Los Ayatollah…

cayetano-5 Entre paréntesis….

Cayetano Llobet T.

Son muchos millones, en Irán, los que quieren progreso. Hosein Musavi, que ha comunicado que está listo para el martirio, es sólo la cabeza visible de las multitudes que todos los días salen a las calles a enfrentar a las unidades antidisturbios y a los grupos de choque del régimen. Sólo piden reformas. Quieren un Irán más moderno, así de sencillo. Exigen que la gente se exprese en un voto libre, transparente y sin la piedra de sospecha de un enorme fraude.

Al mundo, y especialmente a las sociedades ignorantes, se les vendió la falsa mercancía de un régimen revolucionario en Irán. Cuando Mahmud Ahmadinejad llegó a América Latina, sus nuevos amigos, Hugo Chávez y Evo Morales, lo presentaron como uno de los símbolos mundiales de la revolución, ¡ésa era la razón de su fraternal amistad!  Asombrosamente, comenzando por el propio Evo, presumieron que se trataba de un régimen de izquierda, de orientación social y de visión progresista.  Tenían que hacerlo, porque en ellos, en estos personajes de la nueva política “bolivariana”, hay mucho de Ayatollah.

Filosóficamente, son primarios. Como todo régimen teocrático, no hay otra verdad que la que Dios expresa a través de sus portavoces, es decir, a través del régimen. Ultraconservadores y reaccionarios. No hay nada que se pueda discutir y menos las ideas de progreso. El trato a la mujer es denigrante y temas como el de la homosexualidad merecen el infierno. Pero políticamente son implacables, porque cualquier oposición, cualquier disidencia es maldita.

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Son regímenes  -los de los Ayatollah-  incapaces de mirar hacia adelante. Una de sus características  -no biológica, sino ideológica-, es que tienen los ojos en la nuca. Siempre nos están contando lo que fue y la necesidad de volver a aquellas raíces, a aquellas fuentes, de las que surgieron supuestas grandes culturas y que fueron desvirtuadas y atropelladas por  invasores coloniales. No es raro que se rodeen de imágenes y símbolos que pretenden ser la demostración del rescate de lo originario.

Y siempre hay un enemigo externo culpable de lo que pasa. Para el líder supremo iraní, Alí Jamenei, detrás de las manifestaciones populares están los ingleses, Estados Unidos y, ¡como no!, el opositor Musavi se convierte en un instrumento de la CIA … ¿No les suena familiar la cancioncita?

Porque son regímenes que siempre necesitan de un enemigo. No es difícil para la historia iraní encontrar los antecedentes suficientes para la satanización de Estados Unidos, menos después de todos los méritos que han acumulado los gringos para ser satanizados. No es raro que los Ayatollah, en versión criolla y específicamente latinoamericana, estén buscando permanentemente un enemigo. Si  alguien, con paciencia y ganas de perder tiempo, escuchó los discursos de la última reunión del ALBA, pudo comprobarlo: están repletos de enemigos y todas sus referencias son de pasado, ninguna de futuro. No es raro que el Ayatollah más mencionado y respetado en la reunión, sea Fidel Castro.

Porque, además, nadie puede discutir su liderazgo. Mussolini era un enviado de los césares para reimplantar el imperio romano. Y cuando se escucha a Chávez hay que asumir que el mismísimo Simón Bolívar le entregó su espada antes de morir, y Evo resulta una suerte de reencarnación de Manco Kápac… ¿qué otra razón para que Orinoca, su lugar de nacimiento, sea monumento nacional? Se consideran intocables, invulnerables y eternos. Hasta que aparece un Musavi y millones se rebelan.

Hay que seguir lo de Irán… ¡se aprende un montón!