Cristina arrasó con el 53,8% y consiguió así la reelección

Amplió su marca de las primarias de agosto. Y aventajó al principal candidato de la oposición, el gobernador Hermes Binner, por más de 36 puntos. El kirchnerismo recuperó el control del Congreso. La previsibilidad del resultado no atenúa en modo alguno su contundencia. Cristina Kirchner obtuvo su reelección con el registro más alto desde el regreso de la democracia, con más del 53,8 por ciento de los votos. La Presidenta amplió su marca de las primarias de agosto y logró superar la elección de Raúl Alfonsín en 1983. Se hizo así un lugar entre los principales registros históricos de Juan Domingo Perón, tres veces presidente de la Argentina. Con su reelección, Cristina obtiene además un tercer mandato consecutivo para el kirchnerismo, una posibilidad que aparecía lejana apenas un año atrás y que hasta ahora había sido negada a una misma fuerza política en la democracia moderna. Esa continuidad muestra un único antecedente en el primer tramo del siglo XX con la sucesión -a lo largo de 14 años- entre los radicales Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. Será además la primera vez que esta secuencia la protagonice el peronismo.

Esta larga introducción no dice sino que asistimos en la Argentina a un hecho electoral histórico. Con esta certeza, la Presidenta habló ayer pasadas las 21.30 en la sede que levantó el kirchnerismo en un hotel de San Telmo: “El paso por la Casa Rosada es temporal y circunstancial”, dijo entre lo más saliente de su mensaje, marcado por el recuerdo de la figura de Néstor Kirchner y por la promesa de cumplir con lo que llamó “el legado histórico”. Desde allí se trasladó a la Plaza de Mayo, donde la esperaba desde el cierre del comicio una multitud. La foto de Cristina allí es el testimonio gráfico de su reelección. Al término de un largo calendario electoral que consagró a las expresiones del oficialismo de cualquier signo en todos los distritos, la victoria de Cristina Kirchner conforma la más formidable concentración de poder desde la recuperación democrática. El kirchnerismo recupera a partir del diciembre próximo la mayoría en la cámara de Diputados -con la asistencia de peronistas aliados- y consigue consolidarla en el Senado, donde suma una banca y accede al quórum. Esto le garantiza el control pleno del Congreso, que había cedido en la elección de mitad de término de 2009.

El oficialismo consigue también asegurarse la administración de 20 de las 24 provincias después de los triunfos de sus representantes en los nueve distritos que elegían gobernador, entre los que sobresalen el de Daniel Scioli en Buenos Aires –sacó casi el 57 por ciento de los votos– y el del kirchnerista Francisco Pérez, en su duelo con el radical Roberto Iglesisas en Mendoza. En el escenario nacional, apenas la Ciudad de Buenos Aires -donde ayer se impuso la candidatura de la Presidenta– Santa Fe, San Luis y Corrientes tienen signo opositor. Con una brecha de más de 36 puntos entre el oficialismo y su principal fuerza perseguidora, la elección presidencial naturaliza la noción del peronismo como partido de poder en la Argentina. Pero una vez más resulta esquiva a la hora de definir un claro liderazgo opositor. Por esto mismo, el comportamiento electoral de las fuerzas de la oposición –entre la que prevalecieron las opciones con un discurso menos confrontativo– implica de algún modo otro triunfo del kirchnerismo.



El gobernador de Santa Fe y candidato por el Frente Amplio Progresista, Hermes Binner, consiguió mejorar su marca de las primarias de agosto pasado y saltó al segundo lugar con el 17 por ciento de los votos. Al frente de una alianza algo heterogénea con la que buscó liderar el lote opositor, Binner desplazó al tercer lugar respecto de las primarias al radical Ricardo Alfonsín, del sello Unión para el Desarrollo Social, que sin embargo mantuvo los 13 puntos obtenidos en agosto. En el cuarto lugar, Alberto Rodríguez Saá, gobernador de San Luis y candidato por Compromiso Federal, aparece con el 7 por ciento como la primera de las alternativas de opositoras de raíz peronista. Un registro casi idéntico al que logró en las primarias. El ex presidente peronista Eduardo Duhalde y la diputada Elisa Carrió -quinto y séptima- muestran un fuerte retroceso con relación a su participación en las primarias. Duhalde apenas si alcanzó la mitad de los votos de la interna abierta y su mujer, Chiche, perdió la banca en el senado a manos de la fuerza de Binner. Carrió llegó última y vio licuarse el 23% que la ubicó segunda lugar en la ahora lejana presidencial de 2007. Son dos de los grandes derrotados de la elección.

Entre ellos se ubicó Jorge Altamira, una opción testimonial, candidato del Partido Obrero. La ratificación de Cristina marca el fin de la experiencia del peronismo federal, un conglomerado algo difuso formado en la oposición a Kirchner. Aunque asimiladas otra vez al peronismo en el poder, esas expresiones probablemente buscarán un destino en el proceso de sucesión de la Presidenta que, como en todo último mandato, ya echó a andar.

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Fuente: CNN.

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