Nada cabe esperar de los hombres que entran a la vida política con el afán de medrar a costa de la dignidad humana es el caso de Evo Morales que amenaza con cercar Bolivia para medir fuerzas con la población que reclama respeto a su derecho de elegir y en una demostración de odio racista hacen que sus acólitos olviden que también son parte de esta familia boliviana a la que vienen golpeando sin piedad durante 14 años y hoy con valentía, fe y dignidad se revela ante la impostura y la soberbia.
No sorprende la hipocresía del carácter gobernante demostrado en la infinidad de mentiras y violaciones a la Constitución Política del Estado en desmedro del “futuro seguro” prometido, pero sí, como ciudadana y madre despreciaría a esos hombres que otrora representaban la dignidad y seguridad del pueblo boliviano en su investidura militar, si arremeten contra su pueblo y empuñan sus armas en contra de sus hijos. De acuerdo a la Constitución Política del Estado en su art. 244 tienen por misión defender la seguridad y estabilidad del Estado, el honor y la soberanía del país, segurar el imperio de la constitución es el mandato que le otorgó el pueblo boliviano y ninguna ley o decreto los obliga a subordinar su integridad y compromiso con la patria para manchar su conciencia con la sangre de sus hijos.
En este compromiso con la libertad los bolivianos han volcado la fé en el espíritu cívico y patriótico de la policía nacional al ser una institución de carácter público y cumpla con su rol preventivo y de auxilio a la población que busca la verdad.
En este contexto la institución policial de acuerdo al mandato constitucional, tendría la obligación de desobedecer toda orden que vaya en contra de la integridad y la vida.
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Es tan doloroso pasar del timón al remo, como salir del escenario para ocupar una butaca, aunque esta sea en primera fila. Los políticos hoy, son los grandes perdedores cuando el pueblo boliviano demuestra que éstos no tuvieron la talla moral y espiritual para inspirar la unidad que se logró a través de un joven que entendió que “un gran líder no necesariamente es quien hace grandes cosas. Es la persona que logra que otros las hagan”.
Lavive Yañez Simón (ex diputada)
