Incertidumbre por el ‘efecto Trump’, desconfianza en el liberalismo económico, auge de los nacionalismos de ultraderecha… estas son las claves que manejan los analistas.
El factor Trump
«La llegada al poder de Donald Trump y su agresiva forma de hacer política se materializará en una paulatina, pero evidente, tendencia al proteccionismo comercial y al auge del nacionalismo económico, donde podemos esperar nuevas batallas comerciales que esperemos no se conviertan en una auténtica guerra», expresa el economista Jose Moisés Martín Carretero en un artículo publicado en el diario español ’20 minutos’.En el texto también advierte, con cierta amargura, que «no podremos esperar tampoco muchos progresos en el ámbito de la cooperación internacional, habida cuenta de que Estados Unidos, segundo emisor del planeta, ha propuesto como director de su agencia medioambiental a un negacionista del cambio climático». Martín Carretero también prevé unas difíciles relaciones entre Washington y la Organización de las Naciones Unidas, que podrían complicar varios asuntos de la agenda económica mundial, y todo lo relacionado con el desarrollo sostenible y las políticas medioambientales.
El escenario europeo
El mediocre futuro económico de la Unión Europea es también un lugar común entre los analistas. El citado Martín Carretero recuerda que Europa «se enfrentará a las elecciones presidenciales francesas y a las elecciones legislativas en Alemania con un importante auge de la extrema derecha nacionalista, al tiempo que debe concretarse la activación del proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea», y advierte que «el cambio de ciclo político puede suponer una nueva erosión en la capacidad de la Comisión Europea para ordenar la gestión económica de la eurozona».El propio Pierre Moscovici, Comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea, reconocía que el crecimiento económico de la eurozona para el próximo año sería «modesto«. Ocho años después de la Gran Recesión, las constantes vitales de la economía europea son frágiles y desiguales: el crecimiento efectivamente será modesta, de apenas el 1,5% en 2017, y vendrá acompañado de una deuda y una cifra de paro aún muy elevadas. Mientras tanto, antiguos problemas persisten: Grecia sigue asfixiada, y su problema ha dejado de ser una prioridad para la eurozona, que no está en las mejores condiciones -ni en la mejor actitud política- para ofrecer solidaridad.
Expectativas resignadas
No abunda, desde luego, el optimismo entre los analistas. La nota dominante es la incertidumbre y cierta resignación. De nuevo, Martin carretero resume bien las impresiones generales: «nos espera un año de fuertes turbulencias, donde el elemento clave será la gestión política que se realice desde los centros de poder internacional como Washington, Pekín o Berlín. Son malos tiempos para el multilateralismo; veremos qué nos aporta el auge del nacionalismo económico y la erosión del orden económico liberal. De momento, no parece que vaya a traer nada bueno, pero la historia nunca está escrita de antemano».
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