A poco más de un mes de las elecciones generales previstas para el próximo 6 de diciembre, es posible afirmar que la campaña electoral que vive actualmente el país es la peor de todos los comicios celebrados en Bolivia en más de 20 años de democracia ininterrumpida.
La mediocridad y trivialidad de los mensajes que se difunden en la propaganda electoral, la ausencia de alternativas políticas sólidas, la incoherencia de la mayoría de los binomios y la improvisación de las formulas y planchas de candidatos, entre otros muchos elementos que resultaría imposible de enumerar, configuran uno de los escenarios electorales más insubstanciales que nos ha tocado vivir en este último tiempo.
El oficialismo tiene claros sus objetivos. Las próximas elecciones generales tienen para el Movimiento al Socialismo una connotación plebiscitaria, tal y como sucedió con los referendos revocatorio, primero, y constitucional, después. El Gobierno no busca otra cosa más que reafirmarse y fortalecerse para ingresar a la nueva fase de aplicación de su proyecto político: la puesta en vigencia del texto constitucional aprobado en las urnas en enero de este año.
Las agrupaciones de oposición, en cambio, continúan embarcadas en una carrera electoral sin brújula ni metas claras; una carrera en la que su único propósito parece ser el de disputarse entre sí los votos que no son afines al Gobierno.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Triste situación para una gran mayoría de los electores y para la ciudadanía en su conjunto, que tendrá que acudir a las urnas para emitir su voto a base de consignas electoreras y no a propuestas ni proyectos de país. Estamos, pues, ante unos comicios generales en los que la gente, por decirlo más claramente, será obligada a votar a ciegas.