Leny Chuquimia / La Paz Entre funcionarios y autoridades de Gobierno muchas veces se llegó a creer que Rodolfo Illanes era quien detentaba «el verdadero poder por la confianza que en él depositaba el presidente Evo Morales para los asuntos legales. Sin embargo, más allá de esa faceta está el hombre de familia, intelectual, folklorista y docente que cumplió 58 años la semana pasada.»En algún momento se llegó a pensar que el viceministro era como el verdadero poder tras el trono, porque todo el día el vivía en el Palacio y acompañaba al Presidente en todo. Él no firmaba nada si es que no venía de las manos de Rodo o por lo menos si no le había dado el okey, asevera con cariño el ministro de Trabajo, Gonzalo Trigoso.Abogado por más de 25 años, «Rodito, como le dicen sus compañeros, era un hombre minucioso y perfeccionista. Para él no importaba el horario para trabajar. «Los documentos que revisaba debían estar impecables en contenido y forma , dicen.Con un afán de ampliar sus conocimientos, Illanes estudiaba y leía todo lo que podía. Casi siempre su escritorio parecía una biblioteca en la que se podía encontrar de todo.»En su oficina, aquí en el Palacio, cuando era coordinador con entidades gubernamentales, ha debido tener como 350 libros. De estos por lo menos 200 estaban sobre su escritorio, recuerda Trigoso con admiración.Cada uno estaba subrayado y tenía pequeñas hojas con anotaciones. «Ahí podías encontrar de todo, desde historia hasta antropología o derecho penal.Sin duda la lectura era una de sus pasiones. En cada viaje que hacía, su maleta llegaba con algún ejemplar nuevo que le llamaba la atención.»Cariñoso y «bonachón son otros de los términos con los que los recuerdan las autoridades. Para él siempre hubo tiempo para dar una llamada a sus colegas y recomendarles sobre algún asunto legal o simplemente saludarlos y «saber cómo estaban las cosas en casa.»Hay algo que comentaba con los compañeros, es que Rodito nunca nos había pedido ningún favor, pero él siempre nos los hacía sin que se los pidamos. Tampoco le gustaba que le agradezcamos porque para él era lo que se debía hacer, comenta Trigoso sin evitar una sonrisa.Como docente, sus alumnos dan fe de su dedicación. «Él no era el de los que regalaba notas, «no exigía nada que no hubiera enseñado, «era muy dedicado a la enseñanza, son las frases con los que sus alumnos lo definen.Algo que pocos conocen es que él tenía una vida personal y social muy rica y estaba muy ligado al folklore. Le gustaba bailar en comparsas y fraternidades. Era el «achachi moreno pasante de fiestas y lo hacía en familia.»Trabajando en un misterio ¿de dónde sacaba el tiempo? Las pocas veces que visité al presidente en la residencia, Rodo siempre estaba con él; desde el amanecer hasta el anochecer, con su maletín lleno de libros y documentos. Ése era el doctor Illanes, sostiene su amigo Gonzalo Trigoso.