Decenas de miles de polacos salen a la calle en Varsovia contra la deriva autoritaria del Gobierno

Unas 240.000 personas, según el Ayuntamiento, claman contra la medidas del Ejecutivo ultraconservador del PiS

 Protestas en Polonia

“La democracia está en riesgo, estamos ante un Gobierno controlador que se cree en posesión de la verdad y que quiere imponer su moral”, critica Sebastian Now, contable de 42 años, con su bebé de diez meses, Olga, en un brazo y una bandera de la UE en el otro. Desde que llegó al poder, el pasado octubre, el Gobierno nacionalista y euroescéptico de Ley y Justicia (PiS, en sus siglas en polaco), presidido por Beata Szydlo pero dirigido políticamente por Jaroslaw Kaczyniski —el líder del partido—, ha emprendido una serie de reformas para ampliar la vigilancia en Internet, controlar los medios de comunicación para limpiarlos de periodistas críticos, recortar los derechos civiles y bloquear el Tribunal Constitucional; medidas que le han costado un toque de atención de las instituciones comunitarias. “Esto me recuerda demasiado a la época comunista. Si siguen así van a colocar a Polonia en los márgenes de Europa”, añade preocupado Now.

La masiva manifestación de este sábado —la séptima desde la victoria por mayoría absoluta del PiS y la mayor desde la caída del comunismo, según la oposición— es sólo una muestra más de la época de turbulencias políticas que afronta Polonia, que han despertado un cada vez más amplio movimiento de contestación social. Con una oposición fragmentada y débil, ha sido el Comité de Defensa de la Democracia (KOD), una plataforma cívica nacida en Internet, el que ha sabido canalizar el descontento y la preocupación de la población y sacarla a la calle, explica Lukasz Lipinski, director del laboratorio de ideas Polityka Insight.

Y las movilizaciones convocadas por el KOD, que en un principio congregaban sólo a unos cientos de personas, en su mayoría mayores de 45 o 50 años que vivieron en una Polonia comunista, han ido tomando fuerza y sumando también a muchos jóvenes, descontentos con la política y muy alejados de los partidos tradicionales.

El KOD, liderado por Mateusz Kijowski, un informático autónomo de 47 años con pinta de hipster —coleta, barba, pendiente y gafas de pasta— y muy activo en las redes sociales, huye de las etiquetas políticas. “Somos un movimiento ciudadano que animamos a los partidos políticos a trabajar juntos para ser más efectivos contra un Gobierno que está desmantelando el sistema democrático”, afirma Kijowski, que se ha convertido en la cara más visible de la oposición a Kaczyniski y al PiS. El líder nacionalista –primer ministro del país entre 2006 y 2007— ha acusado al Comité de actuar en nombre de “fuerzas extranjeras” y de querer convertir a Polonia en “una especie de colonia”.

Bajo el paraguas del KOD acaba de nacer una coalición para enfrentarse a Ley y Justicia, que ha unido a siete partidos de la oposición, desde el neoliberal Nowoczesna (N) a la Alianza Socialdemócrata (SLD). Una coalición a la que, sin embargo, no se ha sumado oficialmente el mayor partido de la oposición, la Plataforma Cívica (PO), el partido del ex primer ministro y hoy presidente del Consejo Europeo Donald Tusk.

Pero este sábado, todos ellos, incluidos el expresidente Bronislaw Komorowski, del PO, y el líder de ese partido, Grzegorz Schetyna, han marchado juntos en la festiva y pacífica manifestación de Varsovia —que ha tenido su contraparte nacionalista, en la que han participado unos cientos de personas—, que tenía como lema ‘Somos y seremos Europa’.

Kaczyniski, pese a las cifras de participación, ha restado valor a la protesta. “No me preocupa”, ha dicho en un chat con internautas transmitido por la televisión pública. “Las protestas se deben al descontento por el resultado electoral. Hay que aceptar que en una democracia el poder puede cambiar de manos”, ha añadido el líder del PiS, que ha recalcado que el Estado de Derecho no corre ningún riesgo en Polonia.

Pese a las reformas, el Gobierno del PiS sigue conservado un fuerte apoyo popular

“No confío en los políticos, pero está claro que si no salimos a la calle para defender todo lo que se ha conseguido en democracia vamos a perderlo”, afirma Agnieszca Lewicki, de 25 años. “Van a destrozar el sistema educativo, están recortando los derechos de las minorías y de las mujeres, quieren prohibir completamente el aborto, por ejemplo, y están apartando a todo aquél que se muestra crítico”, añade esta estudiante de doctorado en Biología.

Pero pese a las reformas y al toque de atención de la UE, el Gobierno del PiS sigue conservado un fuerte apoyo popular —un 33%, sólo algo menor que su resultado electoral de octubre— y Kaczyniski sigue siendo un político muy popular. “La sociedad polaca está completamente polarizada”, incide el analista Krzysztof Bobiński, presidente del laboratorio de ideas pro-europeo Unia & Polska, que también cree que el país está viviendo las movilizaciones sociales “libres” más importantes desde la llegada de la democracia.

Una polarización alimentada por las desigualdades sociales que la democracia no ha erradicado. “El KOD es la voz de sólo una parte de la población. Polonia sigue siendo un país con una amplia población rural, que apoya tradicionalmente al PiS y que es un electorado muy fiel”, abunda Tomasz Sobierajski, profesor de Sociología de la Universidad de Varsovia. También, insiste, es un país donde una gran parte de la población no llega a fin de mes –“Yo mismo, que soy profesor en una de las mejores universidades del país, gano 450 euros al mes y ya sé que mi pensión será de 80– considera ajenas las medidas del Gobierno sobre el Tribunal Constitucional o los medios de comunicación. “Muchas de esas personas ven a los afines al KOD como privilegiados de clase media y alta o intelectuales que se preocupan más por las ideas que por la política más práctica”, sigue.

Eso es precisamente lo que piensa Kristor Morton, de 36 años, técnico ambiental metido a taxista. “Este Gobierno está defendiendo por fin a Polonia dentro de la Unión Europea y haciendo escuchar nuestra voz. A nosotros no nos gobierna Bruselas ni Alemania”, asegura. Mientras escucha música tecno a todo volumen en el vehículo que conduce desde hace ocho años, cuenta que votó al PiS no sólo por ese discurso nacionalista o por las promesas de aprobar una nueva ley de transporte que ponga coto a los taxis piratas y a modelos como Uber, también por su retórica contra la contra la emigración.

Fuente: elpais.com

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