El ministro, el celular, el presidente y su amante

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La telenovela del tráfico de influencias no parece tener fin. El nuevo capítulo podría titularse “El ministro, el celular, el presidente y su amante”, recordando la película del genial director británico Peter Greenaway (“El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante”).

Ahora, el ministro Juan Ramón Quintana parece tomarle el pelo a todo un país, aseverando que el celular desde el cual supuestamente habría cruzado ardorosos chats con la amante o novia del presidente, Gabriela Zapata, fue extraviado en diciembre.

Adiós hormonas amazónicas y pilotajes en lancha ajena. Con esto el ministro pretende evaporar una de las principales pruebas de sus vínculos con Zapata, aunque lo que en realidad se esté evaporando sean los últimos restos de su credibilidad.

El asunto se complica si recordamos que Quintana había entregado otro celular a la Fiscalía, acción en la que se puede deducir un propósito de falsedad y obstrucción sancionable penalmente.

Pero lo más importante de todo es la insistencia del presidente Evo Morales en conservar a Quintana en su cargo, el ministerio más importante del gabinete, con lo cual se refuerza la tesis de que el funcionario no era otra cosa que un intermediario (algo hormonal) del “Jefazo” con su pareja para el tema de los mega-contratos.

Hace casi un mes el abogado de Zapata, Eduardo León, había afirmado que los audios y mensajes también demostraban el contacto de la ex gerente de Camc con el primer mandatario hasta diciembre, aunque posteriormente la defensa haya concentrado baterías en Quintana, en un posible intento de instalar una negociación o al menos un consenso tácito con el presidente.

De manera que los celulares de la corrupción aún podrían guardar muchos secretos…

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