El presidente Obama y su reelección


Marcelo Ostria Trigo

MarceloOstriaTrigo_thumb1 Ya es un hecho: el presidente de EEUU, Barack Obama, va a buscar la reelección para un nuevo periodo (2013-2017). Las elecciones serán en noviembre de 2012, es decir, en poco más de un año. Pero el camino para lograrlo no se le presenta muy llano a Obama, pues le ha tocado una época particularmente difícil.

Lo que más inquieta a los estadounidenses es que la tasa de desempleo se elevó, por la crisis, del 4,6% en 2008 al 9,7% en agosto de 2011, aumentando el malestar, que se refleja, según una reciente encuesta, en el hecho de que “más del 60% de los consultados desaprueba la forma en que el presidente está manejando la economía”. Como resultado, “más de dos tercios de los que votaron por Obama ahora dicen que la situación está mal” y que “las políticas económicas del Gobierno ocasionan que la economía empeore en lugar de mejorar” (Jennifer Rubin. Washington Post, 06/09/2011).



A lo anterior se añade que los republicanos ven un público receptivo a su mensaje: “Las políticas del presidente han fracasado”. Pero “nada de esto significa que los republicanos tienen la elección en el bolsillo”, dice Rubin. El candidato que sea nominado –añade– “aún tendrá que probar que es una mejor alternativa…”.

¿Qué puede esperar América Latina en el caso de que sea reelegido el presidente Obama? ¿Y qué podría cambiar si un republicano gana las próximas elecciones?

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La política exterior de Washington no ha variado en la última década. Nuestra región, por las guerras en Irak y Afganistán y por la llamada ‘primavera del Magreb’, sigue siendo, para la diplomacia estadounidense, una baja prioridad. Esto explicaría el creciente desinterés de los gobernantes estadounidenses por sus vecinos del sur, aunque soporten agresiones verbales y acusaciones del radicalizado Gobierno del presidente Hugo Chávez Frías, secundado por sus aliados de la ALBA, que se quedaron, al parecer, en intrascendentes escaramuzas diplomáticas.

Un profesor universitario estadounidense, en una conferencia dictada en Bolivia hace más de un año, decía que la pasividad de EEUU ante las ofensas de Chávez se debe también a que Venezuela no es una amenaza para la seguridad de su país y que, por ello, esperarán pacientemente que los ‘bolivarianos’ sigan cometiendo errores, se desgasten y, a la larga, pierdan el poder. No mencionó, sin embargo, que el comercio bilateral no ha variado: Venezuela sigue exportando su petróleo a EEUU, porque –así se dice– no tendría otro mercado para su producto, si no es refinado en las plantas especiales ubicadas en Estados Unidos.

Por otra parte, a los políticos estadounidenses les preocupa la presencia y la influencia en América Latina del Irán de los ayatolás, país acusado de estar tras la fabricación de armas nucleares. Y, para aumentar esa preocupación, algunos gobiernos insisten en apoyar a la moribunda dictadura de Muamar al Gadafi.

Viendo el deterioro de la influencia de EEUU en la región, los republicanos objetan la inacción del presidente Obama, así como su excesiva tolerancia ante actitudes francamente antiestadounidenses. Un Gobierno republicano –se afirma– no sería tan contemplativo. Esto, para bien o para mal…

Por ahora, no hay claras ventajas entre demócratas y republicanos. En los debates y propuestas de los candidatos, en la prioridad que se dé a los asuntos políticos globales, como la solución o, por lo menos, la atenuación de la crisis económica, se podrá percibir si habrá un cambio en las relaciones de Washington con América Latina.

El Deber – Santa Cruz