos Juntos, explica que la recuperación de residuos dejó de ser una acción aislada para convertirse en un sistema que articula empresas, municipios y recicladores de base. Según los datos presentados por la fundación, un estudio realizado en 2024 identificó más de 50.000 toneladas de PET puestas en el mercado por la industria.

El salto de escala es significativo. Mollinedo señala que el proyecto con el que trabajan pasó de recuperar unas 3.000 toneladas de residuos en 2022 a 90.000 toneladas en 2025. La red acompaña a más de 1.500 recicladores de base y mantiene convenios con más de 38 municipios. Las 90.000 toneladas corresponden al conjunto de residuos recuperados y no exclusivamente a botellas.

Detrás de esas toneladas hay personas. Mollinedo describe a muchas recicladoras como mujeres que sostienen sus hogares y tienen entre tres y cuatro hijos. Ellas separan y recuperan lo que hogares y empresas descartan para devolverlo al circuito productivo.

La ecuación revela una paradoja: el residuo puede no valer nada para quien lo desecha, ser ingreso para quien lo recoge y materia prima para quien lo transforma. La economía circular impide que ese valor desaparezca antes de tiempo.

Pero la lógica no termina en una botella

En la industria alimentaria también existen productos que conservan condiciones de consumo pero se convierten en excedentes para una empresa. Allí aparece otro circuito. Nicole Guerrero, cofundadora del Banco de Alimentos Bolivia, explica que la organización articula alrededor de 50 empresas de alimentos, además de supermercados, agricultores, comerciantes y otros aliados.

Una compañía puede donar determinado producto un mes y otra hacerlo después. A la vez, se recuperan frutas, verduras y hortalizas de mercados. La suma permite armar canastas variadas y, sobre todo, mantener una provisión constante. El Banco de Alimentos se ocupa de la trazabilidad, el acompañamiento a las poblaciones beneficiarias y las condiciones para el consumo de los productos.

La red llega, según Guerrero, a alrededor de 40.000 personas. En uno de los casos expuestos, una empresa acumuló casi 375.000 kilos donados al Banco de Alimentos a lo largo de varios años. Más que el nombre de la compañía, la cifra muestra la dimensión que puede alcanzar un excedente cuando existe un mecanismo para evitar que pierda todo su valor.

En ambos circuitos ocurre lo mismo: una botella vacía puede transformarse en materia prima y un alimento fuera del circuito comercial conservar su valor.

En medio, organizaciones conectan el excedente con quien todavía puede aprovecharlo.

La responsabilidad empresarial tampoco termina necesariamente con la venta. Recuperar materiales exige mirar qué ocurre después del consumo y cuánto puede volver a utilizarse. En los alimentos, Guerrero añade otra condición: continuidad y confianza. La articulación permite combinar excedentes, mantener frecuencia y ofrecer a las empresas un canal organizado.

La botella que una EcoWarmi extrae de un contenedor parece pequeña frente a 90.000 toneladas de residuos. Sin embargo, explica toda la cadena. Alguien la compró, alguien la desechó, otra persona la recuperó y otra podrá transformarla. En cada paso hay trabajo y valor.

La pregunta, entonces, no es solamente cuánta basura produce Bolivia. Es cuánto valor económico entierra junto con ella. Porque aquello que para unos sobra puede convertirse, unos metros o varios eslabones después, en ingreso, alimento o materia prima. La economía de lo que sobra empieza cuando alguien decide que todavía no es basura.