Poderoso Putin y los hijos de Putin

Álvaro Riveros Tejada

Riveros Según la influyente revista Forbes, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, saltó al primer lugar de la lista de los hombres más poderosos del planeta de 2013, superando por primera vez al mandatario de los Estados Unidos Barack Obama.

Dicho poder dimanaría de su autocrático manejo del gobierno, que ejerce con la discrecionalidad de un Zar; de su incalculable fortuna amasada durante sus años de gobierno; y ante todo, de su manejo de los servicios de espionaje e inteligencia de Rusia desde el año 1975, cuando fue reclutado por la KGB, después de graduarse de abogado, organismo que dirigió hasta 1999, cuando fue designado primer ministro. En los comicios de 2012 compitió y ganó la Presidencia por seis años, hasta el 2018, pudiendo volver a aspirar por otros seis, hasta el año 2024. Habida cuenta que su país produce 10,6 millones de barriles de petróleo al día y controla el mayor arsenal nuclear del mundo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que tenemos a este gran Putin para rato.

Su habilidad en el manejo de los temas de inteligencia y contrainteligencia ha sido demostrada en la brillante utilización que hizo de los problemas del Magreb y la primavera árabe, constituyéndose en el árbitro de las diferentes contiendas y único ganador en el conflicto sirio donde, usando su poder de veto en la ONU, repuso para su país el papel de potencia mundial, que ostentó hasta el fin de la guerra fría.

La fuga de los EE.UU. del agente de la CIA Edward Snowden fue providencial, ya que al llevárselo a Rusia y convertirlo en muñeco de ventrílocuo, obtuvo fácilmente su propósito de horadar peligrosamente las relaciones de los EE.UU. con sus más estrechos aliados de Europa y América, mediante declaraciones del espía infidente, hábilmente inventadas y prefabricadas, con regularidad cotidiana.

En este curioso manejo de alta política de inteligencia y contrainteligencia, Bolivia no quedó al margen y se la está convirtiendo en la punta de lanza de los intereses de Rusia en la región andina, desde el ámbito de la defensa, con intercambios de misiones militares y ventas de armamento, y en el campo de la energía, aceptando la ofensiva lanzada por los gigantes rusos de los hidrocarburos.

La intención boliviana de adquirir armamento ruso fue manifestada por S.E. cuando a principios de julio pasado se reunió con Putin en Moscú, y en una carta publicada en "La Razón", por el embajador ruso, Alexéi Sonzónov, donde señala: “Bolivia es un país pacifista, pero necesita armas y equipo militar para fortalecer la defensa de su territorio". A raíz de ello una misión militar visitó La Paz para concretar ese interés y una delegación de militares bolivianos viajará en breve a Moscú para concretar la compra incluyendo, además de helicópteros, un sistema de misiles tierra-aire tipo Iglá-S, capaces de derribar un F-16 con sólo 13 segundos de activación, lo que puede trastocar peligrosamente el equilibrio de defensa andino. No estaría de más que la compra incluya un carro bombero para Riberalta, con lo cual dotaríamos de más poder a Putin, aunque pondríamos en inminente riesgo a los hijos de Putin.