Los sobrevivientes al evismo pagan sus apuestas pasadas

Las nuevas elecciones han encontrado a los partidos que se opusieron al MAS casi vacíos, sin estructuras y con el reto de las urnas a la vuelta de la esquina. Al viejo oficialismo le pasa lo mismo. La figura del expresidente era lo que unía ambos bloques

Una nueva carrera electoral ha comenzado en Bolivia y la primera certidumbre que arrojan los diversos estudios de opinión es que esto no se resolverá el 3 de mayo, sino que inauguraremos el instrumento de la segunda vuelta para elegir presidente en Bolivia. La desaparición de la figura de Evo Morales de la papeleta electoral plurinacional -por Constitución, acción directa ciudadana a través del voto, movilización popular y pérdida del control de las fuerzas que monopolizan las armas- dan a la futura elección un aire nuevo y casi impensado hace apenas unos meses. Esa brisa es respirada hoy con cierta incertidumbre por el electorado, que se hizo adicto a la polarización, a elegir entre Evo y alguien más.

Hoy, sin la figura hegemónica del hombre que monopolizó la política por 14 años en Bolivia, los amores y odios parecen dispersarse y, en lugar de celebrar la futura diversidad de credos y visiones con la que se deberá convivir desde junio, cuando el nuevo Gobierno se instale, los unos y los otros se aprestan a pagar sus apuestas perdidas en el pasado.

De uno u otro lado, el factor unificador de la política nacional fue Evo Morales. Durante cuatro elecciones y dos refrendos (el revocatorio y el del 21-F), los actores políticos se jugaron todas sus fichas a su favor y en su contra. Su figura sobrevolará esta elección, pero ya no podrá reproducir poder de forma directa: cuando todo termine, ya no será quien mande. Esa es la segunda certeza

Sin sistema de partidos

Si la llegada al poder de Evo fue la constatación de que el viejo sistema de partidos se había derrumbado en 2003, su salida del Gobierno ha sido la confirmación de que, en 14 años, no se pudo recuperar y es muy complicado avizorar un futuro promisorio para ellos. Carlos Mesa, el único candidato que tal vez logró que Evo Morales no ganara en primera vuelta, lo hizo más con estrategia (voto útil) que con estructura, programa e ideología.

Hoy, Chi Hyun Chung, un postulante que tiene votos pero no partido, dice con orgullo que sobran siglas y faltan candidatos. Eso quizás sea el mejor retrato de lo vacías que están las siglas que sobrevivieron al evismo, una sentencia de la que ni siquiera el Movimiento Al Socialismo se salva, ya que da muestras de que con una sola votación (para aceptar o rechazar en la Asamblea la carta de renuncia de Evo), puede romperse en varios fragmentos.

De hecho, tanto el MAS como la decena de partidos habilitados para el 3 de mayo adolecen del mimo mal: falta de vida orgánica. Al Movimiento Al Socialismo no le hizo falta hacer partido para convertirse en hegemónico. Su líder prefería sustituir la estructura partidaria por la sindical, con la idea de tener solo un instrumento político, poco más que una personería jurídica para participar de elecciones.

Del otro lado, los sobrevivientes del viejo sistema se han dedicado a no morirse o incluso a resucitar (el caso reciente de Acción Democrática Nacionalista o la salvada del Movimiento Nacionalista Revolucionario por la anulación de las elecciones de octubre); mientras que los de nueva creación se han quedado en estructuras casi familiares (Frente Para la Victoria), o sectoriales (Pan-Bol), les ha costado trascender lo regional (MDS, Sol.bo, MTS) o han invertido en generar partido y militancia sin cosechar los resultados esperados (UN). Durante el evismo quedó claro que las siglas de oposición no jugaban en la liga nacional, sino que la preferencia del electorado se enfilaba detrás de una figura (Tuto, Manfred, Samuel, Mesa), sin importar el nombre o el apellido de la tienda política. Eso daba como resultado que la alianza se partiera en la primera semana de Congreso.

Antes del 3 de mayo seremos testigos de un rapidísimo reacomodo y la conformación de semillas de partidos aspirantes a formar un sistema. Los próximos cinco años dirán si germinan o se quedan bajo tierra. Sin embargo, todos pagarán sus apuestas perdidas del pasado: el MAS sufrirá por su falta de renovación y tendrá que redefinir su estrategia (de momento, conseguir el tercio para evitar juicios de responsabilidades). Los antiguos opositores buscan los moldes con los que se corta y costura el poder.

A una semana del anuncio de la fecha de las elecciones, las opciones que buscan el voto conservador se apilan una sobre otra, mientras que el centro y la izquierda se mantienen como espacios unitarios (Mesa y el MAS). Aún se habla de frente amplio, pero la idea dominante en la cabeza de los estrategas de los que fueron opositores es que basta con ser segundo el 3 de mayo para llegar primeros en la segunda vuelta de junio. ¿Los acuerdos de gobernabilidad? Para después, como en la democracia pactada.

Fuente: eldeber.com.bo