A los rebeldes nada; a los aliados todo

El festejar a lo grande el Bicentenario de la Revolución del 16 de julio de 1809 corresponde, sin duda alguna, a la magnitud de este hecho histórico. No es algo que ocurra todos los días y las instituciones paceñas hacen bien en dar el realce que merece este acontecimiento.

image Evo Morales con sus aliados, el Prefecto Pablo Ramos y el Alcalde Juan Del Granado, participa de todos los festejos del Bicentenario.

Donde la cosa comienza a mostrar un sesgo preocupante es cuando el gobierno central muestra un grado de interés que no mostró cuando el pasado 25 de mayo, se recordó en Sucre el Bicentenario del Primer grito Libertario de América.

En esa oportunidad, el presidente no solo se negó a dar el realce correspondiente a los festejos sino, por el contrario, se dio a la ingrata tarea de restarles brillo en una actitud mezquina que no corresponde a un gobernante que debiera representar a todos los bolivianos por igual. 

Al parecer Morales se está encargando de hacer pagar a Sucre la insolencia de haber pretendido que se escuche su demanda de capitalidad y de haber votado en su contra en los referendos revocatorio y constituyente.

Los entredichos que mantiene con las autoridades chuquisaqueñas, la prefecta  Savina Cuellar, la alcaldesa Ayde Nava y los líderes cívicos, lo llevaron a trasladar los festejos a la localidad de Padilla, una población que nada tuvo que ver con el levantamiento encabezado por los hermanos Zudañez.

Ahora como las autoridades del departamento de La Paz, Prefecto y Alcalde, son sus aliados, Evo está presidiendo todos los actos programados para realzar este nuevo aniversario de la gesta paceña y entrega obras a diestra y siniestra como no lo hizo en el caso de Chuquisaca.

El mensaje no podía ser más claro: aquellas regiones que lo respalden tendrán todo el apoyo del gobierno en obras y recursos. Aquellas que no lo hagan serán bloqueadas en su gestión y pagarán cara su osadía.

La vengativa visión del presidente incluye además una muy sui generis versión de la historia en la que según su criterio solo merecen figurar los indígenas y el resto, es decir los criollos y mestizos, deben ser marginados de los homenajes a la gesta libertaria.

Es evidente que los conocimientos de Evo sobre la historia son muy discutibles, pero lo menos que se le puede pedir en su condición de gobernante nacional es que tenga una visión ecuánime en el trato a las regiones y que no aliente criterios segregacionistas como se advierte en el trato desigual que de su parte brinda a Sucre y La Paz, a propósito de esta celebración.

Al presidente Morales le tiene sin cuidado herir el sentimiento de las regiones que se sienten relegadas de la atención del gobierno. Es más, su intención es dejar en claro que los que lo apoyan tendrán derecho a todo y los que no lo hagan, ni a las migajas y esta actitud es indigna en un mandatario elegido por el voto popular.